Los principios políticos y su conciliación con la vida laboral.

Aunque varíen en la posición de los partidos y en cuál resultará ganador, todas las encuestas recogen una realidad impepinable: al PP y al PSOE les llega el ERE: la expulsión masiva de liberados, asesores y cargos públicos a la incertidumbre laboral y la cola del paro. Y casi tres cuartos de lo mismo sucede con los medios que, sin olvidar su cometido de proporcionar información veraz, empiezan a ver en globo las vías de financiación que vienen de las dos grandes formaciones políticas.

Eso explica el acanallamiento que se ha instalado en nuestro ambiente político y mediático, con ataques continuos y puñaladas traperas tanto entre las distintas fuerzas políticas como entre distintas facciones dentro de esas fuerzas, que la misma o más cara de tonto se te queda cuando los garbanzos te los roban los tuyos y cuando te los roban los otros.

Muchos son los llamados y pocos los escogidos, y eso provoca escenas como la de Antonio Miguel Carmona ofreciéndose a dirigir el PSOE madrileño sólo un día después de poner las dos manos en el fuego por su amigo Tomás Gómez. O, más recientemente, la de Aguirre siendo nombrada candidata a la alcaldía sobre la cabeza sumergida de su pupilo y mano derecha Ignacio González. Acontecimientos ambos en los que prensa y partido ejercieron acciones coordinadas de forma sutil. Y con sutil nos referimos a que firmaron las informaciones periodistas y no directamente sus autores políticos.

Ambas actuaciones, la de Carmona y la de Esperanza, se acogen a la perfección a la fórmula del ERE: a Tomás lo defenestraron por la sangría de puestos de trabajo que vaticinan las encuestas, igual que a Aguirre la nombran candidata porque es el único personaje del PP que mantiene el apoyo suficiente como para no echar el cierre —y puede que verse obligados a trasladar la producción a Alcalá-Meco—.

No es posible asegurar si doña Esperanza sabe más por vieja que por diabla o por diabla que por vieja, pero ha trascendido que se plantó ante el chantaje que intentaron hacerle desde la dirección nacional del PP: ser candidata a cambio de abandonar la presidencia del partido en la Comunidad de Madrid.

No hace falta haber estado presentes para adivinar en qué términos se produjo la conversación entre doña Esperanza y María Dolores de Cospedal, que fue quien propuso el trato:

—Esperancita, que hemos pensado que la candidata a alcaldesa vas a ser tú, pero que tienes que abandonar la presidencia del partido en Madrid.

—Me estás jodiendo, María Dolores.

—Que no, mujer: si es por quitarte ocupaciones. Como ya estás un poco mayor…

—Me estás jodiendo, María Dolores, y no sabes con quién te juegas los cuartos.

Y el golpe al colgar igualito que un disparo.

espeEn circunstancias normales, Doña Esperanza sabe que arrasaría por millones de votos. Pero, estando por medio los chavistas etarras de Podemos, ve a saber tú las trampas electorales que pueden producirse. Aunque remota, existe la posibilidad de acabar de concejala de la oposición. Cargo sin presupuesto, que no permite repartir empleos entre los fieles ni recompensas a los medios de comunicación amigos. Eso, para la señora Aguirre, es lo mismo que continuar corriendo en el aire sobre el precipicio una vez termina la tierra firme.

Así que doña Mamandurrias contestó que nones: abandonaría la presidencia del PP, pero sólo en el caso de salir elegida alcaldesa. El partido, por aquello de que Bárcenas ya no ronda por allí repartiendo el dinero que no robaba, anda en horas bajas, pero siempre será más rentable aferrarse con uñas, dientes y cola puntiaguda a su presidencia que quedar, compuesta, sin cargo y corriendo por el aire.

La dirección tragó, ignoramos si con intención de cumplir su parte del trato o con intención de defenestrarla —previa campaña en la prensa amiga— si palma en las elecciones.

No son escenas, es verdad, bonitas de ver. Pero resultan necesarias. Especialmente porque, cuanto más se achiquen los espacios, menos personal fiel puedes contratar y, en consecuencia, menos serán los que estén dispuestos a arrancarle la cara al adversario para mantenerte de jefe.

Pero, a pesar del espectáculo nauseabundo que ofrecen los grandes partidos de la mano de sus medios títeres, tampoco debemos caer en el error de tomar la parte por el todo. Tanto PSOE como PP gastan un ínfimo porcentaje de sus energías en tales tejemanejes: el 99% de su tiempo lo pasan teorizando sobre ideas políticas y sobre cómo aplicarlas para sacar adelante España.

Aunque se tengan que quedar sin comer.

Y sin mamandurrias.

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