Antonio Miguel Carmona: califa en lugar del califa.

Antes del 24 de mayo, Antonio Miguel Carmona iba de plató en plató mofándose de las posibilidades de Esperanza Aguirre y asegurando que todas las encuestas le daban ganador. Tras esa noche, donde no quedó primero pero tampoco segundo y palmó 6 concejales y 115548 votos, apenas lo hemos vuelto a ver.

Según los medios de ultracentroderecha, el fracaso de Carmona fue culpa de la dirección soista, que lo ninguneó a favor del candidato a la comunidad impuesto a dedo, Ángel Gabilondo. Carmona era el fiel escudero del indeseable, a ojos de Ferraz, Tomás Gómez. Aunque se apresuró a ofrecerse para sustituirle horas después de su cese, no le sirvió para congraciarse con la ejecutiva de Pedro Sánchez.

Que tu paras un taxi en Madrid, ¿y quién te crees que va dentro?

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Las mismas fuentes asegura que fue por orden de Sánchez que Carmona acabó apoyando a su casi tocaya Carmena, en lugar de asumir la alcaldía que le puso en bandeja Aguirre como era su deseo.

Entra dentro de lo posible. Pero la verdad es que suena extraño que el PSOE boicotee a su candidato a gobernar la capital de España por desavenencias personales. Si fuera ese el motivo, poco esfuerzo tenía que hacer Sánchez para forzar su dimisión tras sus nefastos resultados.

Tampoco parece tan evidente que fuera preciso bloquear su intención de ser alcalde desde Ferraz. Cierto que Carmona es un hombre del Régimen y no defiende políticas sistémicas diferentes a las del PP. Pero una cosa es el PP y otra Esperanza Aguirre. Y hasta un hombre con tan elevada consideración de sí mismo entiende que aceptar la alcaldía envenenada de Aguirre equivaldría a desaparecer de la agenda del votante progresista madrileño. Y total para qué, si está mejor donde está.

A primera vista parece que Antonio Miguel hace el papelón de otorgar la alcaldía a la misma banda populista a la que se dedicaba a aleccionar desde su elevado taburete de La Sexta Noche. Pero entre bambalinas ejerce un papel más determinante: imposibilitar, torpedear e impedir el gobierno de Ahora Madrid.

Que tu vas a miccionar a un baño público en Madrid, ¿y quién crees que lo vigila?

Que tu vas a miccionar a un baño público en Madrid, ¿y quién crees que lo vigila?

No hace falta ser profesor en una universidad del Opus para intuir que el apoyo del PSOE a candidaturas de las que forma parte su rival electoral más directo, Podemos, es tan leal como el abrazo del más leal de los osos. Los éxitos de esos ayuntamientos son sus fracasos futuros; su labor de sostén va encaminada a que no se anoten ninguno. Rivalidad o no rivalidad con la ejecutiva, el afán de figurar, la doblez, la hipocresía y el rencor de Carmona lo convierten en el ejecutor ideal de esta maniobra de apoyo y zancadilla.

No cayó en el ofrecimiento de Aguirre y logró evitar un tamayazo en la investidura de Manuela Carmena. Pero saltó cual perro de presa para ponerse el primero en la cacería que organizó la ultracentroderecha contra Ahora Madrid la misma tarde de la investidura: la de los ya archifamosos tuits del concejal Guillermo Zapata. El natural histriónico de Carmona vino que ni pintado para elevar la nimiedad al absurdo y solicitar, compungido pero contundente, la dimisión inmediata.

No es difícil imaginar que, si su apoyo transita así frente a las cámaras, cuando nadie mira trota aún más ligero. El PSOE se negará por sistema a las propuestas de Ahora Madrid que puedan impresionar favorablemente a los ciudadanos. Por ejemplo, la bajada de sueldo de los miembros del consistorio a la que se oponen con uñas y dientes a puerta cerrada y por lo bajini.

Lo más gracioso es que Ahora Madrid tampoco puede airear en público las conductas turbias de los socialistas. Gobernar en minoría les exige sostener un pacto de no agresión cordial que el PSOE —que tanto le da— puede saltarse cuando quiera.

La última muestra es la sobreactuación de Carmona contra la página Versión Oríginal desde la que el ayuntamiento piensa ofrecer información de primera mano a los rumores, las interpretaciones malintencionadas o invenciones directas de la prensa. Y digo el ayuntamiento porque la página puede emplearla cualquiera de los grupos políticos que lo componen, no exclusivamente Ahora Madrid. La prensa de ultracentroderecha y la ambidiestra de La Ser, La Sexta o El País —cada vez más indistinguibles—, no dudaron en calificar la nueva iniciativa como atentado contra la libertad de prensa, censura y chavismo. A Antonio Miguel le faltó tiempo para sumarse al runrún mediático y a Aguirre en su petición de retirada inmediata de la página.

Y es que Carmona está en una situación difícil. Tiene que alancear a Ahora Madrid a la mínima ocasión pero también cuidarse de no resbalar por las pendientes que dibuja la ultracentroderecha política y mediática. Es difícil calcular el porcentaje de ciudadanos que se echa a temblar ante el gesto estaliniano de abrir una página web informativa, y cuál se da perfecta cuenta de que es una chuminada exagerada hasta el absurdo por la derecha más cerril y por periodistas cuyo oficio alterna entre mentir y deformar la realidad.

En el equilibrio de contentar al conjunto, Carmona trata de mantenerse conciliador pero inflexible. Colaborador y a un tiempo representante de la sensatez setentayochista frente al descarriado equipo de gobierno de ultraizquierda. Al menos hasta que llega Esperanza, le despoja del pretendido traje de emperador ante las cámaras, y desvela que la tarde anterior han estado conspirando contra Carmena. Sólo que, minutos más tarde, llamó la alcaldesa para ofrecerle modificar la página, y Antonio Miguel prefirió desmarcarse de la primera traición a favor de la segunda.

Como especialista en el show bussines, Carmona pensó que era más rentable alejarse del radicalismo de Aguirre y presentarse como el fiel de la balanza y el político de talla mayor que reconduce el extremismo de Ahora Madrid dentro de los cauces de la democracia. Cosa que se lanzó a hacer, de plató en plató, en cuanto acordó con la alcaldesa que Versión Original no incluiría nombres de periodistas ni de medios.

Menos de un par de horas tardó en contradecirle la portavoz del ayuntamiento, Rita Maestre, asegurando que la página se iba a quedar como estaba. Antonio Miguel, ofendido en su hombría política, volvió a desfilar por las televisiones al día siguiente para declarar que a él nadie le toma el pelo y para amenazar con presentar una moción de retirada de la página como se pusieran farrucos. Todo para un par de días más tarde votar contra una moción similar presentada por Aguirre que sí apoyó Ciudadanos.

Una vez más, Carmona hace el ridículo ante el porcentaje de votantes de derechas que le maldicen por propiciar la alcaldía de Carmena, y ante el votante progresista que se lleva las manos a la cabeza cada vez que le ve picar en las argucias de la ultracentroderecha. Y es que su carácter populachero y superficial puede acabar por resultar contraproducente para su misión de hundir el equipo de gobierno que dice mantener a flote. Quién sabe si no acabará él mismo hecho pedazos en el intento de despedazar al enemigo.

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