Salvando España con Federico Jiménez Losantos.

Otros países se salvan solos, pero el nuestro vive permanentemente acosado por dos fuerzas cuyo fin es destruirlo: los nacionalistas y la izquierda. Una realidad que acarrea que, mientras los profesionales de la prensa extranjera pueden dedicarse tranquilamente a informar, muchos de los nuestros carguen sobre sus hombros la responsabilidad de salvar España. Salvarla de los nacionalistas y la izquierda y también de aquellos líderes de la derecha cuya indolencia deja el país a merced de sus enemigos. Tal sucede con Federico Jiménez Losantos.

Federico escribió Lo que queda de España en 1979. Desde entonces viene profetizando la ruptura del país. Si uno graba sus intervenciones radiofónicas y las escucha al revés, encuentra en ellas un único espectral mensaje: Se roooooompee Espaaaaaañaaa.

Te meto con el micrófono y no lo cuentas.

Te meto con el micrófono y no lo cuentas.

Un temor y un temblor que se alargó durante los interminables años del felipismo y que se transformó en un estado de calma vigilante durante los gobiernos de Aznar. Luego vinieron el 11M y Zapatero a llenar las grietas de la nación de cartuchos de goma-2 ECO.

El hecho luctuoso le pilló al frente de los micrófonos de la emisora de la Conferencia Episcopal. Dirigía la santa casa el cardenal Rouco, que coincidía con Federico tanto en el temor por el desguace de España como en el diagnóstico de que la única forma de mantenerla entera es que gobierne la derecha per secula seculorum. Temor y diagnóstico en los que también coincidía el equipo del Partido Popular recién desalojado del poder.

Tiempos en los que Rouco, Federico y Acebes consensuaban un plan de derribo amplificado desde los micrófonos de la COPE. Tiempos de las grandes concentraciones de familias cristianas contra Zapatero, víctimas del terrorismo contra Zapatero, españoles de bien contra el Estatut de Catalunya de Zapatero y, en general, de cualquier grupo humano, espiritual o animal susceptible de ser utilizado para socavar el gobierno del PSOE.

La piedra filosofal del ataque fue el atentado del 11M. Federico se preguntó a quién beneficiaba y se respondió, pertinentemente, que a Zapatero. Eso explicaba la urgencia y la disposición del PSOE a imponer la tesis del atentado islamista, conclusión apresurada que pretendía relacionar la explosión de los trenes con el apoyo del gobierno de Aznar a la guerra de Iraq. Pero ya advirtió el mismo Aznar que los autores del atentado no se encontraban en montañas muy lejanas. Hilo del que tiró Federico para descubrir una conspiración de Al-Qaeda, ETA, los servicios secretos españoles, los servicios secretos franceses, los servicios secretos marroquís y la policía de Rubalcaba con el fin de llevar al poder al inútil de Zapatero.

Para reforzar la idea, recurrió al recordatorio histórico de la mano del historietista Pío Moa. Don Pío defendía y defiende que la guerra civil comenzó con la huelga general que organizó el PSOE en el 34 -de la que ya hablamos un poco aquí-, lo que viene a demostrar la genética golpista y antidemocrática del partido y su predisposición a tomar el poder por la fuerza.

El amo de las marionetas.

El amo de las marionetas.

Federico se convirtió en el guía espiritual de la derecha española y amplificó su influencia mediática desarrollando Libertad Digital, empresa participada amablemente por la caja B del Partido Popular y administrada por el feliz poseedor de una tarjeta black de Caja Madrid, Alberto Recarte.

Pero llegaron las elecciones de 2008. Y volvió a ganar Zapatero. Rajoy afrontó el resultado largándose a México, y Esperanza Aguirre maniobró para hacerse con la presidencia del partido. En el empeño de salvar España, Federico se puso del lado de la Lideresa y comenzó una furiosa campaña contra el maricomplejines de Rajoy.

Aguirre, como acostumbra a hacer, se echó a atrás en el último momento y, también como acostumbra a hacer, dejó a sus valedores a los pies de los caballos. Rajoy obtuvo el respaldo mayoritario en el congreso de Bulgaria, capital Valencia, y dio un giro a su estrategia de comunicación después de que cuatro años de matraca incendiaria no le dieran la victoria. Que eso acompasara con vengarse de quienes pretendían derribarle fue sólo un efecto indeseado.

A Federico lo echaron de la COPE. Para proseguir su misión, tuvo que inventar una emisora en internet con el único apoyo del núcleo duro del PP de Madrid. Algo que le sabía forzosamente a poco tras ser el niño mimado y subvencionado por un partido de dimensión nacional.

Suerte que hizo aparición un nuevo partido cuyo principio irrenunciable era la salvación de España, al que Federico acogió rápidamente como flotador de la derecha frente a la traición del maricomplejines. Arrastrando al resto del personal de su emisora, promocionó a bombo y platillo a Unión, Progreso y Democracia. Hasta que se metió en el berenjenal de personarse como acusación contra Bárcenas o Rodrigo Rato, casos que afectaban al mítico Partido Popular de Aznar, y de los que Federico obtuvo algún que otro beneficio.

Señala donde quieras, que ya te diré yo por dónde ir, ¡pardillo!

Señala donde quieras, que ya te diré yo por dónde ir, ¡pardillo!

Desengañado, llegó a las elecciones europeas sin decantarse por Vox o por Ciudadanos, nuevos botes de salvación para el español honrado y, valga la redundancia, de derechas. Vox resultó un bluff, pero Ciudadanos devino partido apoyado por el establishment para hacer frente a Podemos. El irreductible locutor se alió temporalmente con esos medios vendidos en su publirreportaje continuo de Albert Rivera y sus maniquís. La semana anterior a las municipales y autonómicas, su programa se convirtió en escaparate de los candidatos de Ciudadanos y en loa permanente al culto y sensato Rivera.

La noche electoral, Federico pudo dormir medianamente tranquilo. Aunque una coalición de terroristas de izquierdas le arrebataría la alcaldía a Aguirre, Cifuentes y Ciudadanos sumaban para retener la comunidad.

O no.

Un extranjero con conocimientos del idioma que escuche al melifluo, cantarín y complaciente hasta el vómito Federico previo al 24M, y lo compare con el sarcástico, faltón y exigente Federico que ha ido encabronándose más y más a medida que Ciudadanos ha ido vendiendo más y más caro su apoyo a Cifuentes, tendrá dificultades para encajar que se trata del mismo locutor hablando del mismo partido. Será necesario explicarle que Federico no destaca sólo en la defensa caballeresca de la nación española, sino también en el manejo de los asuntos prácticos. Defenestrado por el ala del PP que ocupa el poder central, privado de las facilidades de emisión y de los programas en directo pagados de parte de esos alcaldes populares que acaban de perder la silla, estrellada su máxima valedora en el intento de controlar el presupuesto de la ciudad de Madrid, la caída de la Comunidad controlada hasta hoy por Ignacio González le privaría de todo apoyo político y de toda posibilidad de cuadrar el presupuesto.

De ahí que, a medida que pasan los días y no llega el acuerdo, se ponga más y más nervioso y vaya en aumento su odio hacia Albert Rivera y su partido. No porque tenga el menor interés en las prebendas provinientes del poder político ni en su bienestar económico, que va, sino porque su pérdida de influencia resultará un factor determinante en el desguace de España.

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