En defensa de Doña Esperanza.

A doña Esperanza Aguirre no se la dan con queso: si hay mendigos en las calles de Madrid es porque los ponen las mafias. Sabido es que, cuando un capo mafioso lega los diversos negocios a su descendencia, el que más se ambiciona es el de ir colocando pobres por las esquinas. Mucho más lucrativo, dónde va a parar, que las drogas, la prostitución y las armas.

Porque yo lo valgo.

Porque yo lo valgo.

Pero la sutil relación que establece doña Esperanza con las molestias ocasionadas al turismo nos lleva a sospechar que, lo mismo, la abundancia de sin techo obedece además a alguna otra causa. Por ejemplo, la de afear la recuperación económica conseguida por el Partido Popular. No resultaría extraño que, junto a las mafias, anduvieran en el negocio de los mendigos los marrulleros del PSOE. No sería la primera vez que los socialistas recurren a este tipo de trampas para arañar votos. Recuerden cuando colocaron las bombas en los trenes del 11-M, cuando hundieron el Prestige, o cuando Rubalcaba inventó la trama Gurtel. Tampoco es descartable que, estando el PSOE de capa caída, reciba en este afán el apoyo de Podemos, que emplea la millonada que recibe de Maduro en esas argucias y otras peores.

A poco que uno se detenga a pensarlo es una maniobra que necesita de una infraestructura al mismo nivel que la del 11-M. Implica a empresarios que se arruinen o que se hinchen a despedir gente. A bancos que denuncien los consiguientes impagos. A jueces que más tarde ordenen desahucios. A policías que los ejecuten a golpe limpio. A extras de la PAH. Y y lo más importante: a profesionales entrenados para anclar al suelo a las familias expulsadas de sus casas que, como todo el mundo sabe, en el transcurso normal de un desahucio se elevarían al cielo en cuerpo y alma, ahorrándose el trámite de la muerte. Exactamente igual que sucede con los vagabundos cuando les echas del centro de las ciudades.

Ahí les duele. No hay más que ver la polvareda que han levantado las sensatas declaraciones de doña Esperanza entre la progresía a sueldo y la de corazón. Que si es una oportunista que no tiene la más remota idea de lo que ladra. Que si criminaliza la pobreza y fomenta la xenofobia. Que si tiene flojos los escasos tornillos que la sujetan a la cordura. Que si la doctrina liberal que defiende es la del ala derecha del Partido Nacionalsocialista alemán… Todo con el fin de que los mendigos continuen en su sitio: ensuciando la brillante obra del Partido Popular.

Doña Esperanza, nobleza obliga, mide mucho sus palabras y no tiene por costumbre rebajarse entrando al trapo de ninguna polémica. Nosotros en su lugar no tendríamos el menor reparo en responder que, si tanto les gustan los mendigos, se los lleven a vivir a sus casas y problema solucionado.

Lo demás es populismo, demagogia, mentira, prepotencia y machismo.

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