Catalunya y el caos.

Que me perdonen Dios y los catalanes pero lo primero que hice cuando comenzaron a agitar el proceso este de la independencia fue preguntarme: ¿Catalunya es ese lugar donde gobierna un encargado de planta de El Corte Inglés? Y responderme: ya pueden correr.

Y luego, como un año de luego, cuando el Parlament lanzó la convocatoria de “La Consulta”, lo primero que se me pasó por la cabeza fue un sonoro: ¡Hijos de puta! O: ¡Fills de puta!

El folclore os hará libres.

El folclore os hará libres.

Entiéndanme bien: considero que cualquier territorio, unidad familiar o individuo con un mínimo de seso tiende naturalmente a salir despedido de España. Pero, redéu: convoquen al referéndum en mes o mes y medio. No anden mareando la perdiz más de un año porque esto, amigos, es una pesadez.

Soy consciente de que España es un estado opresivo y cerril donde no existe resquicio para la democracia ni el sentido común. Pero eso lo sabíamos antes. Entonces… ¿A qué tanta pantomima? Hagan el referéndum por su cuenta, declaren la independencia o lo que demonios salga de manera unilateral y tan contentos.

Porque tal y como transcurren las cosas da la impresión, amigos catalanes, de que el problema no es tanto lo que España no les permite como a lo que ustedes no se atreven. Y, desde la distancia, parece que esa falta de arrojo tiene menos que ver con carecer de voluntad que con carecer de certezas.

Uno escucha a sus representantes políticos y sus creadores de opinión y lo único que saca en claro es que tienen un cacao mental de aúpa. Que existe mucho más consenso sobre lo que no se quiere que sobre lo que se pretende.

Y la cosa, vista desde fuera, parece jugarse en diferentes gradaciones de catalanidad, según desde dónde cada uno enfoca en qué consiste el verdadero catalanismo. Y así Artur Más zanja la discusión diciendo Yo soy catalán y Albert Rivera objeta Yo también soy catalán y Oriol Junqueras remata el círculo del ridículo añadiendo Yo también soy catalán.

Busque las siete diferencias.

Encuentre las siete diferencias.

Amigos catalanes: nadie va a robaros vuestra catalanidad como nadie va a robarles a los chinos su chinidad consista esto en lo que consista. Pero de lo que aquí tratamos es de establecer un determinado tipo de administración política. Y no sólo eso: tratamos de establecer un determinado tipo de administración política en relación con otras.

¿Qué hay de eso? ¿Qué ocurre si, como afirma Esquerra Republicana, de prohibir la consulta y ganar ellos las elecciones subsiguientes, declarará de forma unilateral la independencia? ¿Qué sistema político se instaura? ¿En que moneda se mercadea? ¿Qué otros estados reconocen la situación creada? ¿Qué pasa con la miriada de chanchullos y deudas que hasta la fecha os traéis con España? ¿Y el tejido empresarial? ¿Y la energía? ¿La defensa? ¿El mercado peninsular? En definitiva: ¿qué ocurre con el andamiaje material que sostiene la bella ilusión de la catalanidad?

Se lo vengo a recordar porque España es un estado opresivo y cerril, sí, pero también es un estado hegemónico y reconocido como tal en todos los organismos internacionales. Y aunque sepamos por las películas que la voluntad de un pueblo es imparable, suele ayudar bastante asegurar estructuras de resistencia y alianzas que se extiendan hasta el plano militar, antes de plantearse saltarse la ley de un estado que cuenta con todos los resortes administrativos, judiciales y armados para responder.

Que a lo mejor todos estos temas están más que solucionados y desde la distancia no lo sabemos apreciar.

Lo mismo, tener al frente del gobierno al líder de un partido de retrogansters cuyos argumentos alternan entre la evanescencia y la confunsión, contar con un parlamento cuyos grupos políticos se contradicen en principios, objetivos y formas de alcanzarlos, tratar más del sentimiento, la voluntad y la cultura propia que de cómo garantizarlos, sólo es una estrategia de despiste que enmascara un plan muy bien trazado para cortar de un solo tajo con el estado español.

Por Dios y por los catalanes espero que así sea.

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