Salvando España con Federico Jiménez Losantos.

Otros países se salvan solos, pero el nuestro vive permanentemente acosado por dos fuerzas cuyo fin es destruirlo: los nacionalistas y la izquierda. Una realidad que acarrea que, mientras los profesionales de la prensa extranjera pueden dedicarse tranquilamente a informar, muchos de los nuestros carguen sobre sus hombros la responsabilidad de salvar España. Salvarla de los nacionalistas y la izquierda y también de aquellos líderes de la derecha cuya indolencia deja el país a merced de sus enemigos. Tal sucede con Federico Jiménez Losantos.

Federico escribió Lo que queda de España en 1979. Desde entonces viene profetizando la ruptura del país. Si uno graba sus intervenciones radiofónicas y las escucha al revés, encuentra en ellas un único espectral mensaje: Se roooooompee Espaaaaaañaaa.

Te meto con el micrófono y no lo cuentas.

Te meto con el micrófono y no lo cuentas.

Un temor y un temblor que se alargó durante los interminables años del felipismo y que se transformó en un estado de calma vigilante durante los gobiernos de Aznar. Luego vinieron el 11M y Zapatero a llenar las grietas de la nación de cartuchos de goma-2 ECO.

El hecho luctuoso le pilló al frente de los micrófonos de la emisora de la Conferencia Episcopal. Dirigía la santa casa el cardenal Rouco, que coincidía con Federico tanto en el temor por el desguace de España como en el diagnóstico de que la única forma de mantenerla entera es que gobierne la derecha per secula seculorum. Temor y diagnóstico en los que también coincidía el equipo del Partido Popular recién desalojado del poder.

Tiempos en los que Rouco, Federico y Acebes consensuaban un plan de derribo amplificado desde los micrófonos de la COPE. Tiempos de las grandes concentraciones de familias cristianas contra Zapatero, víctimas del terrorismo contra Zapatero, españoles de bien contra el Estatut de Catalunya de Zapatero y, en general, de cualquier grupo humano, espiritual o animal susceptible de ser utilizado para socavar el gobierno del PSOE.

La piedra filosofal del ataque fue el atentado del 11M. Federico se preguntó a quién beneficiaba y se respondió, pertinentemente, que a Zapatero. Eso explicaba la urgencia y la disposición del PSOE a imponer la tesis del atentado islamista, conclusión apresurada que pretendía relacionar la explosión de los trenes con el apoyo del gobierno de Aznar a la guerra de Iraq. Pero ya advirtió el mismo Aznar que los autores del atentado no se encontraban en montañas muy lejanas. Hilo del que tiró Federico para descubrir una conspiración de Al-Qaeda, ETA, los servicios secretos españoles, los servicios secretos franceses, los servicios secretos marroquís y la policía de Rubalcaba con el fin de llevar al poder al inútil de Zapatero.

Para reforzar la idea, recurrió al recordatorio histórico de la mano del historietista Pío Moa. Don Pío defendía y defiende que la guerra civil comenzó con la huelga general que organizó el PSOE en el 34 -de la que ya hablamos un poco aquí-, lo que viene a demostrar la genética golpista y antidemocrática del partido y su predisposición a tomar el poder por la fuerza.

El amo de las marionetas.

El amo de las marionetas.

Federico se convirtió en el guía espiritual de la derecha española y amplificó su influencia mediática desarrollando Libertad Digital, empresa participada amablemente por la caja B del Partido Popular y administrada por el feliz poseedor de una tarjeta black de Caja Madrid, Alberto Recarte.

Pero llegaron las elecciones de 2008. Y volvió a ganar Zapatero. Rajoy afrontó el resultado largándose a México, y Esperanza Aguirre maniobró para hacerse con la presidencia del partido. En el empeño de salvar España, Federico se puso del lado de la Lideresa y comenzó una furiosa campaña contra el maricomplejines de Rajoy.

Aguirre, como acostumbra a hacer, se echó a atrás en el último momento y, también como acostumbra a hacer, dejó a sus valedores a los pies de los caballos. Rajoy obtuvo el respaldo mayoritario en el congreso de Bulgaria, capital Valencia, y dio un giro a su estrategia de comunicación después de que cuatro años de matraca incendiaria no le dieran la victoria. Que eso acompasara con vengarse de quienes pretendían derribarle fue sólo un efecto indeseado.

A Federico lo echaron de la COPE. Para proseguir su misión, tuvo que inventar una emisora en internet con el único apoyo del núcleo duro del PP de Madrid. Algo que le sabía forzosamente a poco tras ser el niño mimado y subvencionado por un partido de dimensión nacional.

Suerte que hizo aparición un nuevo partido cuyo principio irrenunciable era la salvación de España, al que Federico acogió rápidamente como flotador de la derecha frente a la traición del maricomplejines. Arrastrando al resto del personal de su emisora, promocionó a bombo y platillo a Unión, Progreso y Democracia. Hasta que se metió en el berenjenal de personarse como acusación contra Bárcenas o Rodrigo Rato, casos que afectaban al mítico Partido Popular de Aznar, y de los que Federico obtuvo algún que otro beneficio.

Señala donde quieras, que ya te diré yo por dónde ir, ¡pardillo!

Señala donde quieras, que ya te diré yo por dónde ir, ¡pardillo!

Desengañado, llegó a las elecciones europeas sin decantarse por Vox o por Ciudadanos, nuevos botes de salvación para el español honrado y, valga la redundancia, de derechas. Vox resultó un bluff, pero Ciudadanos devino partido apoyado por el establishment para hacer frente a Podemos. El irreductible locutor se alió temporalmente con esos medios vendidos en su publirreportaje continuo de Albert Rivera y sus maniquís. La semana anterior a las municipales y autonómicas, su programa se convirtió en escaparate de los candidatos de Ciudadanos y en loa permanente al culto y sensato Rivera.

La noche electoral, Federico pudo dormir medianamente tranquilo. Aunque una coalición de terroristas de izquierdas le arrebataría la alcaldía a Aguirre, Cifuentes y Ciudadanos sumaban para retener la comunidad.

O no.

Un extranjero con conocimientos del idioma que escuche al melifluo, cantarín y complaciente hasta el vómito Federico previo al 24M, y lo compare con el sarcástico, faltón y exigente Federico que ha ido encabronándose más y más a medida que Ciudadanos ha ido vendiendo más y más caro su apoyo a Cifuentes, tendrá dificultades para encajar que se trata del mismo locutor hablando del mismo partido. Será necesario explicarle que Federico no destaca sólo en la defensa caballeresca de la nación española, sino también en el manejo de los asuntos prácticos. Defenestrado por el ala del PP que ocupa el poder central, privado de las facilidades de emisión y de los programas en directo pagados de parte de esos alcaldes populares que acaban de perder la silla, estrellada su máxima valedora en el intento de controlar el presupuesto de la ciudad de Madrid, la caída de la Comunidad controlada hasta hoy por Ignacio González le privaría de todo apoyo político y de toda posibilidad de cuadrar el presupuesto.

De ahí que, a medida que pasan los días y no llega el acuerdo, se ponga más y más nervioso y vaya en aumento su odio hacia Albert Rivera y su partido. No porque tenga el menor interés en las prebendas provinientes del poder político ni en su bienestar económico, que va, sino porque su pérdida de influencia resultará un factor determinante en el desguace de España.

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La Espe, la Cris y otras gatas del barrio.

Una de las pocas que se salvan de la degollina que han supuesto las elecciones en el vecindario del Partido Popular es la candidata a la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. O como la conocemos en el barrio: la Cris.

La Cris partía en aparente desventaja: era demasiado progre para el perfil político y mediático del votante del Partido Popular en Madrid, que solía decantarse por señoras de ¡Santiago y Cierra España! como la Espe. Sus posiciones respecto al aborto, sus querencias hacia la nefanda república, o sus tatuajes de choni poligonera repelen tanto a las gentes de orden como a la Espe, quien, segura de arrasar, se apropió del presupuesto de campaña, le dejó por espacio de trabajo un trastero en la sede, y se preocupó de acaparar cualquier micrófono y cualquier cámara para resaltar sus diferencias con la niñata que ese presidente del que usted me habla puso al frente de la lista para la Comunidad.

-¿Eso que me estás clavando en la espalda es una aguja impregnada en veneno? -Calla y sonríe, so gilipollas, que hay que aparentar unidad.

-¿Eso que me estás clavando en la espalda es una aguja impregnada en veneno?
-Calla y sonríe, so gilipollas, que hay que aparentar unidad.

Había que oír a la Espe destrozando la vajilla la misma noche electoral, tras conocer que los votos no le daban para ser alcaldesa, pero que la Cris podía gobernar pactando con Ciudadanos. Para mayor humillación, había obtenido más votos que ella en la ciudad de Madrid. Mientras tanto la Cris, que otra cosa no pero discreta ha sido siempre, se carcajeaba hacia sus adentros y se frotaba las manos en la intimidad del hogar.

Se las prometía muy felices la Cris. Hasta se atrevió a salir en el programa de Wyoming para insultar doblemente a la Espe: apareciendo en el programa más radical de la cadena de televisión enemiga, y osando llevarle la contraria en sus afirmaciones de que Podemos es chavismo, comunismo, terrorismo y gripe aviar, y de que conviene formar un frente del bien contra ellos. El barrio entero interpretó que la Cris quería aprovechar sus resultados para escalar puestos hacía la dirección del partido en Madrid, en vista de las claras señales de senilidad de la Espe.

Pero quizá su pretensión era algo desmesurada. Cabe recordar que, hasta la misma noche electoral del domingo, la Cris era una mindundi en el seno de un PP de Madrid dominado a placer por la Espe.

La mayor parte de los nombres de los candidatos de su lista a la Comunidad de Madrid los escribió la Espe a boli. Y la Espe otra cosa no pero ha demostrado tener un ojo envidiable para separar el grano de la paja y ascender a los ladrones en detrimento de los honrados. Práctica que, a lo largo de los años y las mayorías absolutas, ha vaciado el partido de todo aquel que conservara el menor rastro de decencia.

Aquí la Cris choca con la palabrería que lleva predicando Ciudadanos toda la campaña. Porque si de algo presume la formación de Albert Rivera es de su lucha contra la corrupción. Donde ellos proponen unas líneas rojas infranqueables, la Cris sólo puede responder con el juego de la ruleta rusa: vosotros apretar el gatillo y darme el gobierno que lo mismo os sale bala y lo mismo no.

-¿Ves el Pirulí? Pues desde allí te puedes tirar. -Eso lo veremos, zorra.

-¿Ves el Pirulí? Pues desde allí te vamos a lanzar.
-Eso lo veremos, zorra.

El argumentario popular, aferrado desesperadamente a retener el poder en Madrid, pasa por desvincular a la Cris de ese partido del que usted me habla y lamentar la injusticia que comete con ella Ciudadanos, tratando de endosarle cadáveres con los que, a lo sumo, se ha cruzado una o dos veces en la sede del partido del que usted me habla.

La bufonada cala entre algunos vecinos pero nosotros, la verdad, pena ninguna. Excepto por los tatuajes de choni, la Cris nos ha parecido siempre un Gallardón con faldas. Una bienqueda que va de progre en televisión pero que se unió a aquella Alianza Popular orgullosamente franquista de Manuel Fraga, pisoteó la ley retirando cualquier combinación de colores republicana en la coronación de Felipe, y ha ejercido de delegada de gobierno en una de las etapas más brutales y represivas de las que los ciudadanos guardan registro.

Además que, dos semanas antes de las elecciones, escuchamos al economista Roberto Centeno escandalizarse porque llevaba de siete en su lista al corrupto de talla mayor Ballotín. Centeno telefoneó a la Cris para preguntarle cómo es que lo había escogido, y ella respondió que en el pasado le había hecho un favor importantísimo y se lo tenía que devolver. Lo que, tratándose de la organización de la que tratamos, remite inmediatamente a la primera escena de El Padrino. Es imposible precisar si Ballotín acarirciaba un gato o no. Lo que es más que seguro es que la Cris estaba allí.

Tonto será Albert Rivera si acepta el revólver que le tiende la Cris para pactar el gobierno de la Comunidad de Madrid. Tiene más balas dentro de las que caben en el cargador.

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La visión de la jugada del Partido Popular.

El Partido Popular obtuvo el mayor número de votos. Luego fue el más votado. Luego ganó las elecciones. Luego no tiene por qué cambiar.

A nuestro presidente, que siguió los resultados a través del Teledeporte, le parecía obvio: gana el primer ciclista que atraviesa la meta. Igual que el equipo que mete más goles es el que se lleva la copa. Eso es de cajón.

Menos 2, me llevo 4, más 15, por 3, dividido entre 12... ¿Ganamos o no ganamos?

Menos 2, me llevo 4, más 15, por 3, dividido entre 12… ¿Ganamos o no ganamos?

Así lo comunicó a sus altos cargos y barones en la ejecutiva que, tremendo coñazo, presidió al día siguiente: Hemos roto la cinta de meta con el cuerpo, encestado más triples y rodeado el Cabo de Hornos viento en popa a toda vela. No estaría bonito que, siendo el partido de gobierno, nos concediéramos medallas de oro a nosotros mismos, pero podéis levantar los brazos y hacer el símbolo de la V al salir.

Dicho lo cual, salió a repetirles lo mismo a los periodistas.

Pero el martes dimitieron varios barones y Esperanza Aguirre salió a dar una rueda de prensa con sombrero de Napoleón, catalejo y un mapa invertido de Madrid por fondo. Rajoy debió quedar estupefacto. Si tan clara era la victoria, ¿por qué dimitían? ¿Por qué había perdido Esperanza definitivamente la cabeza?

Era una confusión de la misma naturaleza que cuando le comunicaron que a Barcenas le habían descubierto 50 kilos en Suiza: se pensó que los tenía que acarrear a pulso desde allí, y le envió un sms por darle ánimos; había vuelto a confundir la programación del Teledeporte y la de fuera del Teledeporte.

En esta última confusión coincidía con otros mandamases de su partido y con no pocos cientos de miles de sus votantes: a pesar de llevar participando 38 años, no llegan a entender que las reglas no son las mismas en las elecciones y en el resto de deportes. No gobierna el que llega el primero ni el equipo de la lista más votada. Resulta que los otros equipos pueden aliarse, sumar sus goles y arrebatarte el puesto en el podium.

No termina de entrarles en la mollera a pesar de que les sucede una y otra vez. Raro es el lugar donde gobierna el PP si no obtiene mayoría absoluta. Distintas coaliciones de perdedores se las arreglan para mantenerles en la oposición, donde van acumulando rabia y resquemor. De tal manera que cuando sí obtienen mayoría absoluta su práctica política se resume en un ahora voy a hacer lo que me salga de los cojones acompañada de un que se jodan.

Las enmiendas de la oposición, la opinión expresada por los ciudadanos en la calle o en las iniciativas legislativas populares, simplemente resbalan sobre la superficie de un partido que ni siquiera cree tener la obligación de atenerse al programa por el que ha sido elegido: una vez obtiene el cinturón de campeón, se dedica unícamente a disfrutar de su victoria e imponer su santa voluntad.

Si tan geniales fueran los otros equipos y sus ideas, ocuparían el banco azul del gobierno y no el banquillo de los perdedores. A ellos nadie tiene que explicarles cómo hacer las cosas y, mucho menos, pedirles explicaciones de lo que hacen. Aunque ellos, faltaría más, sí pueden permitirse juzgar a los mediocres representantes electos de otros equipos y sus aún más mediocres ideologías: el fracasado socialismo, el fantasioso independentismo, o lo que quiera que fuera a lo que jugaba la señora esa que unos días se apellidaba Díez y otras Díaz, que ni en eso daba pie con bola.

Cualquiera diría que incluso se olvidan del calendario de la competición y las elecciones les pillan de sorpresa, pero lo que sucede es que mantienen las mismas prácticas los días de diario y los de campaña electoral: sacar pecho y recordar que son el equipo ganador. Redoblar los redobles de su triunfo económico triunfante. Otorgarse un 110 sobre 100 puntos en su lucha contra la corrupción. Gritar ante toda España ¡Rita, eres la mejor! desde la plaza de toros de Valencia.

Eso sin dejar de menospreciar a los alfeñiques, los adanes y los palurdos de ligas regionales que se atreven a disputarles el poder.

Son el mejor equipo, como reconocen todos los españoles no abducidos por La Sexta y el Gran Wyoming. De eso se congratulan y por eso se dan unos a otros palmaditas en la espalda.

Hemos ganao, hemos ganao, oe, oe, oe, oeee...

Hemos ganao, hemos ganao, oe, oe, oe, oeee…

De ahí que se sorprendieran tanto la noche electoral, cuando comenzaron a aparecer las clasificaciones en las pantallas. Iban ganando pero, según aseguraba la tele, si los otros equipos sumaban sus goles les arrebatarán todos los trofeos.

Algún optimista trató de consolarse objetando que, si esas eran las reglas, serían iguales para todos. Alguien querría sumar los goles con los suyos, ya que tenían más que nadie. Optimismo que se desvaneció en cuanto trató de calcular con los dedos.

Algunos jugadores empezaron a maliciarse que lo mismo no eran el equipazo que se decían a sí mismos.  Lo mismo son un equipo de mierda que ni siquiera entiende del todo en qué consiste el deporte en el que participan.

Por suerte, no eran la mayoría. La mayoría le echaron la culpa a la Sexta, al Wyoming y a la Cuatro, que no dejan de repetir las zancadillas, los sobornos al árbitro y los goles marcados con la mano por esos jugadores de los que usted me habla que ya no pertenecen al equipo, y que es discutible que en los hace diez minutos de los que usted me habla pertenecieran, puesto que jugaban por su cuenta.

Al final, tras sopesar si no sería más sencillo cerrar todos los canales que no sean La 1 y el Teledeporte, el presidente llegó a la conclusión de que le tocaría hacer algún cambio; tal vez un juez de línea por un recogepelotas, o un locutor deportivo por un señor del público. Lo que es seguro es que él continuará al frente del equipo: le ha preguntado a Viri y ella le ha asegurado que él no se presentaba a estas elecciones. Continúa conservando, intactos, sus once millones de votos. Luego sigue siendo el más votado. Luego no tiene nada que cambiar.

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Por una prensa del Régimen como Dios manda.

En Cuba tienen el Granma y tienen el Juventud Rebelde que viene a ser el Pulgarcito del Granma. Por aquello que dijo el viejo barbudo de que la libertad de prensa es la libertad del dueño de la imprenta, el estado cubano prohibe la prensa privada y se reserva esa libertad para sí. Esto, quieras que no, fomenta el pensamiento crítico: los cubanos son conscientes de que sus dos periódicos mienten. O, cuanto menos, de que ofrecen la visión más conveniente para el régimen.

Las dos caras de la verdad.

Las dos caras de la verdad.

En España viene a ser un follón porque, aunque el dueño de todos los periódicos que tienen capacidad de influir decisivamente en la opinión pública es el IBEX, se disfraza con las cabeceras de El País, El ABC, El Mundo y La Razón. Periódicos aparentemente diferentes pero similares en cuanto a intenciones, enfoque y tratamiento de la información. Para comprobarlo, no hay más que retroceder dos o tres semanas en el buscador de google y repasar su cobertura respecto a la campaña de Esperanza Aguirre.  Y respecto a la propia Aguirre.

Madrid no es sólo una ciudad. Madrid es la capital de España y el centro de la vida política, institucional, financiera y cultural del país. El punto donde se entrecruzan los intereses y los grandes negocios. La batalla por conquistar Madrid es la batalla por conquistar España. Y, hace apenas medio año, la cosa pintaba bastos.

Nuestro Cuatrigranma no había inventado aún el Caso Monedero ni traía un suplemento diario sobre los horrores de la dictadura venezolana. Tampoco había apeado, montaje y cacareo mediante, a Tania Sánchez de la candidatura de IU. Ni Ciudadanos atravesaba sus páginas cual estrella fulgurante salida de nadie sabe dónde. Todo apuntaba a que unos desharrapados que no estaban dispuestos a dejarse sobornar por los bancos, principales accionistas del Cuatrigranma y del país, podían llegar a gobernar el ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, como prólogo del cataclismo que acabaría por sacudir España.

Y allí que apareció Esperanza Aguirre, más chula que un ocho y medio, a postularse como candidata a retener la alcaldía. La Lideresa es muy querida entre los madrileños de orden pero suponía una apuesta arriesgada. Independientemente de su posición en las encuestas, los directores y opinadores del Cuatrigranma, principales cruzados a favor de la transparencia, la responsabilidad política, el respeto a las instituciones, la honradez y la decencia, no tragarían fácilmente con la sexagenaria bajo cuyas faldas nacieron y crecieron las tramas de corrupción que han asolado y saqueado a los ciudadanos de Madrid desde que el Partido Popular alcanzó el poder gracias al tamayazo. Pues bien, no sólo tragaron. Aplaudieron. Al crítico del medio minúsculo se le señalaba y repudiaba con un Lo que te molesta es que Esperanza va a arrasar o un Eres el abogado defensor de Podemos. Todo muy lógico.

Castrobolivarianopiongyangjemeresrojosestalinistasgoraetapolíticomilitarlenintoggliattivivalapepa.

Aquí dice que Podemos es castrismo, chavismo, estalinismo, ETA y Eduardo Inda.

La jugada, ya decimos, resultaba arriesgada. Pero más lo era perder el poder en Madrid o fiar su conservación a un Antonio Miguel Carmona capaz de salir ganador sólo si la población de la capital estuviera compuesta exclusivamente por cuñados. Alguien del consejo de administración del Cuatrigranma debió echar un vistazo a la página Carmona haciendo cosas, y telefoneó inmediatamente para ordenar: ¡Esperanza, por el amor de Dios, Esperanza!

No supieron calcular, eso sí, a la propia Esperanza.

Incluso para el becario más tonto del Cuatrigranma se hizo evidente que tanto el proyecto, como el comportamiento, como la campaña de Aguirre no era capaz de mover más que a la vergüenza ajena. No por los disfraces ni por las salidas de tono de la lideresa, que eso es marca de la casa. Es que carecía por completo de ese programa que el Cuatrigranma estuvo cosa de un año exigiendo a Podemos. Sus propuestas no pasaban de ser soplapolleces y ocurrencias sobre los vagabundos, los arbolitos, enseñar a nadar a los niños menores de nueve años, o revisar esa paguita que los parados emplean en televisiones de plasma, putas y cocaína. A cualquier otro candidato —y no digamos ya a uno de Podemos— le hubiera valido el ostracismo, el escarnio y la pérdida total de pretigio. A Esperanza le valió, de parte de los dizque analistas políticos del Cuatrigranma, volquetes de aplausos.

Tampoco causó escándalo que la candidata y presidenta del PP de Madrid impusiera cómo debía ser el debate en la televisión pública. Y eso que nuestros intrépidos opinadores destacan por su preocupación por la libertad de prensa en aquellos países donde existe un solo Granma y no cuatro.

Tampoco encontraron nada a destacar en su comportamiento entre infantil y senil, ni en sus modos y acusaciones de palurda fascista. Aunque ante cualquier otro candidato —y no digamos ya ante uno de Podemos— hubieran pedido tarjeta roja, expulsión y condena a no volver a participar jamás en la liga.

En el mientras tanto de este bochorno un pequeño medio digital, Infolibre, desgranaba los tejemanejes de su cónyuge. Comisiones por lobismo y chanchullos múltiples mientras Esperanza era presidenta. Empresas que no presentan cuentas pero reciben subvenciones millonarias de la Unión Europea como si para recibirlas no fuera un requisito indispensable presentar cuentas. Informaciones que el Cuatrigranma ninguneó y pasó por alto porque se conoce que eran irrelevantes para los electores que tenían que elegir a su futura y transparente alcaldesa.

Mira como en Corea del Norte, Rajoy mayoría absoluta, PP malo, la destrucción del sistema occidental,  progres, happyflowers.

Mira como en Corea del Norte, Rajoy mayoría absoluta, PP malo, el sistema occidental, progres, happyflowers, salvar España.

Infolibre reservó la noticia bomba para el penúltimo día de campaña: la filtración de la declaración tributaria de Aguirre, donde aparecían unos abultadísimos ingresos a cambio de un trabajo que nadie sabe en qué consiste ni cuándo realizó. Una suma parecida a la que Hacienda filtró que ingresó Monedero por su asesoría de dos años, y sobre la que los sabuesos rabiosos del Cuatrigranma se hartaron de exigir explicaciones. Y eso que el profesor no se presentaba a cargo público.

Cualquiera imaginaría que, mediando tan poco tiempo entre ambas filtraciones, no podía ser, resultaría demasiado evidente que el Cuatrigranma empleara un rasero distinto respecto a Aguirre que respecto al profesor. Pero fue. Vaya si fue. La Lideresa no tenía por qué dar explicaciones sobre los ingresos por su actividad privada. Faltaría más. Lo inadmisible, lo intolerable, lo nunca visto, es que se hubiera filtrado su declaración a la prensa. Eso y ninguna otra cosa había que perseguir.

El el mientras tanto de esa ignominia, iba adelantando posiciones la candidata de Ahora Madrid, Manuela Carmena. Una mujer de trayectoria intachable desde los tiempos de la lucha contra Franco, que ha sido premio nacional por su defensa de los derechos humanos, y que ha promovido diversas iniciativas solidarias tanto desde las instituciones como desde la sociedad civil. Trayectoria sobre la que el Cuatrigranma pasó de puntillas, ocupado como estaba en hinchar y enmierdar un asunto que se resume en lo siguiente: la empresa de su marido quiebra. Los trabajadores se quedan sin cobrar, y denuncian al marido por trasferir sus bienes a Carmena. El juez dictamina que tal denuncia carece de base y los trabajadores no recurren la sentencia. Punto pelota. Para convertir eso en un caso de corrupción había que pisotear la transparencia, la honradez y el respeto a las instituciones, amén del código deontológico y la mínima decencia. Cualquiera pensaría que no iban a atreverse. Pues se atrevieron. Vaya si se atrevieron.

Es un síntoma de inteligencia y salud democrática que la ciudadanía haya sido mayoritariamente capaz de distinguir entre lo que tiene ante los ojos y lo que el Cuatrigranma le asegura que está viendo. La derrota de Esperanza no es sólo la derrota de Esperanza: es también la derrota de los estafadores del Cuatrigranma y su influencia hegemónica.

Es de suponer que esto llevara a sus jefes a intentar recuperar su posición. Quizá suavizando las formas hacia las formaciones políticas a las que han dado su apoyo un alto porcentaje de ciudadanos. Quizá buscando comunicadores más hábiles. El mismo Marhuenda, que el sábado noche berreaba que Aguirre iba a arrasar en Madrid, el lunes por la mañana la acusaba de hacer una campaña nefasta y no dudaba en calificarla de Godzila por arremeter contra todo y contra todos.

A nosotros, ni que decir tiene, no nos parece mal que el Cuatrigranma reflexione sobre por qué cada vez menos gente les cree y aún menos les compra. Máxime ahora que alguno de esos desharrapados a los que se han cansado de llamar terroristas, bolivarianos, estalinistas y etarras va a gestionar o vigilar el presupuesto y la publicidad institucional. Lo que consideramos una pérdida de tiempo, energía, papel, tinta y dinero es embrutecer a la opinión pública empleando cuatro periódicos cuando puedes embrutecerla con uno. Fundir los cuatro panfletos en una sola cabecera acabaría por fomentar el pensamiento crítico: todos los españoles serían conscientes de que su único periódico miente. O, cuanto menos, de que ofrece la visión que más conviene al régimen.

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Esperanza o el caos.

Servidor en otras ciudades piensa votar Vox pero en Madrid la única opción es Esperanza Aguirre. Figúrense: a cualquier otra le cuesta una carrera, tres máster y mil procesos de selección entrar en una empresa de cazatalentos, cobrando 400 euros y de becaria. Pero a doña Esperanza no sólo van a buscarla a casa sino que le pagan 1000 veces más. O 10000, si tenemos en cuenta que sólo dedicaba a la empresa una quinta parte de su jornada laboral.

Podemos esta con el chavismo, con ETA, los vagabundos que duermen en la calle, la gripe española, la corrupción, las pelotillas de los jerseys y el polvo que se acumula bajo los muebles.

Podemos esta con el chavismo, ETA, los vagabundos de la mafia, la gripe española, las pelotillas de los jerseys y el polvo que se acumula bajo los muebles.

Igual que hay cientos de juntaletras que se pasan la vida presentándose a certámenes literarios sin comerse nada, y a ella le otorgan un premio de 5000 euros por un solo artículo. ¿Quién más cualificado para dirigir y representar la capital de nuestro amado país?

También hay que poner en valor que, mientras operaba de asesora cazatalentos y articulista, seguía presidiendo con mano de hierro la banda de corsarios que se aglutinan bajo las siglas del PP en Madrid, tocándole las narices al bobo de Rajoy, y paseándose por las radios y televisiones seis de cada siete días de la semana. ¿No merece un talento así una remuneración como la de Esperanza?

La oposición bolivariana y etarra se apresura a criticarla por acudir a las elecciones sin más programa que una tarjeta con diez puntos. En su limitada y sectaria visión de la política municipal, no comprenden que a doña Esperanza no se le vota por su programa. Se le vota por ser doña Esperanza. Se le vota, o se la vota, por ejercer de tal.

¿Cuál es su proyecto para Madrid? Claramente el que a doña Esperanza le rote, y el que le permita repartir el máximo de mamandurrias y dinero público entre sus allegados empresariales, políticos y mediáticos. Pero bajo la superficie de este proyecto, indudablemente útil para los madrileños, subyace uno mucho más importante: evitar que conviertan la capital en Corea del Norte.

Hay que imaginar a doña Esperanza pensando en el merecido retiro. Imaginarla en su mecedora, frente a la chimenea, en bata y zapatillas de andar por casa. Contándole a sus nietecitas como el PP salvó la navidad después de que el malvado Zapatero prohibiera los belenes, los toros y los reyes magos. Arrugando la nariz ante un olor tenue pero de sobra conocido: ¡Comunistas!

Fue relajar la vigilancia un momento y a los cuñados habituales de Izquierda Unida se les colaron de candidatos dos comunistas irredentos, chica y chico, Tanía Sanchez y Mauricio Valiente. Fue desentenderse de la política activa un segundo e irrumpieron en el panorama los perroflautas bolivarianos de Podemos cuyo líder, para más peligro, vivía amancebado con la candidata de IU. Esperanza supo que si al bobo de Mariano se le ocurría poner de candidatas a mindundis pavisosas como Soraya o Cifuentes, los comunistas bien podrían arrastrar al tonto a las tres de Carmona a un pacto de gobierno. O lo que es lo mismo: reeditar el Frente Popular en el ayuntamiento de Madrid. Y de eso a levantar las alfombras, y a la dictadura, el gulag y la guerra civil van quince minutos.

ESPAÑA CRISIS ECONÓMICA:MD27. MADRID, 7/7/2010.- La presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, Esperanza Aguirre, escucha un comentario que le hace al oido el consejero madrileño de Presidencia, Justicia e Interior, Francisco Granados, antes de la rueda de prensa que ofreció hoy, tras la reunión del comité de dirección del PP. Esperanza Aguirre denunció en esta comparecencia, entre otras cuestiones, que varios ayuntamientos de la Comunidad de Madrid, la mayoría de pequeño tamaño, están en una

Sesenta, cuarenta y ni pa ti ni pa mí…

Ese es el motivo que empujó a nuestra ejemplar sexagenaria a saltar de la mecedora, abandonar su merecidísimo descanso y cargar sobre sus hombros la complicada misión de ganar la alcaldía. Y ese es también el motivo por el que carece de importancia si luego incumple promesas como la de que todos los niños de Madrid aprendan a nadar antes de los 9 años: es preferible que tus hijos no sepan nadar a que los comunistas les ahoguen en tanques de ácido sulfúrico.

De la misma manera, no importa si la policía debiera estar investigando ya a los candidatos de sus listas por lo que pueda pasar en el futuro. Si doña Esperanza no está en el día a día de lo que roban sus cargos de confianza ni los alcaldes que coloca a dedo es porque tiene cosas más importantes de las que ocuparse. Pero nadie puede negar que es preferible que Granados desvíe unos ahorrillos a Suiza a que los comunistas se lleven todo el oro a Moscú.

Incluso en el peor de los escenarios futuros, ese en el que, Dios no lo quiera, doña Esperanza se ve obligada a llegar a acuerdos de gobierno con Ciudadanos o Carmona y, bajo su nefasta influencia, la ciudad acaba sumida en el endeudamiento, el despilfarro, la corrupción, el subsidio a los vagos y a los parados, la subida del IVA o el laicismo en los colegios, el voto a doña Esperanza dejará de ser el único responsable. Los madrileños y madrileñas de bien deben pensar en qué les compensa: si cuatro años de ayuntamiento mediocre -y hasta puede que un poquito corrupto- por culpa de los aliados de doña Esperanza u otra guerra civil provocada por los comunistas.

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En defensa de Doña Esperanza.

A doña Esperanza Aguirre no se la dan con queso: si hay mendigos en las calles de Madrid es porque los ponen las mafias. Sabido es que, cuando un capo mafioso lega los diversos negocios a su descendencia, el que más se ambiciona es el de ir colocando pobres por las esquinas. Mucho más lucrativo, dónde va a parar, que las drogas, la prostitución y las armas.

Porque yo lo valgo.

Porque yo lo valgo.

Pero la sutil relación que establece doña Esperanza con las molestias ocasionadas al turismo nos lleva a sospechar que, lo mismo, la abundancia de sin techo obedece además a alguna otra causa. Por ejemplo, la de afear la recuperación económica conseguida por el Partido Popular. No resultaría extraño que, junto a las mafias, anduvieran en el negocio de los mendigos los marrulleros del PSOE. No sería la primera vez que los socialistas recurren a este tipo de trampas para arañar votos. Recuerden cuando colocaron las bombas en los trenes del 11-M, cuando hundieron el Prestige, o cuando Rubalcaba inventó la trama Gurtel. Tampoco es descartable que, estando el PSOE de capa caída, reciba en este afán el apoyo de Podemos, que emplea la millonada que recibe de Maduro en esas argucias y otras peores.

A poco que uno se detenga a pensarlo es una maniobra que necesita de una infraestructura al mismo nivel que la del 11-M. Implica a empresarios que se arruinen o que se hinchen a despedir gente. A bancos que denuncien los consiguientes impagos. A jueces que más tarde ordenen desahucios. A policías que los ejecuten a golpe limpio. A extras de la PAH. Y y lo más importante: a profesionales entrenados para anclar al suelo a las familias expulsadas de sus casas que, como todo el mundo sabe, en el transcurso normal de un desahucio se elevarían al cielo en cuerpo y alma, ahorrándose el trámite de la muerte. Exactamente igual que sucede con los vagabundos cuando les echas del centro de las ciudades.

Ahí les duele. No hay más que ver la polvareda que han levantado las sensatas declaraciones de doña Esperanza entre la progresía a sueldo y la de corazón. Que si es una oportunista que no tiene la más remota idea de lo que ladra. Que si criminaliza la pobreza y fomenta la xenofobia. Que si tiene flojos los escasos tornillos que la sujetan a la cordura. Que si la doctrina liberal que defiende es la del ala derecha del Partido Nacionalsocialista alemán… Todo con el fin de que los mendigos continuen en su sitio: ensuciando la brillante obra del Partido Popular.

Doña Esperanza, nobleza obliga, mide mucho sus palabras y no tiene por costumbre rebajarse entrando al trapo de ninguna polémica. Nosotros en su lugar no tendríamos el menor reparo en responder que, si tanto les gustan los mendigos, se los lleven a vivir a sus casas y problema solucionado.

Lo demás es populismo, demagogia, mentira, prepotencia y machismo.

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España en diferido.

Don Juan Carlos de Borbón pretendía abdicar tras los fastos del cuadragésimo aniversario en el trono, abandonar mujer, hijos y súbditos, coger el portante, y largarse a vivir a un lugar paradisiaco junto a su amada Corina.

El hombre que pudo desreinar.

El hombre que pudo desreinar.

Es una noticia importante sobre todo por la información que trasmite respecto a la propia prensa, que en lugar de agobiar a la más alta institución del estado en su día, airea el asunto en diferido.

Despojada de su explosividad política la exclusiva, entra en la sección de noticias de interés humano: el pobre rey, después de casi cuarenta años de servicio, pierde la cabeza por una rubia peligrosa y se salta sus deberes cual bobo adolescente. Un comportamiento tan viejo como el mundo. Tan antiguo que cae en el terreno de lo arquetípico y sirve para trazar una línea entre el momento en que don Juan Carlos ejercía de rey ejemplar y el momento en que se volvió un viejo verde y tarambana por culpa de una lagarta extranjera. ¿No sucumbió el prototipo de hombre original ante los efluvios malignos de Eva? Pues Juan Carlos igual.

El problema es que no era la primera vez que el rey se ponía el país por montera al dictado de la bragueta. Durante años mantuvo un romance con, vaya por Dios, otra rubia: una vedette de apellido Rey y de nombre Bárbara. La relación se prestaba tanto al amor como a los sabrosos juegos de palabras, y la vicetiple tuvo el acierto de inmortalizar sus momentos más acaramelados en cintas de audio y de vídeo. Bello recordatorio con el que tuvo cogido al estado por salva sea la parte la tira de años.

El rey aún no había jugado la carta de Vaya directo a la salida sin pasar por la cárcel de los dineros familiares heredados que va de mano en mano entre los capitostes del régimen para justificar sus saqueos fiscales. Pero ya resoplaba la acusación de embolsarse dinero en la estafa de KIO que rememora Javier de la Rosa en la conversación con el pequeño Nicolás filtrada hace una semana. Por aquello condenaron a de la Rosa y también a Manolo Prado Colón y Carvajal, que como ser humano tendría muchas facetas, pero que sobre todo era conocido por ejercer de intendente y testaferro real.

La prensa, ocupada mañana, tarde y noche en forjar el arquetipo de monarca, estadista y padre ejemplar, descontó de sus portadas tal noticia bomba. Hablamos de los noventa, cuando el arquetipo no se cuestionaba. O, para ser más precisos, quien osaba cuestionarlo engrosaba automáticamente el de personaje sospechoso, estafador o falto de un tornillo. Ocurría con Javier de la Rosa y ocurre hoy con el pequeño Nicolás.

Molt Honorable perito en árboles, nidos y ramas que no conviene agitar.

Molt Honorable perito en árboles, nidos y ramas que no conviene agitar.

Eso sí, años más tarde, la información que el estafador y mentiroso Javier de la Rosa le transmite al también estafador y mentiroso Francisco Nicolás sirvió de base a los informes que se utilizaron para derribar a otro personaje arquetípico ejemplar: Jordi Pujol.

A este, después de ejercer de padre de la patria catalana, le salieron unos hijos carnales que no hay quien haga entrar en vereda. El viejo conflicto entre ser fiel a tus deberes como padre de la nación o a tus deberes como padre de familia. Otro comportamiento tan reprobable como humanamente comprensible. Otro arquetipo al canto.

El último en caer ha sido Rato: tras su fulgurante y refulgente carrera como hombre milagro y mejor ministro de economía de la democracia, no soportó no ser elegido dictatorialmente por Aznar para candidato a la presidencia, y se dio a la codicia. Algo que nadie imaginaba ni podía imaginar, a juzgar por las reacciones lacrimosas de los forjadores de arquetipos de su trinchera periodística y política, que están que no duermen de la decepción.

Y eso que, ya al tomar posesión de su escaño en el 96, falsificó la preceptiva declaración de intereses y ocultó al parlamento más de sesenta empresas. Y que su vicepresidencia no estuvo exenta de decisiones dudosas en asuntos como el de Gestcartera. Ni de compras y préstamos multimillonarios a empresas agonizantes de la familia Rato por parte de señores como Botín o el BCSH, que no tenían por costumbre tirar sus dineros en negocios de los que no obtuvieran rentabilidad.

Cuando a Francisco Nicolás le preguntan si no se anonadó con las tremebundas acusaciones de Javier de la Rosa, que hermanan al rey, Aznar, Pujol y Rato en el pilla pilla y el tonto el último del toma el dinero y corre, se encoge de hombros y responde que, a esas alturas, había escuchado tantas cosas que no le quedaba capacidad de sorpresa.

Y mientras hago sonar esta campana, sucede el milagro económico.

Y mientras hago sonar la campana, sucede el milagro económico.

En España rige una ley inversa según la cual uno se va enterando de menos a medida que más penetra en los círculos de poder. Sabe mejor cómo operan las élites un aspirante a chico de los recados como el pequeño Nicolás que el presidente Rajoy, y eso que tiene bajo su mando al total de los servicios policiales, judiciales y fiscales. O que los directores de grandes medios y los periodistas de palco del Bernabeu que, viviendo incrustados en el mismo cogollo, ni presencian, ni escuchan, ni retienen, ni cuentan. Al menos hasta que alguien aprieta el botón de volar mitos y toca liberar el torrente de mierda que se había acumulado inadvertidamente en los archivos mientras se dedicaban a ensalzar al mismo capitoste.

Estos repartidores de arquetipos son los mismos que aseguraban que la colaboración entre Francisco Nicolás y el CNI era una trola. O que sus acusaciones contra ciertos policías y ciertos agentes de pinchar su teléfono y someterle a vigilancia de manera ilegal obedecían a sus delirios de grandeza. Por el momento, la entrevista con de la Rosa acredita su colaboración con el CNI, y el comisario de Asuntos Internos, Marcelino Martín Blas, ha sido relevado por, entre otros motivos, vigilar y pinchar ilegalmente el teléfono del pequeño Nicolás.

Un comisario, nos figuramos, que constituía el arquetipo de servidor público hasta que algún revés —un amor tardío y arrebatado, unos hijos que no se merece, una presidencia del gobierno frustrada— le llevó a engrosar las filas del lado oscuro.

Eso o que entre las élites españolas y los altos funcionarios y periodistas que las defienden no existe más que lado oscuro.

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