La deuda griega y los hijos de puta.

Se conoce que a los griegos les incluyeron en Europa como reconocimiento a su invención de la democracia. Sin imaginar, claro, que con el paso de los siglos se habían convertido en una banda de mangantes que pasan el día bebiendo y bailando el sirtaki y tocándole el culo a las turistas. Cuando se quedan sin blanca, telefonean llorosos a algún primo alemán que, incauto, les gira unos miles de euros con los que seguir la juerga.

Un país cuya población vive inmersa en tan festiva huida hacia delante llega por fuerza un momento en que se queda sin terreno. Necesita que alguien lo salve de sí mismo.

De modo que la Unión Europea se pone en modo Proyecto Hombre y acude en auxilio de los degenerados. Invierte millones de euros en programas de rehabilitación que espera le sean devueltos tras la reinserción del sujeto. Programas en los que hay que ir profundizando, con mayor coste, por su inercia viciosa. Y, cuando parece que entran en vereda, llega un gobierno que se caga en la disciplina y en la rehabilitación. Que pretende desentenderse de sus benefactores europeos, recuperar sus vicios y continuar la fiesta.

"Mariano, sé fuerte".

“Mariano, sé fuerte”.

Al menos eso sacamos en claro tras consultar los medios de información patrios. Aunque nos asalta, sin saber a qué, una suerte de deja vu por transferencia.

Recordamos a Rajoy en campaña: se comprometió a no hacer como Zapatero y a no dar ni un euro público a la banca. Descartaba a creación de un banco malo que se hiciera cargo de los negocios inmobiliarios fallidos. Recordamos que incumplió desde el primer día para correr al rescate de las oligarquías corruptas. Que nacionalizó sus derroches, sus deudas, sus saqueos y sus locuras. Que no dudó en convertir deuda privada en pública y en transferir rentas desde las clases bajas a las altas. Que saqueó el fondo de las pensiones. Y que aún así ha llevado la deuda pública casi al 100% del PIB.

Ni el conjunto de españoles ni el conjunto de votantes del PP aprobaron esas medidas. Pero aquel que no esté en el día a día las interpretará en general y en base a sus resultados. Un primo alemán que lea en el periódico que España tiene una deuda del 100% del PIB pensará que los putos españoles se pasan el día tocando la guitarra, durmiendo la siesta, tocándole el culo a las turistas en las corridas de toros y viviendo de prestado. Para colmo, según dice la página de al lado, amenazan con votar un partido que predica el impago de la deuda y la barra libre.

Grecia no es España. Aunque comparte con España una oligarquía corrupta, iglesia terrateniente incluida, que ha configurado el estado a su antojo y que lo emplea cual compañía de seguros para sus negocios, a la manera de un Florentino Pérez ateniense. Oligarquía que apenas paga impuestos pero que no por ello se priva de evadir capital a mansalva.

También comparte con España el desguace de la industria y el recorte en la agricultura derivados de las condiciones leoninas que les impusieron para entrar en el mercado común, así como el incremento del gasto militar que les supuso integrarse en la OTAN.

Condiciones de partida que, como aquí, no les impidieron surfear la ola de la burbuja financiera y el crédito a chorro, con especial afición antes y durante los Juegos Olímpicos de 2004 que, a día de hoy, nadie es capaz de cuantificar cuánto costaron ni cuánto se robó.

A Grecia, igual que a España, por entonces los créditos le salían más caros que a países de fiar como Alemania. Y aún más caros les hubieran salido de conocerse el estado real de sus cuentas: ya en el 2000 su deuda rebasaba el 100% del PIB.

En su ayuda acudió Goldman Sachs. Trucando el cambio de moneda y corriendo unas cifras de aquí para allá, falsificó las cuentas con el hago como que no miro del Banco Central Europeo que presidía entonces Jean-Claude Trichet. Como categoría, más que como anécdota, vicepresidía Goldman un tal Mario Draghi, hoy presidente del BCE. A Goldman, faltaría más, nadie le ha exigido responsabilidades en el desaguisado.

Barra Libre. Paga Merkel.

¡Barra Libre! ¡Paga Merkel!

Los griegos funcionaron así hasta que se descubrió el pastel. Momento en que la banca francesa y alemana, prestamista principal, llamó a la solidaridad de los pueblos europeos: había que rescatar Grecia.

Como escribía el recién electo presidente Tsipras en su Carta abierta a los trabajadores alemanes lo mejor que se les ocurrió fue tratar un problema de insolvencia como uno de liquidez. Cuál empresa de crédito inmediato de las que se anuncian en la tele, la Unión Europea transfirió una millonada a un país que ya no tenía forma de devolver el dinero que le habían prestado anteriormente. Aparente imbecilidad que, sin embargo, tiene su sentido: de los 110.000 millones del primer rescate, la banca griega se apropió de 108.000 y los transfirió de inmediato a su homónima francesa y alemana. Total los iba a devolver el ciudadano griego, que cada vez trabaja más para ganar menos, y paga más impuestos a cambio de menores y peores servicios.

Aunque las ondas herzianas y gubernamentales machacan con la irresponsabilidad de los griegos, lo cierto es que nadie alcanza a explicarnos cómo se paga una deuda del 175% del PIB. Ni, ya de paso, una del 100%. Si todo lo que produces se dedica a abonar ya no la deuda sino sus intereses, es imposible pagar a menos que multipliques la producción. Cosa que ni sucede ni puede suceder cuando tu producción está ahogada por esa misma deuda.

Visto así, resulta evidente que una mejora en las condiciones de pago sujeta a garantizar los derechos básicos de la ciudadanía, no sólo beneficiaría a Grecia sino también a España. Que Rajoy se comporte como el más feroz guardián del pago a tocateja no obedece en absoluto a nuestros intereses como país. Obedece a que el triunfo de Syriza supondría su derrota. Bueno, a eso y a que Rajoy representa y defiende a la misma banda de hijos de puta que han arruinado Grecia y también España.

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