La Gran Coalición y otros éxitos.

A los ciudadanos de este país no nos vendría mal la capacidad de hacer flashback, como los vecinos del pueblo de Amanece que no es poco.

Retroceder, por ejemplo, a febrero de 2009, cuando presentó su dimisión el ministro Mariano Fernández Bermejo porque le pillaron cazando en una autonomía con licencia de otra.

El consejero de Gas Natural en el PSOE reflexionando sobre la Gran Coalición.

El consejero de Gas Natural en el PSOE preocupadísimo por el destino de España.

O ir, a saltos, más atrás: a los enconados debates de los portavoces del PSOE primero contra los de Alianza Popular y después contra los del PP. Rojos contra azules. Izquierda frente a derecha. Representantes de dos posturas irreconciliables que parten de concepciones opuestas del mundo.

Descansar un momento en mayo del 2011. Observar a los ofendidos líderes y portavoces del PSOE desmintiendo el eslogán PSOE y PP la misma mierda es que se propagó el 15M. Reivindicando su distancia con la derecha de misa, gomina y doberman durante sus ciento no sé cuántos años de historia.

O hace apenas seis meses: cuando el PSOE esgrimía su ideal social y de progreso frente al conservadurismo elitista del PP antes de las elecciones europeas. A espaldas de sus afiliados, sus simpatizantes y sus votantes ya se habían repartido votaciones y cargos con el PP, pero eso resulta irrelevante respecto al tema que tratamos, que es el de la creación de un imaginario colectivo en el que dos fuerzas se presentan tan incompatibles como Mariano Rajoy y la verdad.

Ahora no dimites hasta que lo ordena el juez ni aunque te pesquen diciéndole hacemos lo que podemos y sé fuerte al tesorero de tu partido encarcelado por corrupción.

Igual que no chirría que los portavoces del PP y el PSOE se hagan carantoñas, se pasen notitas y se finjan pícaramente esquivos aguardando a que el otro se declare primero.

Los agitadores de la derecha, que hasta ayer mismo repudiaban al PSOE como partido radical, guerracivilista, nulo en lo económico y organizador del 11M en lo criminal, rompen una lanza a favor de la Gran Coalición, como si llevaran defendiéndola desde siempre. Hasta los empresarios, que llevan toda la democracia ajuntando a los populares en el tendido de sol y moviendo los hilos del PSOE en el de sombra, manifiestan que, dado que les vale igual que gobierne uno que otro, el gobierno de la Gran Coalición sería lo fetén.

Lo que es bueno para los presidentes de Telefónica, Repsol y Bankia es bueno para ti: vota Gran Coalición.

Lo que es bueno para los presidentes de Telefónica, Repsol y Bankia es bueno para ti: vota Gran Coalición.

La construcción de este engendro, claro, resulta menos arriesgada para el PP que para el PSOE. Los votantes populares aceptarán sin mucho remilgo un pacto con lo malo socialista conocido antes que un gobierno de lo malo comunista por conocer. Pero una amplia masa de afiliados, simpatizantes y votantes del PSOE, vaya usted a saber por qué, se encuentra ideológica y sentimentalmente más vinculada a las otras izquierdas que a los sucesores de los que fusilaron a sus antepasados contra la tapia del cementerio. Las izquierdas son así: revanchistas.

Es decir: mientras que para el PP la Gran Coalición es una maniobra temporal destinada a mantenerse y mantener la estructura de poder tal y como está, para el PSOE es un paso sin vuelta atrás que, además de mantener la estructura de poder tal y como está, rompería el partido. Su dilema tiene que ver más con mantener a un pequeño número de dirigentes incrustados en esa estructura sacrificando a sus militantes, sus simpatizantes y sus votantes o no hacerlo.

Es ocioso especular con ello; a un año de las generales, las alianzas dependerán más del desarrollo de los acontecimientos y del resultado de las municipales y autonómicas que de un plan predeterminado. Lo que no es tan ocioso es observar como la única Gran Coalición que se contempla y se promueve es la de los socialistas y los populares, sin ni siquiera observar la posibilidad de una alianza entre el PSOE, Izquierda Unida y Podemos o entre cualquiera de los tres. Como de lo que se trata es de naturalizar una situación que era impensable hace apenas un año: que un partido dizque progresista prefiera aliarse antes con los conservadores de misa, gomina y doberman que con sus afines ideológicos.

Confían, claro, tanto en su capacidad para imponer un imaginario colectivo como en nuestra incapacidad de saltar hacia atrás en el tiempo. Ni siquiera hasta las elecciones andaluzas del 2012, cuando el antecesor de Susana Díaz no pestañeó un segundo antes de aliarse con Izquierda Unida para arrancarle de las manos el gobierno al PP, esgrimiendo su determinación de no permitir que gobernara la derecha cuando estuviese en su mano.

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