Pista a Venezuela.

Mucho insisten los medios en la obviedad de que si gana el Coletas convertirá España en una dictadura castrochavista. Pero poco se valora la labor de anticipación del PP, que lleva preparándonos para que el cambio no nos traumatice durante los últimos cuatro años.

¡Aquí huele a asufre!

¡Aquí huele a asufre!

La caída del presentador de Las Mañanas de Cuatro, Jesús Cintora, es la última muestra. Antes cayeron los directores de El Mundo y de El País, y el programa La Noria de Telecinco, que no se plegaba a nutrirse exclusivamente de profesionales procedentes de La Razón y el ABC, ni a tener listas negras de rojos como Televisión Española. El despido de Cintora coincidió con la aprobación la ley mordaza, que pretende encauzar la libertad de expresión y manifestación dentro de límites tolerables para las personas de orden.

¿Y qué me dicen de la negativa de la Agencia Tributaria a atender las solicitudes del juez Ruz sirviendo de parapeto al partido en el gobierno? La misma Agencia Tributaria que poco antes se utilizó para cargar contra el opositor Monedero y lanzar sobre él a los periodistas del régimen. La que antes aún aceptó como buenas las facturas falsas que libraban a la hermanísima del Jefe del Estado de la acusación de delito fiscal. La mismíta cuya máxima responsabilidad recae sobre un señor, Montoro, que colabora como nadie en la introducción paulatina del chavismo: utilizando el aparato del estado para perseguir y amedrentar a los rivales de un lado y para favorecer a sus amiguetes de otro.

En esa tarea de utilizar las instituciones en beneficio de uno y de los suyos no le van a la zaga otros ministros como Morenés, de Guindos y anteriormente Cañete.

Y no sólo se preocupa el PP de venezuelizar los asuntos mundanos. De la misma manera que Maduro recibe instrucciones del comandante Chávez encarnado en pajarito, la ministra Fátima Bañez deja la solución del paro en manos de la virgen. La misma virgen a la que condecora el pío ministro del interior, Jorge Fernández Díaz, por su colaboración con nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad, a las que también ordena disparar contra inmigrantes que se ahogan como si fueran manifestantes venezolanos.

Todos ellos, con Rajoy al frente, han hecho del partido y del gobierno un carrusel de corrupción tan veloz como el que funciona en Venezuela. Tarea a la que han contribuido, con singular ahínco, desde humildes alcaldes de pueblo a tesoreros nacionales, pasando por un sinfín de altos y medios cargos tanto en el partido como en la función pública.

El liquidador.

El liquidador.

Justo es reconocer que los populares no afrontan la tarea solos. El otro partido mayoritario, el PSOE, pone también su granito de arena. El mismísimo Felipe González ha sido enviado a Venezuela a defender opositores para ir entrenando por lo que pueda pasar aquí. Nadie más adecuado que él, que puede compaginar la defensa con labores de asesoramiento a Maduro de cómo organizar grupos terroristas desde el estado, apalabrar venta de acciones de empresas venezolanas para Gas Natural, e impartir clases maestras de corrupción tanto a gobierno como a opositores. Además de un ex presidente y un intermediario ejemplar, González puede considerarse con toda justicia como precursor del chavismo, tanto por sus maneras como por su relación política y personal con Carlos Andrés Pérez, presidente ultracorrupto que llevó a Venezuela a los niveles de hambre y desastre que desembocaron en el apocalipsis bolivariano.

Y es que el bueno de Felipe ha servido de sustrato a muchas cosas; no hay más que escuchar la grabación de la delegada de gobierno de la Junta de Andalucía en Jaén, Irene Sabalete, ordenando a los empleados públicos dejar a un lado sus tareas y dedicarse en exclusiva a hacer campaña por el PSOE entre los empresarios que recibieron ayudas de la Junta. Bajo amenaza, claro está, de perder ellos sus empleos y los empresarios sus ayudas;  buena muestra de lo que supone convertir una fuerza política en un régimen.

Pasito a pasito han ido conduciéndonos a un régimen represivo y castrador de la libertad de manifestación y prensa. Uno imbuido del pensamiento mágico y empeñado en la tarea concreta de acabar con la separación de poderes y, ya por el camino, atracar el estado a manos llenas. Todo por culpa, claro está, del Coletas.

Para que luego digan que el Partido Popular no hace política.

P.D. No nos resistimos a manifestar nuestra alegría por la decisión del gobierno de volver a abrir la atención primaria a los inmigrantes. No es que nos importe la salud de los extranjeros —si querían una sanidad como Dios manda, que hubieran nacido en España— pero todos sabemos que traen de sus países enfermedades contagiosas. No hay más que ver el número de compatriotas contagiados de migración desde que el PP les privó de tarjeta sanitaria para concluir que la medida fue error peligroso.

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