23-F: El fatigoso deporte de dar golpes de estado.

El Rey está en sus cosas: cazando, jugando al squash, disfrutando de la compañía de sus amigas íntimas… Pero no dejan de venir periodistas, políticos, empresarios y militares a ponerle la cabeza como un bombo… Que si Suárez es un puto desastre… Que si las cosas no pueden ir a peor… Que si los muertos de ETA… Que si se rompe España…

Así no se podía continuar

Así no se puede continuar.

Y a Suárez no se le conoce intención de rectificar… Disgusta a su partido… Se trata con Castro y Arafat… Esquiva a los americanos en su intención de que entremos en la OTAN… Corre el año 80 y Adolfo le quedan tres de gobierno por delante… Tres años de políticos, empresarios, periodistas y militares telefoneando y presentándose a cualquier hora para ponerle la cabeza como un bombo…

En las entretelas de los servicios secretos se simulan cambios de gobierno que no pasen por las urnas… Gobiernos de concentración, gobiernos rodillo bajo las órdenes de un militar de prestigio… El hombre indicado es Alfonso Armada, espadón monárquico de una antigua estirpe de espadones monárquicos, secretario y tutor del Rey más de diecisiete años…

A los servicios secretos les parece bien… A las grandes fortunas les parece bien… A los altos mandos militares les parece bien… A los políticos consultados les parece bien… Y al Rey, con tal de que dejen de ponerle la cabeza como un bombo, también le parece bien…

Siendo así, la cosa pasa por provocar un Supuesto Anticonstitucional Máximo… Verbigracia, la guardia civil secuestrando el parlamento… Armada se presenta, salva la situación, se dirige a los diputados presentes, y se postula para presidir un gobierno multicolor ante la gravedad de la situación creada… La lista de gobierno la trae en el bolsillo… Votos a favor, aplausos a mansalva… Todo dentro de la legalidad y la Constitución con anuencia trompetera de la prensa…

El 23 de Febrero de 1981, Felipe, Cristina y Elena no asisten al colegio… Coinciden con los hijos de todo el personal norteamericano en España… A cambio, un miembro de la Guardia Real acude al Congreso… No existe justificación para ninguna de las dos cosas…

Al rey el ¡Quieto todo el mundo! le pilla jugando al squash… El resto del día, ya puestos, se lo tira en chándal… Se cambia poco antes de grabar su mensaje televisado a la nación…

El hombre del momento.

El hombre del momento.

Poco después de los disparos telefonea Armada… Quiere hacerse cargo de la situación desde Zarzuela… Pero los tiros ponen en alerta a Sabino, actual secretario y canguro de Su Majestad… No le parece prudente tomar partido hasta comprobar cómo va resolviéndose la cosa…

Pasa la tarde entre consultas y tanques desfilando por las calles de Valencia… Anochece y Armada sale hacia el Congreso desde el Hotel Palace, donde se ha improvisado el gabinete de crisis militar… Su superior jerárquico, Gabeiras, se cuadra ante él y se despide llamándole presidente… Empleando la contraseña Duque de Ahumada penetra en el edificio…

En los documentales melodramáticos al uso se hace especial hincapié en la intervención televisada de Su Majestad, pero este el momento que decide el golpe… Tejero cree que le han mandado al Congreso con la intención de instaurar una dictadura militar como Dios manda… Pero Armada le presenta una lista de gobierno repugnante… Vicepreside un socialista y figuran ministros separatistas y comunistas… A entender del teniente-coronel, esa debería ser una lista de sujetos fusilables… Por si fuera poco, pretenden pagar su acto heroico con la deshonra y un billete de avión a un país tercermundista…

Él se ha jugado el bigote por España, coño, ¡por España!… Y allí está el generalito con un tejemaneje de politicastros que se hubiera resuelto igual con la compra de un par o tres de diputados… Tejero niega y reniega… Se salta la jerarquía y expulsa al general… Uno de sus subordinados le pregunta si quiere que le pegue un tiro…

En el entretanto, el Rey graba su archiconocido discurso… Asombra a los técnicos por su parsimonia en chándal y su falta de urgencia para sentarse a grabar… Como si aguardara acontecimientos… No es hasta cinco minutos después de que Armada fracase en el Congreso que se da la orden de emitirlo a la nación…

Es un discurso ambiguo en el que el monarca se coloca del lado de la Constitución… Del mismo lado de la Constitución que hubiera estado si llega a triunfar la gestión de Armada… Menos que al conjunto de los españoles, el Rey se dirige a los militares que anden barajando la posibilidad de unirse a la charada tejeril… Desbaratado el plan original por la cerrazón del teniente-coronel es hora de plegar velas… Sin el Rey, salvador de este curioso golpe de estado donde se actúa en nombre del Jefe del Estado, se le deja obrar con toda libertad y se le obedece en lo que tiene a bien mandar, el golpe de Tejero carece de sentido… ¿A qué puede aspirar? ¿A la adhesión de unos militares que, de estar adheridos, lo estaban al golpe de Armada?

reyjoven

A mí me la vais a dar…

Luego dirán que Armada actuó por iniciativa propia… Que traicionó al Su Majestad… Que nunca, ni en las continuas reuniones que mantuvieron durante los meses previos, ni en el traslado desde Lérida a Madrid que el Rey mismo ordenó puenteando y desobedeciendo a Suárez, tuvo la menor sospecha de lo que se proponía… Que no debió escuchar bien cuando Suárez amparó su rechazo al traslado por la intención golpista de Armada…

Será cierto que un general del ejército español, antiguo secretario y tutor de Juan Carlos, entró en el Congreso de los Diputados a título personal… Lo que no se entiende es por qué el Rey no dio orden de detenerlo inmediatamente…

Sea como fuere, y con un poco de ayuda de la prensa trompetera, el Rey se convirtió aquel día en salvador de la patria… Al tiempo que cundió un mensaje para el pueblo y los futuros gobernantes: voluntad popular sí, pero hasta cierto punto… Concretamente hasta donde las decisiones del gobernante elegido por el pueblo choque con las tomadas previamente con los poderes fácticos…

El siguiente gobierno, el de Calvo Sotelo, nos metió en la OTAN, embridó las autonomías, y se alejó de los delirios palestinocastristas para transitar en la la firme senda del imperialismo euroestadounidense… El Rey pudo dedicarse a jugar al squash, cazar y disfrutar de la compañía de sus amigas íntimas sin que políticos, empresarios, periodistas y militares vinieran a ponerle la cabeza como un bombo…

Él mismo se lo dejó claro a los representantes de los partidos al día siguiente: Todos deben ser conscientes de que el Rey no puede ni debe enfrentar reiteradamente, con su responsabilidad directa, circunstancias de tan considerable tensión y gravedad.

Fue el broche ejemplar para una Transición ejemplar.

 

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