José Carlos Díez y el discurso del método.

El sábado por la noche encendí la tele y apareció un economista calvo, calificativo que sólo puede juzgarse con intención peyorativa en un país tan dado al humor grueso como este. Al de economista me refiero.

Tienes muuucho sueño... Te peeesan los pááárpados...

Te peeesan los páárpados… Eres incapaz de mantener los ojjos abiertos… Sueeño… Tienes muucho sueño…

El economista calvo parece ser de mucho prestigio: figura en el plantel de numerosas instituciones dedicadas al enriquecimiento de los ricos, y ha sido asesor de diversos gobiernos empeñados en lo mismo.

Un repaso fugaz a sus éxitos nos dará la talla de este profesional: en 2007 negó la existencia de la burbuja inmobiliaria y calificó a la economía española como pura sangre. En 2009 aseguró que el mercado inmobiliario se estabilizaba y que la venta de viviendas iba a tirar como un caballo de carreras. No contento con ello, advirtió que mucho ojito con demonizar el funcionamiento del sistema financiero español, poniendo como ejemplo la excelente gestión de las cajas de ahorro.

No se necesita haber aprendido a sumar con los dedos para sospechar que el prestigio del economista calvo tiene menos que ver con sus logros que con su capacidad para exhibir una cara de cemento.

El caso es que lo sacaban para demoler el programa económico de Podemos, propósito que está muy bien, porque todo el mundo sabe que Podemos es un partido bolivariano y castrocomunista que de ganar las elecciones instalará reactores bajo el suelo de España y nos llevará, volando por los aires, hasta un punto equidistante entre Cuba y Venezuela.

En el momento que pesqué la emisión, peroraba sobre la tan traída y tan llevada auditoría de la deuda, su posible restructuración y el impago de la que se determine como ilegítima. El economista calvo aseguraba que esa medida desencadenaría las cien mil plagas del Apocalipsis, incluyendo la de que los países civilizados seccionen Europa a ras de Pirineos y nos manden, empujando por el mar, hasta un punto equidistante entre Cuba y Venezuela.

Servidor no es quien para cuestionar a tan exitoso profesional del engorde de cerdos, pero tampoco me queda la cosa clara. Se me escapa, por así decirlo, el concepto.

Porque cualquiera podría discurrir que a este tío le pagan por afirmar que nuestra obligación es comernos una deuda que, como su propio nombre indica, es ilegítima y además sin rechistar. Que estamos obligados a abonar las ocurrencias y trapacerías de la clase especuladora nacional e internacional por temor a las ocurrencias y trapacerías de la clase especuladora nacional e internacional.

El concepto aquí parece ser que miles de años de civilización humana no han servido más que para que, hoy día, se requiera de título universitario y varios master para enumerar exactamente la misma filosofía que cualquier labriego anumérico lleva conociendo desde el neolítico: Hay que obedecer al amo y achantar la mui. Que el mismo discurso para apuntalar el orden jerárquico impuesto que en otro tiempo encarnaban brujos, hechiceros, profetas, mesías, sacerdotes y, en general, todo tipo de charlatanes genuflexos, se materializa hoy en forma de economistas calvos o con pelo.

España va bien.

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