¿Qué es ser socialista?

A Pedro Sánchez le preguntaron por el referéndum de Grecia y transitó un instante interminable entre Pinto y Valdemoro antes de responder que no estaba en contra de que el pueblo griego votara pero que le parecía insólito que el gobierno griego propusiera votar No, porque eso supondría salir del euro. Es decir: de un lado aprobaba la convocatoria de Syriza. De otro se ponía del lado de Europa y su interpretación de que se trataba de decir Sí o No al euro.

Pedro Sánchez se aplaude a sí mismo tras el logro de conseguir vestir como el líder de Podemos.

Pedro Sánchez se aplaude a sí mismo tras el logro de conseguir vestir como el líder de Podemos.

Le sucede a menudo eso de posicionarse ni en un sitio ni en otro o en ambos a la vez. Casi tanto como adoptar posturas inamovibles de las que se apea al minuto siguiente. Y es que a Pedro se lo sacaron de la manga para impedir que llegara a secretario general Eduardo Madina. Seguro que pesó más su falta de definición que su firmeza de principios.

Qué marrón para el PSOE lo del referéndum de Grecia, lo de la Unión Europea con Grecia y, en fin, lo de Grecia. Sobre todo tras apropiarse con la boca pequeña de la victoria de Syriza en su ambigua noción de triunfo de la izquierda en un intento de borrar cualquier rastro de relación con su partido hermano Pasok. Pedro anduvo más listo que Rajoy y no viajó a Grecia a unir su suerte con la del candidato perdedor. Pero tras el referéndum, ¿qué puede decir Pedro? ¿Es de socialdemócratas negarse a seguir las imposiciones del FMI, la UE dirigida por halcones neocom y el BCE presidido por un pirata? ¿O los socialdemócratas deben ir con Syriza?

Beatriz Talegón, que saltó a la luz pública por reprochar a los prebostes de la Internacional Socialista haberse aburguesado y no posicionarse en cosas como las primaveras árabes —ignorando que los gobernantes a los que tumbaron pertenecían a la misma Internacional—, da una respuesta más contundente: abandona el partido. El Partido Popular, que denuncia la deriva radical del PSOE por cosas como apoyar la alcaldía de Manuela Carmena en Madrid en lugar de inmolarse en conjunto aliándose con Aguirre, presta menos atención a la cantidad de cuadros jóvenes que lo abandonan por lo contrario: no mantener posturas rotundas e inequívocamente socialistas.

Pero, ¿qué es ser socialista?, se preguntaba Pedro Sánchez, mientras apostaba tímidamente por el sí en el referéndum. Tuvo que salir al rescate Felipe González tras vencer el No mediante un artículo en El País. La postura socialista era estar con unos y con otros. Si hay que elegir equipo, se va con Europa, pero sin dejar de comprender que los populistas tienen sus razones. Al fin y al cabo el PSOE no comparte las políticas de austeridad.

Bien, Felipe, bien. Corramos un tupido velo sobre que fue el socialista Zapatero el que cortó la cinta de esas políticas en España. Que el propio Sánchez votó a favor de la reforma del artículo 135 de la Constitución. Que fue el partido hermano Pasok el que, tras falsificar las cuentas y endeudar el país hasta lo indecible puso en marcha el rodillo de la austeridad. Que Merkel gobierna en coalición con los socialdemócratas. Que entre ellos, los liberales y los conservadores se han cocinado el guiso neoliberal intragable del euro.

Las personas del fondo aplauden a Susana Díaz tras conseguir el logro de abrir los brazos más que cualquier presidente anterior de la Junta.

Los afiliados andaluces aplauden a Susana Díaz tras conseguir el logro de abrir nñas los brazos que cualquier presidente anterior de la Junta.

Porque, a ver: ¿qué es ser socialista? Susana Díaz prefiere apoyarse en un partido tatcherista antes que uno próximo a Syriza. Y hace bien dado que, ¿cuál es el modelo económico que defiende el PSOE? En tiempos del Pablo Iglesias original perseguían el fin del capitalismo y la socialización de la propiedad. Luego, en su encarnación moderna, se borró del marxismo y se abrazó al mercado libre y al capitalismo de rostro humano (efectivamente: a poco que lo pienses dos veces te das cuenta de que suena a la tontunada que suena). Como el PSOE tampoco ha sido nunca de mucho teorizar, aquello se tradujo en la defensa del modelo neoliberal de los conservadores pero de buen rollo. Los asuntos del dinero son aburridos: mejor dejarlos en manos de tecnócratas. Lo de los socialdemócratas va más por defender los derechos civiles, el ecologismo de boquilla, la cosa del arte y la cultura, y la libertad en abstracto. Con los trabajadores se está de palabra y de cartel pero luego ya se votan políticas que no hacen más que machacarles. Pero que no lo hacen con mala intención, ¿eh? Es sin darse cuenta.

En España apenas se tardó en desenmascararlos: llegaron al gobierno en 1982 y ya en fecha tan temprana como mayo del 2011 el populacho coreaba el eslogan, PSOE y PP la misma mierda es. Sólo que la mayoría absolutísima del Partido Popular que vino a continuación distorsionó la interpretación de los hechos. Los españoles parecían apelar al ultracentroderecha y a la tecnocracia. Quizá el desagradable eslogan lo compartieran sólo 4 o 4.000 perroflautas. 40000 todo lo más. Muchos de ellos sin derecho a voto. Rajoy llegó a tratarse a sí mismo de líder de la oposición ya investido presidente; tan incapaz era de diferenciar su discurso del entonces secretario general Alfredo Pérez Rubalcaba.

Sólo que el pulso de la calle era otro. Y encontró cómo encauzarse tras la aparición de Podemos, de la que es fruto directo Pedro Sánchez. Rubalcaba hizo un último servicio a la patria y posibilitó sin contratiempos la sucesión real antes de retirarse.

Pero, ¿acaso el PSOE es un partido monárquico?, se preguntaron los escasos simpatizantes y militantes que aún creían que el puño y la rosa y las siglas eran algo más que un truco de marketing. Naturalmente que no, respondió la ejecutiva: el PSOE es un partido juacarfelipista sin perder la esencia republicana. Felipe González, tras consultar el archivo de las citas de conveniencia, aclaró mejor el concepto: El PSOE es un partido accidentalista, como dejó escrito el Pablo Iglesias original.

Pedro Sánchez y señora se levantan el pulgar a sí mismos tras conseguir el logro de parecer políticos serios como Dios manda.

Pedro Sánchez y señora se levantan el pulgar a sí mismos tras conseguir el logro de parecer políticos serios como Dios manda.

Tal enseñanza quedó grabada en Sánchez. Accidentalmente, hizo sus primeras apariciones descorbatado, con la camisa por fuera y mochila juvenil, cual policía secreta enviado a espiar un círculo de Podemos. Sólo que, accidentalmente, mantenía el mismo argumentario que el PP contra los populistas, bolivarianos y radicales. Hasta el punto de asegurar, accidentalmente, que nunca pactaría con ellos. Cosa que accidentalmente hizo pocos meses más tarde. Como accidentalmente tuvo que salir poco después, en su presentación como candidato a la presidencia del gobierno, con chaqueta de señor serio y corbata, acompañado por su santa y con un banderón de España de fondo. ¿Pero el PSOE había asumido la rojigualda impuesta por el franquismo más allá del imperativo legal? Accidentalmente.

¿Qué es ser socialista?, se preguntaba, entre aplausos y ovaciones, Pedro Sánchez en aquel momento. ¿Acaso botar de accidente en accidente? Lo cierto es que si logró ser el único candidato y sin oposición interna fue casi de chiripa. La renovación y el liderazgo de Pedro han llevado al partido a perder 750.000 votos desde el anterior peor resultado histórico. En otras circunstancias, las facciones en liza en su seno se apresurarían a buscar un muñeco sustituto. Pero, a pesar del batacazo, el número de votos de los populistas les permitió recuperar el poder en varías ciudades y autonomías. Y, por encima de otros méritos, el secretario general que reparte poder siempre es el secretario general preferido.

¿Qué es ser socialista? Nos preguntamos ante una ilustración doble de Pedro, uno descamisado y desvocalizado, otro trajeado y con tratamiento de don. Aparte del federalismo vacío. Del republicanismo juancarfelipista. Del neoliberalismo socialdemócrata. De la condena desde la izquierda a los partidos de izquierdas. De la ambigüedad de preferir por aliado a un partido tacherista que uno que defiende políticas socialdemócratas. Del laicismo católico. De la obediencia a los halcones neocom europeos hasta en la firma del TTIP, qué es ser socialista. ¿Qué coño es hoy el PSOE?

Pues eso: un accidente.

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