La píldora que os dan.

Fraga acuñó la frase Spain is different para atraer a los turistas al primitivismo pintoresco, el vino barato y las playas de hormigón. Lo cual no quita para que fuese cierta.

La España a la que hacía referencia era un estado de excepción permanente dirigido por una casta clerical y militar, que se hizo con el timón masacrando a todo aquel que defendiera las ideas racionalistas que impulsaban al resto de Europa desde que los franchutes inventaron la enciclopedia. Su particular forma de estado, la monarquía sin monarca, suponía la plasmación legal de un absurdo que venía a reflejar una realidad impepinable: que se pueden sostener las leyes descabelladas que uno quiera siempre que se tenga la fuerza para ello.

Bud Spencer y Terence Hill en "Y si no, nos enfadamos".

Bud Spencer y Terence Hill en “Y si no, nos enfadamos”.

Los mismos que ensalzan las virtudes de nuestra inimitable Transición y que se horrorizan ante dictaduras comunistas hereditarias, no suelen recordar que el acto inaugural de aquella farsa fue precisamente ese: heredar una dictadura. Con el agravante de que el paquete incluía la instauración, en pleno siglo XX, de la institución medieval de la monarquía.

Ni que decir tiene que un Régimen alumbrado así no lo legitimas de cualquier manera. Requieres de una falsificación continua de las instituciones y una interpretación inversa de las palabras. Debes hacer pasar chapuzas legales a la carta por leyes que todos nos hemos dado. Convertir el yo me lo guiso, yo me lo como de unos pocos en voluntad popular. Lograr que la impostura devenga autenticidad.

Basta recordar el reconocimiento unánime respecto a la labor de orfebre de Torcuato Fernández Miranda, que evitó la ruptura de las Españas haciendo transitar entre dictadura y democracia de la ley a la ley. Mérito más que discutible si uno se detiene a pensar que la ley de partida la impuso la casta militar y sacerdotal por las armas, y que su transformación no podía alterar su naturaleza ni su procedencia.

Asumiendo como fundamentos democráticos este tipo de patrañas es como se puede afirmar, cuarenta años después y sin merma en la calificación como vida inteligente, que el heredero de un dictador y monarca instaurado fue el principal artífice de la democracia, como si el mero enunciado no supusiera la negación del hecho. De una democracia el principal artífice es el soberano. Y a Juan Carlos I no le había elegido el pueblo como depositario de su voluntad. Le habían escogido, sin pueblo mediante, como valedor de la casta militar y clerical y como campeón de una oligarquía golpista. O lo que viene a ser lo mismo: como símbolo y candado de la negación de la democracia.

Robert de Niro en "Uno de los nuestros".

Robert de Niro en “Uno de los nuestros”.

A partir de ahí, las necesidades de reforma vinieron impuestas a medias por nuestros socios comerciales en el extranjero —en cuyas estructuras nuestra oligarquía andaba loca por integrarse— y por la fuerza de los trabajadores en la calle. Pero sus límites nunca dejó de marcarlos el poder constituido. El primero fue asumir la legitimidad de la dictadura, cerrando la posibilidad de que rindieran cuentas tanto por robos como por asesinatos y asegurando patrimonio, chanchullos y cuentas bancarias. El segundo, la dirección del heredero inamovible, inviolable y vitalicio de Franco, en su doble condición de Jefe del Estado y de Gran Capitán de todos sus ejércitos.

Objetarán, con una mezcla de cinismo y desconocimiento, que los españoles se hicieron corresponsables de aquel despropósito votando la Constitución. Pero ni las primeras Cortes se eligieron como constituyentes, ni se dejó participar en ellas a las organizaciones que ponían en duda los límites preestablecidos.

Por si acaso, no fuera que alguna actuara de tapadillo y desbaratara el chanchullo, se estableció primero una ley electoral que sobrecompensaba el voto de las zonas rurales y conservadoras por encima del de las aglomeraciones urbanas y progresistas. Que daba poder decisivo a los representantes de la burguesía catalana y vasca —hermanadas con las españolas en Dios y en el dinero—. Y que garantizaba, mediante el sistema de listas cerradas, que el poder recayera en un número muy limitado de individuos que podían ser fácilmente asimilados, sobornados, amenazados o amedrantados por la oligarquía.

No había manera de que la constitución que emanó de aquellas cortes rebasara los limites, como no había más alternativa en el menú de las leyes que nos hemos dado que las leyes que nos hemos dado, alineado con la nada sutil promesa de que no catarlas equivalía a que el ejército viniera a sacarte a hostias del restaurante.

El atado y bien atado de este nudo de horca, antes, durante y después, lo completaba el monopolio editorial y mediático de la oligarquía beneficiaria del proceso. Un cuarto poder que ha estado y está al servicio de la falsificación continua de las instituciones y de la inversión del significado de las palabras. Que lleva 39 años cacareando las mismas bondades sobrehumanas de un monarca cuyas actuaciones reales se dedica a encubrir mañana, tarde y noche. Que amartilla la excelencia y ejemplaridad de nuestra democracia y predica la necesaria obediencia a las leyes que nos hemos dado y sus cauces, cuando hasta el más tonto percibe que todo el repertorio de acción del soberano se agota en ir a votar un programa que no existe obligación de cumplir, y a que el número de votos sea utilizado por el líder del partido para hacer lo que le da la gana, aunque sea contrario a su programa y aunque sirva objetivamente a los intereses de la oligarquía en contra de quienes le han encomendado su representación . Un de la ley a la ley, que sólo puede ser Su ley.

A quien crea, bien por ingenuidad, bien por cinismo, que el mero correr del tiempo ha hecho variar el funcionamiento del mecanismo, le invito a repasar los acontecimientos de las últimas semanas.

Chiquito de la Calzada y Bigote Arrocet en "Aquí llega Condemor".

Chiquito de la Calzada y Bigote Arrocet en “Aquí llega Condemor”.

Tenemos un Jefe del Estado que sale de naja sin dar la menor explicación al pueblo al que sirve y sumiendo a las cortes en el vacío legal y en el ridículo.

Tenemos dos lacayos al frente de los grandes partidos —herramientas, recordemos, de participación ciudadana— que ensalzan la normalidad y ejemplaridad de la chapuza y que ponen a correr el proceso de sucesión. No ya sin preguntar a la ciudadanía. No ya sin abrir un debate parlamentario donde se expliquen los motivos de la abdicación y se discuta la vigencia de los consensos que sostienen el trono borbónico. Siquiera sin discutirlo en las ejecutivas.

La misma oscuridad, improvisación, secretismo, tongo y yo me lo guiso, yo me lo como en manos de las élites que presidió la Transición. Incluida la repetición de los méritos de la figura del Jefe de Estado saliente que se empleó para despedir al Caudillo —su abnegación, su amor a España, el desarrollo del país bajo su batuta—, y las cualidades que se le suponen al entrante —esa carrera en Administración y Dirección de Estados que solo tiene Felipe, quizá porque Franco inventó esa titulación unipersonal e imaginaria para su padre y su padre para él—.

Al parecer, el Régimen no puede fabricar otro producto ni puede funcionar de otra manera.

Por la misma razón que la prensa que alaba la valentía política y la sensibilidad del gesto de abdicación del rey cuando un minuto antes alababa su valentía y su sensibilidad por lo contrario, no tiene entre sus funciones la de informar.

Por la misma que esa Constitución que ampara la decisión intempestiva y unipersonal del Rey y su sucesión, no fue jurada por Juan Carlos a pesar de que era un requisito para ser él Jefe de Estado y ella Constitución.

La misma por la que el portavoz del Gal y el jefe del partido de cobradores de sobresueldos y evasores al fisco pueden apelar al cierre del atado y bien atado merced al estricto cumplimiento de la ley.

Porque el Régimen del 78 no está concebido para traer ningún tipo de democracia sino para perpetuar a una oligarquía en el poder. Porque su vigencia mantiene, de la ley a la ley, la relación de fuerzas que emergió de la victoria militar del 39. La vigencia del Spain is different con el que Fraga invitaba a los extranjeros a reírse de nuestra incultura, nuestra dependencia servil y hormigonada a su dinero, y nuestra pintoresca y absoluta excepcionalidad política y social respecto al mundo civilizado.

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