Por una dictadura como Dios manda.

A pesar de lo que digan los conspiranoicos de Podemos, no hay nada extraño en que los medios de comunicación españoles se dediquen a informar mañana, tarde y noche sobre Venezuela. El estado venezolano siempre es noticia porque constituye una excepción respecto a los países de su entorno, que disfrutan de niveles de bienestar e índices de violencia semejantes a Suecia, y gozan de sistemas democráticos que son la envidia de cualquier país europeo.

Por eso da yuyu eso que dice Esperanza Aguirre que, de ganar Podemos, España tendrá un sistema similar al de Venezuela. Y no tanto porque se transforme en dictadura, que ahí tira que va, sino porque se convierta en una dictadura tan absurda como la de Maduro.

¿Pero cómo va a ir un dictador en chándal? ¿Qué será lo próximo? ¿Uno en bata y pantuflas?

¿Pero cómo va a ir un dictador en chándal? ¿Qué será lo próximo? ¿Uno en bata y pantuflas?

Aquí tuvimos una dictadura como Dios manda y todos sabíamos a qué atenernos: al que se oponía le tocaba juicio sumario, pérdida del puesto de trabajo, cárcel y hasta matarile. Pero en Venezuela es que no hay Dios que se aclare.

Por ejemplo, bien está que la Unión Europea exija la puesta en libertad del alcalde de Caracas, detenido por oponerse a Maduro. Pero cabe una exigencia previa: que expliquen qué demonios hace un opositor gobernando Caracas. Es como si Franco tuviera de alcalde de Madrid a Santiago Carrillo: antes o después lo habría tenido que detener por la prohibición que pesaba sobre la oposición en general y sobre los comunistas en particular. Por eso las dictaduras como Dios manda no convocan elecciones: encarcelan a los opositores desde el principio y se ahorran un montón de problemas, además de un dineral en campañas y en urnas.

Y tres cuartos de lo mismo sucede con los medios de comunicación. Pones Telecinco y aparece el director de un periódico venezolano denunciando la inexistencia de medios de comunicación libres. Lo que no se puede es soplar y sorber al mismo tiempo. O prohibes los medios de comunicación libres o no los prohibes; pero prohibirlos y que salgan a la calle a diario es una imbecilidad. Máxime cuando sus directores van denunciando esa prohibición por las televisiones del mundo entero. En las dictaduras como Dios manda, se ejerce la censura previa. Y el memo al que se le ocurre denunciarlo en los medios de comunicación de otro país se puede ir despidiendo de su puesto de trabajo, de su libertad y hasta de su vida.

En España consideramos esto expresar disconformidad de forma pacífica... Mientras suceda lejos de España.

A esto desde España se le llama manifestarse pacíficamente. Mientras sea fuera de España.

Y lo mismo respecto a la represión de los manifestantes. Se monta una escandalera porque en los disturbios del año pasado murieron seis manifestantes a manos de la policía, cuando lo realmente llamativo es que palmaron siete policías a manos de los manifestantes. Esa proporción ya no es que no sea propia de una dictadura —donde por cada policía, caen mil manifestantes—, es que no la consentiría ninguna democracia. Unos opositores capaces de provocar bajas policiales en ese número quintiplican el número de víctimas entre civiles sin entrenamiento y desarmados, que es lo que vino a suceder en Venezuela. Por eso una dictadura como Dios manda lo primero que hace es prohibir el derecho de manifestación. Más que nada para que no se te llene el país de barricadas ardiendo y tíos lanzando cohetes a lo loco, como le sucedía y le sucede a Maduro, que parece que desconozca el abc del dictador.

Con semejantes mimbres, normal que su credibilidad roce un nivel igual o menor que cero. No lo toman en serio los alcaldes golpistas, ni los directores de periódicos antichavistas, ni los manifestantes armados hasta los dientes. Tampoco lo toman en serio en el extranjero cuando denuncia un intento de golpe de estado de la derecha venezolana apoyada por EEUU, aunque ese sea el proceder habitual tanto de la derecha venezolana como de EEUU, y aunque sería lo más normal del mundo, dado que Venezuela flota en un charco de petróleo y, con un dictador como ese, a ver quién es el guapo que garantiza el suministro. Recuerden lo que ocurrió con Sadam Hussein quien, teniendo el país plagadito de armas de destrucción masiva, no sabía qué botón apretar e hizo el ridículo cuando atacaron los americanos. ¡Como para dejarle a cargo de los pozos petrolíferos!

Eso es lo que más nos preocupa respecto a la dictadura que, según Esperanza Aguirre, nos depara la victoria electoral de Podemos. Si montan una dictadura como Dios manda, tira que va. Pero lo que de ninguna manera puede soportar España es una dictadura de broma como la de Maduro, con sus peperos lanzando cohetes desde barricadas en llamas, su Eduardo Inda denunciando la censura gubernamental en todos los canales veinticuatro horas al día, y su Rita Barberá planificando golpes de estado al caloret.

Las cosas o se hacen bien o no se hacen.

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Una respuesta a Por una dictadura como Dios manda.

  1. Javi dijo:

    Buenísimo. Claro como el azul radiante de una mañana de verano.

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