Camino (de miseria moral)

Alguien definió el fascismo como la lucha del penúltimo contra el último.

Hace un par de semanas, una tropa de seres humanos cargados con sus nulas pertenencias y sus muchas dificultades insalvables fue repelida en la frontera por la Guardia Civil. Murieron 15. Sucumbieron entre el frío y el agotamiento mientras los agentes se dedicaban a dispararles con balas de goma y botes de humo.

Verdad y honor.

Verdad y honor.

Delegación de gobierno y la guardia civil se enzarzaron en ofrecer versiones descabelladas y contradictorias sobre el suceso, falsificar hechos y mutilar imágenes, y amenazar con querellas criminales a quien se atreviera a manifestar lo que acabo de manifestar.

Vigilado de cerca por Santa Teresa, el Ministro de Interior desmintió las versiones anteriores en sede parlamentaria, no sin antes dejar claro que la actuación de la Guardia Civil se atuvo estrictamente a la legalidad. Gracias a él supimos que nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad jamás utilizarían material antidisturbios contra personas que bracean en el agua para no asfixiarse; lo que hacen es ofrecerles una lección gratuita de geografía y límites fronterizos. Lección que, para mayor facundia, es de mentirijillas, porque a España le basta con poner un corro de guardia civiles donde más le convenga para que el corro devenga automáticamente límite fronterizo, según recogen todos los tratados de derecho internacional que se ha leído el ministro.

En los medios, el debate trata sobre si el director de la Guardia Civil mintió o o no y sobre si tendría presentar la dimisión. Sobre si Europa debería hacerse cargo de un problema que le corresponde. Sobre qué medios emplear en la por otra parte muy necesaria protección de las fronteras. Se generaliza el plano y se aboca a la ciudadanía a un debate estéril y destinado —en el mejor de los casos— a insensibilizar su conciencia.

Todo lo contrario de lo que sucedería si se descendiera al detalle, comenzando por abrir los telediarios nombres y apellidos de los cadáveres. Por mostrar sus rostros hinchados y tumefactos y el lamento de sus familiares. Por reclamar la misma verdad, reparación y justicia que se pediría para las víctimas de cualquier otro homicidio.

Lo cierto es que una tropa de desesperados braceando exhaustos en el mar no requiere de la dimisión del Director General de la Guardia Civil ni de amplios debates sobre política fronteriza a nivel europeo. Lo único que requiere, y lo que obligatoriamente debe recibir, es socorro.

Católico y sentimental.

Católico y sentimental.

No sé en qué momento habéis llegado a asimilar como algo imaginable que un fanático religioso emplee la sede de la soberanía nacional para esgrimir que disparar sobre personas que se ahogan es una forma legítima de proteger las fronteras, pero sí sé a lo que se corresponde: a la forma que empieza a tomar la conciencia social cuando los penúltimos comienzan a ahogar a los últimos; la conciencia social de los psicópatas, los fascistas y los malnacidos.

Los suizos, que son bastante más europeos que vosotros, han cerrado sus fronteras a la inmigración de otros países, de la misma manera que los belgas, aquello sí es Europa, han empezado a expulsar extranjeros comenzando por rumanos y españoles. Esa forma de pensar es lo que tiene; que siempre encuentras a otros útimos para otros penúltimos.

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