Vencedores y vencidos.

Puede que servidor no tenga una visión demasiado imparcial respecto al asunto del terrorismo. A mí el Glorioso Alzamiento Nacional me pilló en prisión por poner bombas, y uno tiende a ser comprensivo con los de su mismo gremio, aunque jueguen en el bando contrario.

Para esto hemos quedado.

Para esto hemos quedado.

ETA hizo una lectura de la Transición básicamente correcta: el Régimen del 78 no supuso la ruptura con el anterior sino su prolongación en el tiempo. Un marco que jamás permitiría avanzar hacia el socialismo ni hacia la independencia, como demostraba la absoluta continuidad en los cuerpos policiales y militares, que son, en última instancia, los que mantienen unida a España y alejado al socialismo. De ahí extrajo la conclusión de que la lucha armada seguía siendo una vía tan lícita como lo era con Franco de cuerpo presente.

La vía demostró un recorrido escaso y tendiendo a circular. Con el paso de los años y la pérdida progresiva de su base social, con la presión cada vez mayor de la policía, el rumbo se desvió hacia el bandolerismo y el crimen puro y duro; donde antes se hacía saltar por los aires a todo un presidente del gobierno, ahora se mataba a un empleado de autopista que en tiempos fue concejal.

Simultáneamente, el Estado extendió la etiqueta de terrorista a los vecinos y allegados de la banda. De tal forma que uno podía quemar un autobús de línea en Madrid y no llegar a entrar en prisión, pero si se le ocurría hacer lo mismo en Bilbo pillaba trece años por pertenencia a banda armada. Esto acabó por estrangular toda la actividad social y política de la izquierda abertzale, que llegó a ser ilegalizada y privada de representación parlamentaria.

En este punto, ya no se trataba de si la lucha armada era una vía lícita o no. Se trataba, sencillamente, de que arrojaba unos resultados contrarios a los que perseguía a cambio de un coste demasiado elevado. Y ETA anunció un alto el fuego permanente. Y luego el cese de la lucha armada. O lo que viene a ser lo mismo: el abandono por fracaso y por derrota de la táctica que suponía su única razón de existir.

Cualquiera hubiera pensado que la derecha española acogería la derrota y el adiós a las armas con alborozo. Incluso que tendería a mostrar cierta comprensión para con la lucha armada, dado que reivindica abiertamente la herencia de un Régimen que triunfó por la fuerza de las armas, y vota a un partido fundado por ministros de ese Régimen que pudieron participar en el turnismo democrático tras rechazar la vía armada como forma de hacer política.

Pero congelada en la foto, perenne en su cerrazón, la derecha española no acepta la veracidad del fin de la violencia, igual que no asume la representación institucional de la izquierda abertzale.

España ha cedido al chantaje de ETA en Cataluña y al islamismo en toda España. Os lo digo yo.

España ha cedido al chantaje de ETA en Cataluña y al islamismo en toda España.  Como suena.

Según su versión de los hechos, el mal llamado proceso de paz no se inicia con una derrota sino con una victoria en forma de chantaje: el abandono de las armas a cambio del País Vasco y Navarra.

Según su versión de los hechos, la consecución de este objetivo viene recogida en una Hoja de Ruta que pactó Zapatero con la ETA y que se inició con la legalización de la izquierda abertzale, continuó con el asalto de esta a las instituciones, y ha tenido su última viñeta en el teatrillo de entrega de armas, clara contrapartida a la anulación de la doctrina Parot por parte del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo.

Basta un vistazo por encima para encontrar varios agujeros en esta versión. Como la participación de dos gobiernos de distinto signo y todo tipo de órganos judiciales y policiales aquí y en el extranjero, para cumplir una hoja de ruta cuyo trazado no ha sido denunciado por ninguno de sus muchísimos participantes. O que jamás sucedió el asalto de ETA a las instituciones; sucedió que los ciudadanos eligieron por representantes a los partidarios de su proyecto político.

Pero es que, aun si fuera cierto, aun si la versión fuera sólida y demostrable en lugar de fantabulosa y vocinglera, tampoco tendría por qué suponer un problema: dos gobiernos electos de distinto signo negocián el cese de la violencia con una banda armada. Y en esta negociación se decide permitir que los defensores del socialismo y la independencia concurran a las elecciones una vez han desterrado la violencia como forma de acción política. Y si dichas formaciones, de forma pacífica, alcanzaran algún día a gobernar el País Vasco y Navarra y a proponer su fusión y su independencia. estarían llevando a cabo un proceso genuina y rotundamente democrático. Al fin y al cabo, hasta los más espumeantes bocachanclas de la derecha política y mediática llevan años dándonos la chapa con eso de que, en democracia, se pueden defender las ideas que se quiera siempre que no se emplee la violencia. Que se lo digan a ellos, que llevan décadas defendiendo el franquismo y ahí siguen.

Entonces, ¿cuál es el problema?

Pues, evidentemente, el mismo que señalaba ETA en la Transición: que lo importante, tanto para un bando como para el otro, no era la lucha armada sino los fines políticos. Y que eso que llaman Victoria de ETA no consiste más que en llegar a gobernar Euskadi para conducirla hacia la democracia y el socialismo. Victoria que no puede consentir un Estado Español que no rompió con las estructuras del franquismo sino que las prolongó en el tiempo.

Para eso, a diferencia de ETA, ganaron una guerra.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en La reserva espiritual de Occidente y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s