47 millones de españoles y ETA.

Si a Pablo Iglesias le colocas una calva postiza, se te aparece Lenin. Y si a Lenin le colocas un pasamontañas, ¿a quién tienes? Efectivamente: a un tío de la ETA. Lo volveré a repetir: de la ETA. Y otra vez, por si no queda claro: de la ETA.

Esto es ve Pablo Iglesias cuando se mira al espejo.

Esto ve Pablo Iglesias cuando se mira al espejo.

¿Y por qué se permite existir a esta persona? Pues porque los padres de la Constitución olvidaron incluir un punto básico en nuestra ley de leyes: la posibilidad de enchironar ciudadanos por sus ideas religiosas y políticas, independientemente de que estas desemboquen en actos punibles.

Esto condujo a que brindar por un asesinato de ETA tuviera la misma consideración penal que brindar por la muerte de cienmiles de iraquíes con el presidente Bush en su rancho de Tejas, cuando a ningún español de bien se le escapa que lo primero es un crimen grotesco y lo segundo un servicio a la humanidad y una hazaña patria.

El denostado juez Garzón encontró la fórmula para resolver este entuerto, alumbrando la teoría del entorno. De esta manera, uno era libre de brindar por lo que quisiera y con quien quisiera, pero si brindaba por un crimen de ETA con uno de la ETA iba a la trena por enaltecimiento del terrorismo y colaboración con banda armada. Nunca será lo mismo defender la ley desde la tribuna de oradores del parlamento que defenderla en una herrikotaberna para que el estado la cumpla y acerque a los presos. Como no se puede comparar que un patriota arroje agua sobre Cayo Lara, con que unos abertzales lancen una tarta contra la presidenta de Navarra. Lo primero es libertad de expresión; lo segundo, terror. Esa diferencia, evidente de por sí, debe reflejarse en la ley.

En realidad, lo que hizo Garzón fue introducir el mismo principio en la justicia que Bush estableció para la guerra: la no distinción entre potencia y acto, entre apoyo espiritual y colocación de explosivos y entre palabra y obra. Si un islámico puede ser terrorista e Iraq es un país islámico, entonces Iraq es terrorista. O de su entorno. Y como los terroristas sólo se levantan de la cama para acabar con la civilización occidental, por fuerza están en posesión de armas de destrucción masiva. Pues lo mismo con la izquierda abertzale, sus simpatizantes y ETA.

Tampoco vayamos a otorgarle todo el mérito a Garzón; se limitó a llevar a cabo eso que algún buen amanuense escribió un día para Suárez: Elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es plenamente normal. O, lo que viene a ser lo mismo: materializar en leyes aquellos valores en los que los medios de comunicación venían educando a la opinión pública desde mucho tiempo antes. Máxime sabiendo, como sabíamos, que esos crímenes carecían de cualquier otra motivación que la de hacer el mal por hacer el mal.

Existía el peligro de que a alguien le pudiera dar por relativizar. Relativizar para bien, como cuando el ministro de interior dice que el aborto algo tiene que ver con ETA, o Cristina Cifuentes que Ada Colau y la Pah apoyan a la banda terrorista. Pero también relativizar para mal, como hacen los rojos al insinuar que puede existir algún pero en sacar de la cárcel al terrorista estatal Galindo cuando no ha llegado a cumplir 4 de sus 71 años de condena. O en no reconocer las víctimas de la Cruzada franquista que, según su retorcida moral, lo son a causa de imponer la dominación por la vía del asesinato y el terror.

ETA tomando la capital minutos después de la victoria de Podemos.

ETA tomando la capital minutos después de la victoria de Podemos.

Ahí se les ve el plumero a nuestros amigos castrochavistas. Porque se puede estar de acuerdo o no con la interpretación algo laxa de la lucha antiterrorista que hizo el Gal, como se puede estar de acuerdo o no con la forma en que el Generalísimo llegó al poder y con cómo lo mantuvo durante cuarenta años. Pero nadie en su sano juicio se atrevería a poner en duda que aquello se debió a múltiples causas. Como nadie en su sano juicio se atrevería a dudar de que la única causa de ETA es el mal puro. El mero hecho de dudar equivale a buscar otras causas. Y eso es relativizar. Y relativizar es ponerse espiritualmente del lado de la ETA y, por tanto, ser ETA.

Bien por su propia merma, bien por esa ausencia de bigote tan sospechosamente semejante a la de muchos miembros de ETA, bien porque la banda lo aupó a la presidencia al perpetrar el 11M, Zapatero no terminó de entender esa verdad indiscutible e inamovible, y acabó por dar voz y voto a más de doscientos setenta mil etarras agazapados bajo las siglas de Bildu.

Tampoco lo captó el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo que, al anular la doctrina Parot, reconocía a los terroristas los mismos derechos que a cualquier ciudadano, sin posibilidad de añadir más castigo en base a la finalidad de su crimen, que no es otro que el mal: el mal autocreado, irracional y automotor.

Algunos piensan que el PP acató aquella sentencia infame por una deriva bolchevique y proetarra, pero yo soy más de la opinión de que se trata de un problema evolutivo: ni las instituciones europeas, ni los nacionalistas medievales, ni nuestra paleoizquierda llegan al pensamiento avanzado que en su día alcanzaron el cruzado Bush y su escudero Aznar: hay que juzgar la intención como si fuera el hecho. Y como la intención es el mal por el mal que sólo puede terminar en el mal, lo más beneficioso es acabar con ella incluso antes de que nazca.

El americano acababa de aterrizar en tan avanzada filosofía, pero Aznar sólo tuvo que retomarla del momento más avanzado que ha conocido la civilización europea: el año 1492, ese en que echamos a los judíos y terminamos de barrer a los moros tras comprender, Dios mediante, que los derechos entran dentro de la esfera del origen y no de la acción; de la posibilidad y no del hecho concreto. Los judíos habían asesinado a Cristo y los moros servían al maligno con su creencia errónea. Podían tener el expediente policial limpio y comportarse como el mejor de los vecinos, pero venían viciados de nacimiento y confundidos de enseñanza; nadie podía asegurar que, un buen día, no fueran a arrojar a tus pies una gallina bomba.

Eso lo comprende el Partido Popular. Pero se encuentra atado de pies y manos ante la cándida estupidez de nuestros socios europeos. Suerte que tenemos periodistas que no se someten a leyes extranjerizantes y pueden actuar como la evolución inmóvil del cristiano viejo. Nunca les agradeceremos suficiente la labor que realizan al señalar todo aquello que, por acción u omisión, es ETA. Así se normaliza en la calle lo que algún día puede ser normal a nivel de gobierno.

Porque lo que desde luego no es normal es que un tío que se pone una calva postiza y es Lenin y se calza un pasamontañas y es ETA, ande diciendo y haciendo lo que le viene en gana con la absurda excusa progre de que aún no ha atentado contra la legalidad. ¿Que más dará ahora que dentro de un año? Todos sabemos que lo que se propone instaurar una dictadura bolivarianoestalinista y etarra con el único fin de romper España

Recuerden que también llamaban embustero a un adelantado como Bush cuando aseguraba que Iraq era un avispero de terroristas y miren ahora. Como decían que inventaba lo de las armas de destrucción masiva y cualquiera de estos días nos cae una del cielo.

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