Pedro Sánchez y Susana Díaz: indecencia y desfachatez.

En cierto momento de su vida histórica, los grupos sociales se separan de sus partidos tradicionales. Esto significa que los partidos tradicionales, con la forma de organización que presentan, con aquellos determinados hombres que los constituyen, representan y dirigen, ya no son reconocidos como expresión propia de su clase o de una fracción de ella

Antonio Gramsci.

El nuevo PSOE lo lidera un centauro bicéfalo, con un par de cabezas intercambiables que responden a los nombres de Pedro y Susana. El uno hace de secretario general elegido en primarias por una militancia cuya federación mayoritaria, que reclamó el voto para él, dirige la otra.

La Virgen, la legión y Jesusito nos salvan del populismo.

La Virgen, la legión y Jesusito nos salvan del populismo.

Cuando a la cabeza de Susana le preguntan el porqué de la debacle electoral de su partido, responde que los españoles no supimos entender las medidas tomadas por el gobierno de Zapatero. No es que traicionarán su programa, que estuviéramos en desacuerdo con ellas o que agravaron lo que prometían arreglar, qué va: es que no supimos entenderlas.

La otra cabeza, la de Pedro, no sólo entendió las medidas sino que las votó y las aplaudió hasta que le dolieron las manos.

Habrá que deducir entonces que ambos dirigentes comparten las medidas antisociales que nos impuso la ortodoxia neoliberal. Las mismas que comparte el PP y que están dando los resultados que todos conocemos.

Sería tentador interpretar que las nuevas cabezas del socialismo español defienden la misma ideología que el antiquísimo Partido Popular de Rajoy. Pero me temo que es peor. Me temo que carecen de ideología por completo.

Una ideología implica un posicionamiento político basado en la defensa de un modelo de sociedad. Confronta con otras en las distintas formas de enfocar asuntos como el reparto de la riqueza y el poder. Las dos ideologías que chocan en nuestro sistema, básicamente liberalismo, socialismo y derivados, atesoran una larguísima historia de principios, estrategias, argumentos, éxitos y fracasos que sirven para dar la batalla en el terreno de las ideas.

¿Pero qué bagaje lector tienen Pedro y Susana? ¿Qué conocimiento histórico? ¿Cuáles son los teóricos que determinan sus métodos de interpretación de la realidad? ¿Sobre qué base asientan la orientación de sus políticas?

Pues, a juzgar por sus palabras y sus actos, ninguno, cero y nulas. Las referencias políticas de este líder hermafrodita, ambidiestro y bicéfalo parecen consistir en el palurdismo de arrimarse al ascua del líder socialdemócrata al que mejor le vaya en cada momento. Hoy Renzi. Ayer Hollande. Anteayer, Blair. Eso y encender velitas a los líderes de su partido que lo petaron, como Felipe González. Pero a lo grueso, eh, sin entrar en detalles. No les preguntes qué comparten con Felipe o con Renzi porque responderán con naderías. Aquí la perspectiva se invierte: el éxito electoral y mediático determina el método a seguir y no al contrario. Toda ideología se resume en un dejarse llevar por el viento.

Quieras que no es bastante más cómodo: así uno puede votar y aplaudir los recortes y las reformas de la Constitución que siguen la ortodoxia neoliberal, y al minuto siguiente reclamarse izquierda progresista frente a la ortodoxia neoliberal del PP. No faltan a sus principios porque carecen de ellos. Por carecer, carecen de la mínima formación como para albergar unos principios dignos de tal nombre.

Pedro Sánchez recomendándole a Jorge Javier que tenga cuidado con el populismo.

Pedro Sánchez recomendándole a Jorge Javier que tenga cuidado con el populismo.

La cabeza de Pedro, por ejemplo, no se priva de advertir la venezuelización que nos traerá Podemos al tiempo que reivindica a Felipe González por referente. Cabe conectar ambas cosas porque uno de los mejores financistas, intermediarios, amigos y modelos a seguir para Felipe fue Carlos Andrés Pérez, turbopresidente cuyas privatizaciones corruptas y saqueos a la carta llevaron a Venezuela a unas tasas de pobreza de más del 80%. Tras el desaguisado, respondió al descontento de la población con las fuerzas armadas, con un resultado de 276 muertos reconocidos y 2000 que nunca se llegaron a encontrar. No seremos tan osados como Pedro; no supondremos que ese modelo de país es el que defiende él para España. Lo que sí supondremos es que Pedro, bien no tiene la más remota idea de lo que sucede y ha sucedido en Venezuela, bien nos engaña. Que es un ignorante, un vendemotos o una mezcla de ambos.

De líderes como estos solo cabe esperar lo que hacen: presentar candidatura con la promesa electoral de convocar primarias en noviembre y retrasarlas, por sus santos cojones, tras salir elegido. Comprometerse a no pactar jamás, bajo ninguna circunstancia, con el PP y al mismo tiempo comprometerse a pactar con el PP para garantizar la gobernabilidad de España.

No deja de ser lógico porque Pedro y Susana, como Rajoy, no tienen la función de ser fieles a una ideología ni a unos principios, como no tienen la función de representar a sus electores. Su función consiste en perpetuar una estructura de poder de cuyo buen funcionamiento dependen un innumerable número de bocas que alimentar. Una maquinaria que, para seguir funcionando, requiere a medias de los fondos obtenidos por el número de votos y a medias de los contratos bajo la mesa y las redes clientelares que aseguran dicho número. Una maquinaria que, además, debe ser operativa para esas instituciones financieras con las que arrastran deudas gigantes que hay que devolver en metálico o en especie. Convendrán conmigo que para cumplir con esta función suele ser más útil aprender a mantenerse en la dirección en la que sopla el viento que tragarse el ladrillo de las obras completas de don Carlos Marx.

En el ecosistema político, donde el viento suele soplar desde arriba, basta con mantener contentos a los dioses del olimpo del IBEX 35 para sostener el tinglado. Pero bajo determinadas circunstancias se producen disturbios climáticos. Cuando la presión ejercida desde arriba amenaza con aplastarlos, los soplos dispersos y contradictorios que pululan por el inframundo de las aceras se unen para resistir.

Es en estos momentos cuando al líder político —por muy farsante que sea— le conviene tener más bagaje ideológico e intelectual que remos de viento. Si Pedro o Susana tuvieran la mínima noción del pensamiento de Gramsci, comprenderían que la cita que encabeza este artículo es un diagnóstico exacto de lo que ocurre con su formación política y, para perpetuarla, inventarían algún giro audaz —tanto da adoptar una postura antieuropeista o convertirse en los adalides de la revolución social—. Pero como no se empapan, creen que basta con cambiar de caretos y seguir vendiendo el mismo discurso vacío —limpio, útil y constructivo, dice Pedro— que nadie compra ya. Igual que piensan que rescatarán votos amagando con golpear un poco a la izquierda y otro poco al PP sin haber llegado a entender de dónde les caen las hostias.

A poco que sigan por ese camino, esos líderes de Podemos que lucen el careto de Gramsci en sus ipads no tendrán más que dejarles hablar y hacer para que se despeñen solos.

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