Los comunistas asesinaron a 100 millones de votantes de Vox.

Han pasado cinco días y todavía no consigo explicarme el bofetón de VOX en las europeas.

Sabíamos por Esperanza Aguirre, el diario el Mundo y los mensajes de los oyentes en el buzón de voz de Federico, que el PP se estaba desangrando por la derecha, debido a su tibieza con el separatismo en lo militar, su rendición a ETA en lo policial y judicial, y su ley del aborto maricomplejines en lo moral. Esto supone un caladero de votos de, contando con los dedos, la mitad de España y, contando con el corazón, la de toda la España que importa: la que no presta su voto a la Antiespaña.

Para eso nació Vox: para cubrir esa herida en el costado de la patria y para llevar a término la misión de renovar la derecha, frente a un PP inmerso en una deriva traidora y bolchevique. Su ideología se apuntalaba sobre la legitimidad moral y la firmeza de principios, y se resumía en un sonoro ¡España!, pecho henchido y mano sobre el corazón.

Alejo Vidal-Quadras: renovando la política española desde 1492.

Alejo Vidal-Quadras: renovando la política española desde 1492.

Como prueba de ese afán renovador, escogieron por cabeza de lista a la mano derecha de Aznar en Catalunya durante los buenos tiempos del ¡Pujol, enano, habla castellano!, antes de que don José María lo eligieran presidente y saltara a la luz su afición a hablar catalán en la intimidad.

Un hombre que rebosaba legitimidad moral y firmeza en sus principios, como demuestra que se diera de baja en el Partido Popular cuando supo que no iba en sus listas, sin que pasara por su cabeza abandonar ese escaño en el Parlamento Europeo al que le habían propulsado los votantes y la ejecutiva de su anterior formación.

En su presentación en sociedad, en el debate entre partidos minoritarios que organizó la Sexta, comenzó diciendo que lo imprescindible para Europa era Mantener la estabilidad del euro, reivindicación que parecía sacada de las oraciones de todos los parados y deshauciados de España: diosito, diosito, que no se desestabilice el euro.

Tras esa primera y rotunda intervención pasó a defender que los eurodiputados no debían mezclarse con la chusma en los aviones, y que los 9000 euros más gastos variopintos que se embolsan viene a ser un sueldo regular tirando a bajo; principales preocupaciones de los curritos que viajan en cada vez más caros y peores autobuses agitados por el meneillo del recorte salarial y la pérdida de poder adquisitivo: salga quien salga, se oía en todas las cafeterías, a ver si tiene el gesto de subir el sueldecillo a los europarlamentarios y de proporcionarles jets privados de una puta vez.

Mientras el que más de los minoritarios presentes no había llegado a juntar cien mil euros para la campaña, empleando desde el crowfunding al propio bolsilo, Alejo presumió de contar con un millón de euros procedentes de algunos donantes que, dada la cantidad y el tiempo de vida del partido, tal vez hubiera sido más rigurosamente castellano llamar mecenas. O acreedores. También declaró que a él, si le daban dinero, le importaba muy poco de quién procedía, no tanto por sacar a relucir su categoría de pata negra pepera, como para mostrar su solidaridad con las familias que acuden a la beneficencia, y que tampoco se ponen a mirar de dónde viene el kilo de garbanzos y el litro de vinagre que se llevan a casa.

Yo tengo principios y respeto que tú los tengas también, pero es evidente que mis principios son correctos y los tuyos están equivocados.

Yo tengo principios y respeto que los demás tengan los suyos, pero resulta evidente que los míos son correctos y los suyos un despojo.

Prometedor, sin duda, pero no están las cosas para mirar exclusivamente por la entereza política y moral del cabeza de lista. Así que profundicé leyendo esta entrevista a Cristina Seguí, muchacha de aspecto vampírico, que iba quinta en la lista. Sus respuestas dejan meridianamente claro que es posible amueblar tu cabeza con una mezcla de ignorancia, dogmatismo y nulo interés por las ideas del resto, y a la vez carecer de la humildad suficiente como para privarte de intentar imponer tu decoración en la cabeza de los demás. Un poco, para entendernos, como una Esperanza Aguirre con 102 años menos o una Isabel la Católica despojada de nobleza. Es decir: una representante de las derechas españolas de toda la vida, se disfracen de condesa o de vampira.

Cada vez tenía más claro que el voto útil, el voto español, debía dirigirse inevitablemente a Vox, pero lo que me empujó definitivamente fue el zambombazo que reservaban para cerrar campaña:

voxDenuncia de una verdad histórica irrebatible y escamoteada a la opinión pública por culpa de las desastrosas reformas educativas de los socialistas, y a la vez propuesta de regeneración democrática que ya llevaron a término otros sistemas políticos, tales como la Alemania nazi, la Italia de Mussolini, o ese nuestro donde Franco no dejaba de abundar en la mayoría absoluta.

Los dueños de tuiter —judíos, masones y marxistas en lo social—, no tardaron en suprimir tal revelación, pero la minifaldera y primaveral chavalada logró rescatarla y difundió el tuit a destajo, apoyándolo de muchos otros bajo el hashtag #100MillonesYJudgando

Fue un clamor. Quedó meridianamente claro que eran cientos, miles, millones los patriotas que optarían por Vox.

Pues ni un diputado, oiga. Ni Alejo.

Las emisoras y periódicos de la ultraderecha liberal que predicaban la necesidad y el brillante futuro de Vox achacan su derrota a la falta de apoyo mediático, pero a mí no me salen los números. Ni contando con los dedos, ni contando con el corazón. No descartaría que los comunistas hayan aprovechado para asesinar a cien millones de votantes de Vox durante la campaña. Y si se demostrara que ha sido así, que se demostrará, que no tangan la menor duda de que les judgaremos. Y les conzenaremos.

Hasta entonces, que no se las prometan muy felices: Vox ha declarado que permanecerá firme en su puesto, cual General Moscardó en el Alcázar de Toledo. Y Vox cumple su palabra. Prueba de ello es que han renovado la derecha finiquitando la carrera de Vidal Quadras, y que ha resultado ser cierto eso de que no nacían con la intención de dividir los votos del Partido Popular. Efectivamente: los han restado para después arrojarlos a la basura.

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