El Debate sobre el Estado de la Nación y el Bronx.

En el mundillo del rap existe una tradición conocida como beef. Consiste en sacar a relucir a otro rapero en tus letras con obvia intención de faltarle al respeto.

Casi todo el rap, incluso el que presume de mensaje, viene a ser una metáfora en rima sobre la propia polla. Órgano que, por licencias poéticas y necesidades del ritmo, siempre aparece en superlativo. Así pues, reducido a su esencia, el beef consiste en que un rapero le dice a otro que tiene la polla más grande que la suya y el aludido responde que su polla es dos veces mayor. Así sucesivamente.

Mc Rajoy, madafackas...

Mc Rajoy, madafackas…

¿Cómo se resuelve el beef cuando ambos oponentes se mantienen en sus trece? Al tratarse de pollas metafóricas y tamaños autoatribuidos no vale la cinta métrica. Serán sus respectivos seguidores los que se manifiesten a favor de una u otra macropolla, normalmente menos interesados en su medida real que en la habilidad, el vocabulario y el estilo con el que se presume de tal medida. No es igual decir tengo una polla de dos kilómetros que decir mi polla es la quinta dimensión de la caja B del Partido Popular. Como no es lo mismo enumerarlo en tono neutro que emplear el total de las notas de la escala. Sin olvidar la importancia de la forma de vestir y de posar.

A la postre, importa más la ceremonia que el significado. Cuenta más la ejecución del rito que su correspondencia con el sistema métrico.

Cualquier pedagogo de medio pelo determinaría que es una manifestación artística relacionada con la confusión adolescente y la necesidad de afirmar la propia identidad; incluso enlaza con el bestialismo de marcar territorio y destacar ante el sexo opuesto de la especie. Madurar consiste, en cierta medida, en comprender que el ego es lo opuesto al todo y que cuanto más te reafirmas en el primero más te pierdes lo segundo. Madurar consiste, en cierta medida, en determinar que la necesidad de otorgarte a ti mismo medalla de oro, lugar preferente en el podio y título de campeón mundial de los pesos pesados de los rabos metafóricos, define en realidad el tamaño de tus complejos y tu falta de seguridad en la existencia real de tales atributos. Madurar consiste, en cierta medida, en comprender que sólo sirven las medallas que te otorgan los demás. De ahí que ciertos géneros musicales y ciertas afirmaciones adolescentes producen condescendencia a ciertas edades, y lástima y vergüenza ajena a otras.

Viene a ser más preocupante cuando el fenómeno se traslada a otros ámbitos. Cuando un señor viscoso y tirando a fofo que se valió de engaños financiados en B para que los españoles le hicieran presidente del gobierno confunde un debate sobre el estado de la nación con uno sobre el tamaño de su polla metafórica. Ni que decir tiene que sin mostrar la mercancía. Entonando un monólogo sin ritmo ni flow que versa únicamente sobre lo magnífico, extraordinario, esplendoroso, inaudito, colosal  y excelente que es su propio rabo figurado.

Tu madre es una foca.

Tu madre es una foca.

Valiéndose, en lo estilístico, de medidas de un sistema métrico manipulado. Sin aclarar si desde la base o desde la punta o si en frío o en caliente. Como aquel que se ciñe a que entre el miércoles y el viernes de la última semana de noviembre aumentaron un 4% los contratos indefinidos para explicar la marcha del mercado laboral.

Metáforas sesgadas sin mayor consistencia que las que se empeña en otorgarles la crew de diputados que aplauden, patalean y ovacionan a su púgil, aunque sus presunciones carezcan del menor contacto con la realidad e incluso del menor atisbo de sentido.

Y no sólo el mc presidente, Rajoy, presume de lo que le cuelga. Las réplicas no le van a la zaga. Rabos metafóricos de estilo tramposo. Poco más.

Bien es verdad que cuando el combate se plantea en dichos términos poca oposición puede hacerse, más allá que tratar de desmentir el tamaño de la polla del rival y reafirmar el de la propia. Un discurso mensurado, racional, pasaría desapercibido. El estado de la nación ni está ni se le espera.

Y no sólo dentro de la cámara. La prensa, en modo adolescente, celebra el triunfo de su mc político favorito con la misma pasión con la que brinca la chavalada en un bolo de Violadores del Verso. Todos los titulares pueden reducirse a uno: “El mío la tiene más grande”. El estado de la nación ni está ni se la espera.

Piensen en ello cuando vean a un adolescente con la gorra del revés y gesticulando de esa forma que no se sabe muy bien si obedece a imitar a un negrata del Bronx o a una lesión cerebral. Piensen en que la manera de manifestarse y de actuar de los timoneles de nuestra patria no difiere gran cosa de esa imagen por más que vistan traje y corbata. La única diferencia, quizá, es que la inmensa mayoría de los políticos no superaría las eliminatorias preliminares de una batalla de gallos a nivel regional.

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