Filosofando con Cayo Lara.

Cierto que los comunistas pintan nada y menos en el escenario político español, pero a los comunistas conviene vigilarlos siempre: la historia demuestra que se bastan unos pocos para liarla y que luego tardas 74 años en desalojarlos del poder como pasó en Rusia.

Por eso el pasado domingo me calcé las gafas de aumento y la barba postiza, y acudí al encuentro Político-Programático de Izquierda Unida. Bueno, a decir verdad, sólo al acto de cierre. O, para ser del todo sinceros, lo que duró el discurso del todavía coordinador federal, que una cosa es el espionaje y otra el masoquismo.

No se alargue mucho, abuelo, no vaya a perder el autobús.

No se alargue mucho, abuelo, no vaya a perder el autobús.

No fue, con todo, un mal discurso. Siempre dentro del género de la parábola o el comunismo de misa de once al que nos tiene acostumbrados don Cayo Lara.

Comenzó con la denuncia de una estrategia diseñada para acabar con IU. En todo lo alto. Reivindicando la bella tradición de manía persecutoria y paranoia que los comunistas elevaron a categoría de arte en los felices tiempos del telón de acero.

Como Lara aportó las mismas cero pruebas que necesita Iker Jiménez para emitir un especial de seis horas, toca interpretar esa revelación en el contexto donde una fuerza emergente, Podemos, le está segando la base electoral a su partido con apoyo de los medios de comunicación del Capital —ese enemigo unas veces abstracto y otras concreto, pero siempre socorrido para remendar tanto el descosido de la hoz como el roto del martillo—.

Si seguimos la parábola, el Capital lleva los últimos cuarenta años sin salir de casa por miedo a la organización de Lara. Se conoce que en las reuniones, comilonas, francachelas y cacerías, los consejeros del IBEX no se dedican a otra cosa que a detectar los planes subversivos de Izquierda Unida y contrarrestarlos.

No en vano IU, sigue contando, ha sido el ariete contra el bipartidismo tanto en la calle como en las instituciones.

Tirando de ese hilo, y en otra sibilina alusión a Podemos, Lara advierte que debemos fiarnos más del original que de la fotocopía.

Aquí nos adentramos en razonamientos marxistas de mucho nivel: un enardecido Lara explica que las fotocopias pueden borrarse, se las puede llevar el viento, pero el original sigue ahí, forma parte de las raíces profundas de un árbol frondoso.

Es una proposición que conviene diseccionar con calma puesto que, en condiciones ambientales similares, el original y la fotocopía tienen exactamente las mismas posibilidades tanto de borrarse como de que se las lleve el viento. El tiempo que tarden dependerá de la calidad del material empleado en un caso, y del anclaje y el peso en otro.

Es decir: en la parábola de Lara, el original no es cualitativamente superior a la fotocopia. Si a esto añadimos que el contenido es, por definición, el mismo en uno que en otra, ¿cuál es la diferencia?

La respuesta hay que buscarla en la segunda parte del enunciado: el árbol que hunde sus raíces en la tierra. Dado que Lara no es hoja sino comunista, y dado que la organización en que milita no es árbol sino pártido, colegimos que el coordinador de IU toma el árbol por el Partido y la tierra en la que hunde sus raíces profundas por la Historia.

O lo que viene a ser lo mismo: el contenido, que es similar en el original y la copia, importa un carajo. Lo esencial, lo irrenunciable, es el continente. El original: el árbol/partido al que se transfieren por arte de magia las cualidades positivas del contenido. Ahora, desde siempre y para siempre.

Así lo dice: hay que mirarse en el espejo, en el espejo de nuestra historia, las luchas, renuncias, sacrificios… Y añade: la memoria de los Rafael Alberti, Miguel Hernández, Dolores Ibárruri

Terminar con una reclamación reaccionaria de los derechos de autor sobre las luchas e ideas progresistas fue la guinda perfecta para un discurso que, desde su enunciado conspiranoíco, no obedecía más que a un motivo: la exhibición de un fetiche construido a través de la idealización sentimental de las siglas.

Así teníamos al Régimen antes de que apareciera Podemos: ¡cogido por los cojones!

Así teníamos al Régimen antes de que apareciera Podemos: ¡por los cojones!

Dentro de la tradición del comunismo de misa cae en el subgénero del marxismo de tonadillera. Pena, penita, pena y corazón partido. Rencor de no me diste lo que me debías y me habías prometido. Nostalgia del cielo que jamás conocí. Ripio fácil. Orgullo del sufrir y el perder. Folclore cortado por el mismo patrón mediante el que pide adhesión la iglesia católica, otra organización experta en trasferir las cualidades positivas del contenido al continente.

Basura religiosa, vaya. Pero no conviene olvidar que los comunistas son maestros de la doblez y el sobreentendido. Expertos en emplear códigos para que su enemigo, el Capital, se confíe y llore de risa, mientras los iniciados, la vanguardia, comprenden el mensaje superior del líder y lo llevan a la práctica.

Al recurrir tan recurrentemente al fetiche, al convertirlo tanto en protagonista como en única acción de su parábola, Lara le indicaba a su sucesor que el peso que les lastra a la hora de no correr como Podemos es el propio fetiche.

Si el contenido de la fotocopia es similar al original y el público opta por la fotocopia, elegir a uno o a otro tiene menos que ver con las ideas que con la credibilidad de quién las ofrece; es decir: de la raíz profunda; es decir: del partido; es decir: del fetiche.

La ridícula ñoñez de acudir a la gloriosa historia y a los mártires puede levantar aplausos en el interior del pequeño recinto. Pero fuera la percepción del fetiche es muy otra.

La continua autoafirmación en la grandeza del fetiche no altera el hecho material de que su líder fuera recibido con cubos de agua helada cuando acudió a hacerse la foto, como uno más, a aquel primer 15M del lo llaman democracia y no lo es. Izquierda Unida fue expulsada de la primera reacción social contra la totalidad de ese régimen del 78 que tan buenos dividendos ha reportado al Capital, tal y como si fuera una parte fundamental de dicho régimen, desde los asientos del parlamento hasta los del consejo de administración de Caja Madrid.

Donde el militante fetichista lamenta el lavado de cerebro al que ha sometido el Capital a las clases trabajadoras, el líder marxista, que razona entre los límites de la evidencia material y la más despiadada autocrítica, esto es, Lara, no puede alcanzar otra conclusión que la de que sacar pecho como ariete contra el bipartidismo en el parlamento y en la calle, o reclamarse propietario de los derechos de autor de la lucha, es la manera más neciamente ilusoria de enfrentar la realidad de una organización política que, aparte de folclore, no cuenta en su haber con una sola victoria. Ni en el parlamento ni en la calle.

Traiciones, renuncios, incoherencias, ridículos y apaños, en cambio, sí ha tenido unos cuantos.

Sólo entendiendo hasta aquí el taimado razonamiento de Lara, estaremos en disposición de entrever la línea maestra táctica —secreta, como todas las suyas— que emana de esta reunión político-programático de los comunistas, y que se codifica en la sutil comparación entre el original y la fotocopia.

El original.

El original.

La fotocopia de la que habla Lara no es Podemos. La fotocopia, evidentemente, es la propia Izquierda Unida, organización que procede de pasar por la multicopista al Partido Comunista de España o PCE para los remolones. PCE eurocomunista que era a su vez fotocopia del PCE de ideología y obediencia soviética que pervivió hasta finales de los 60. PCE que, como el resto de partidos comunistas del mundo, era fotocopia de la fracción bolchevique del Partido de los Socialdemócratas de Rusia liderada por Lenin.

Ese y no otro es el original al que se refiere Lara; la clave para entender la táctica de los comunistas de ahora en adelante: mantener la máscara del fetiche entre que se dejan y no se dejan absorber por Podemos y, mientras tanto, infiltrarse en los círculos y en cualquier organización ciudadana a la manera bolchevique: hablando menos de historias gloriosas y fetiches, que de pan, paz, trabajo y iphones, para instaurar la dictadura del proletariado y mantenerse en el poder durate los próximimos ochenta años.

Eso o que, efectivamente, el nivel ideológico y político de una organización cuya flor y nata aplaude las parábolas nostálgicas, derrotistas, fetichistas, distorsionadas, sesgadas y absurdas de un discurso así es realmente el que parece.

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