La Espe, la Cris y otras gatas del barrio.

Una de las pocas que se salvan de la degollina que han supuesto las elecciones en el vecindario del Partido Popular es la candidata a la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. O como la conocemos en el barrio: la Cris.

La Cris partía en aparente desventaja: era demasiado progre para el perfil político y mediático del votante del Partido Popular en Madrid, que solía decantarse por señoras de ¡Santiago y Cierra España! como la Espe. Sus posiciones respecto al aborto, sus querencias hacia la nefanda república, o sus tatuajes de choni poligonera repelen tanto a las gentes de orden como a la Espe, quien, segura de arrasar, se apropió del presupuesto de campaña, le dejó por espacio de trabajo un trastero en la sede, y se preocupó de acaparar cualquier micrófono y cualquier cámara para resaltar sus diferencias con la niñata que ese presidente del que usted me habla puso al frente de la lista para la Comunidad.

-¿Eso que me estás clavando en la espalda es una aguja impregnada en veneno? -Calla y sonríe, so gilipollas, que hay que aparentar unidad.

-¿Eso que me estás clavando en la espalda es una aguja impregnada en veneno?
-Calla y sonríe, so gilipollas, que hay que aparentar unidad.

Había que oír a la Espe destrozando la vajilla la misma noche electoral, tras conocer que los votos no le daban para ser alcaldesa, pero que la Cris podía gobernar pactando con Ciudadanos. Para mayor humillación, había obtenido más votos que ella en la ciudad de Madrid. Mientras tanto la Cris, que otra cosa no pero discreta ha sido siempre, se carcajeaba hacia sus adentros y se frotaba las manos en la intimidad del hogar.

Se las prometía muy felices la Cris. Hasta se atrevió a salir en el programa de Wyoming para insultar doblemente a la Espe: apareciendo en el programa más radical de la cadena de televisión enemiga, y osando llevarle la contraria en sus afirmaciones de que Podemos es chavismo, comunismo, terrorismo y gripe aviar, y de que conviene formar un frente del bien contra ellos. El barrio entero interpretó que la Cris quería aprovechar sus resultados para escalar puestos hacía la dirección del partido en Madrid, en vista de las claras señales de senilidad de la Espe.

Pero quizá su pretensión era algo desmesurada. Cabe recordar que, hasta la misma noche electoral del domingo, la Cris era una mindundi en el seno de un PP de Madrid dominado a placer por la Espe.

La mayor parte de los nombres de los candidatos de su lista a la Comunidad de Madrid los escribió la Espe a boli. Y la Espe otra cosa no pero ha demostrado tener un ojo envidiable para separar el grano de la paja y ascender a los ladrones en detrimento de los honrados. Práctica que, a lo largo de los años y las mayorías absolutas, ha vaciado el partido de todo aquel que conservara el menor rastro de decencia.

Aquí la Cris choca con la palabrería que lleva predicando Ciudadanos toda la campaña. Porque si de algo presume la formación de Albert Rivera es de su lucha contra la corrupción. Donde ellos proponen unas líneas rojas infranqueables, la Cris sólo puede responder con el juego de la ruleta rusa: vosotros apretar el gatillo y darme el gobierno que lo mismo os sale bala y lo mismo no.

-¿Ves el Pirulí? Pues desde allí te puedes tirar. -Eso lo veremos, zorra.

-¿Ves el Pirulí? Pues desde allí te vamos a lanzar.
-Eso lo veremos, zorra.

El argumentario popular, aferrado desesperadamente a retener el poder en Madrid, pasa por desvincular a la Cris de ese partido del que usted me habla y lamentar la injusticia que comete con ella Ciudadanos, tratando de endosarle cadáveres con los que, a lo sumo, se ha cruzado una o dos veces en la sede del partido del que usted me habla.

La bufonada cala entre algunos vecinos pero nosotros, la verdad, pena ninguna. Excepto por los tatuajes de choni, la Cris nos ha parecido siempre un Gallardón con faldas. Una bienqueda que va de progre en televisión pero que se unió a aquella Alianza Popular orgullosamente franquista de Manuel Fraga, pisoteó la ley retirando cualquier combinación de colores republicana en la coronación de Felipe, y ha ejercido de delegada de gobierno en una de las etapas más brutales y represivas de las que los ciudadanos guardan registro.

Además que, dos semanas antes de las elecciones, escuchamos al economista Roberto Centeno escandalizarse porque llevaba de siete en su lista al corrupto de talla mayor Ballotín. Centeno telefoneó a la Cris para preguntarle cómo es que lo había escogido, y ella respondió que en el pasado le había hecho un favor importantísimo y se lo tenía que devolver. Lo que, tratándose de la organización de la que tratamos, remite inmediatamente a la primera escena de El Padrino. Es imposible precisar si Ballotín acarirciaba un gato o no. Lo que es más que seguro es que la Cris estaba allí.

Tonto será Albert Rivera si acepta el revólver que le tiende la Cris para pactar el gobierno de la Comunidad de Madrid. Tiene más balas dentro de las que caben en el cargador.

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