Aznar y cierra España.

Mola vivir en un país donde un expresidente pone a parir día sí y día también al presidente que puso a dedazo. Fenómeno más divertido si se tiene en cuenta que, en este patio colegial, el presidente actual hace el papel de papanatas y el anterior el de malote con cara de cemento.

Entonces lo cogí así del cuello y...

Entonces lo cogí así del cuello y…

Hay quien opina que Aznar puso a Rajoy porque estaba seguro de que el Partido Popular arrasaría en las elecciones de 2004, y dejando de dirigente a un fofo mental como Rajoy se aseguraba el mando por control remoto.

Pero hete aquí que, tres días antes de los comicios, montaron un atentado de cagarse y el bobo de Zapatero salió elegido presidente, dejando al señor Aznar con un palmo de bigotes, y aliviando a Rajoy, cuyo talante es más de rascarse los cojones y cobrar sueldos y sobresueldos en A, en B y el resto del abecedario, que de comerse el marrón de gobernar el país por mucho menos dinero.

Ahora el expresidente publica un segundo tomo de memorias en el que demuestra que es capaz de mantener el mismo nivel de desfachatez en presente que en diferido. En él evoca los acontecimientos que rodearon la derrota del Partido Popular en las elecciones de 2003 y establece una relación clara donde el acontecimiento A. el atentado, provocó directamente el acontecimiento B., la victoria del PSOE. De donde se deduce que la mente diabólica que planificó la masacre consiguió su objetivo, que no era otro que colocar a Zapatero en el poder. De donde se deduce que los 192 cadáveres fueron daños colaterales de un atentado en el que el verdadero objetivo era Aznar. De donde se deduce, por si no os habéis dado cuenta, que para los personajes del tipo del expresidente —que, mira tú por dónde, jamás pondrán sus pies en un tren de cercanías— no sois más que escoria: peones sacrificables en una partida hecha por y para ellos.

Vosotros seguir, seguir jugando.

Vosotros seguid, seguid jugando…

Olvida Aznar que entre A y B, entre el 11 y el 14, sucedieron algunas cosas. Entre ellas, el engaño masivo y el intento de ocultación de la realidad con el que él y sus compinches intentaron embaucar al resto de la población.

Cabe recordar que ya desde primeras horas de la mañana del día 11 asomaron en televisión, asegurando que el atentado había sido perpetrado por ETA. ¿En qué pruebas se basaban? Pues absolutamente en ninguna. No se basaban más que en vuestra candidez de borregos, en vuestra credulidad ante las verdades oficiales del Régimen, y en el establecimiento de un sencillo cálculo: si ha sido ETA ganamos de calle, pero como hayan sido los islamistas nos caemos con todo el equipo.

Ya en la mañana del 11 de marzo la policía encuentra la furgoneta con los detonadores. Por la tarde, que un grupo llamado “Brigadas de Abu Hafs Al-Masri” reivindica el atentado en un periódico británico, y el explosivo utilizado se revela distinto al habitual de la banda terrorista. El marcador de ETA continúa a cero, pero la televisión pública española emite telefilmes y reposiciones del Informe Semanal que dejan claro que la ETA es mala, malísima, mientras el ministro de la cosa, Acebes, comparece ante los medios para asegurar que habían sido ellos, si bien deja caer que no se descartan “otras líneas de investigación”.

Es, por poner un ejemplo gráfico, como si pisas una mierda que aparentemente es de caballo, que huele como una mierda de caballo, que analizada en un laboratorio resulta ser mierda de caballo y cuyos restos siguen pegados al trasero del caballo que tienes delante, pero sigues manteniendo como tesis principal que la mierda procede de un unicornio.

La misma noche del 11, la prensa extranjera informaba abiertamente de la autoría islamista, y las líneas de investigación nacionales convergían en la misma tesis —cosa normal si tenemos en cuenta que es imposible desarrollar ninguna línea de investigación basada en pistas inexistentes—. Pero Aznar, con dos cojones, telefoneó a los directores del los principales medios de información del país para asegurar la autoría de ETA, seguramente amparándose en la presunción de veracidad que le daba el haber asegurado, poco antes, que había armas de destrucción masiva en Irak.

Ni que decir tiene que los medios obedecieron al presidente, en un ejercicio de control de la información por parte del poder político bastante habitual en países de nuestro entorno, como Corea del Norte.

El día 12 fue el despiporre: el ministro de la cosa negó la veracidad del comunicado islamista que reivindicaba el atentado y despachó con un “no nos lo creemos” el comunicado de ETA que negaba su implicación, introduciéndonos así en un curioso mundo donde algunos grupos terroristas se curraban los atentados para negarlos mientras otros se dedicaban a atribuirse atentados que no les pertenecían.

En este ambiente de irrealidad, el gobierno puso autobuses gratis para asistir a una manifestación en repulsa del atentado. A esas alturas, no se atrevían ya a dejar por escrito la autoría de la banda y colaron un “Por la Constitución” en el lema de la manifa, apuntando sibilina pero directamente a ETA puesto que, como todo el mundo sabe, los musulmanes no tienen constituciones ni saben lo que son.

Rajoy, que había ejercido de hombre invisible desde la hora del atentado, asomó la jeta a la portada de los periódicos el 13 de marzo, jornada de reflexión, para transmitirnos que tenía la convicción moral de que había sido ETA. Nos dejaba mucho más tranquilos. ¿Qué importa la realidad contra la convicción moral de un señor como Rajoy?

Esa misma tarde, después de detenido el primer sospechoso, Acebes comparece para decirnos que, efectivamente, la mierda tiene toda la pinta de provenir de un caballo pero que no debemos descartar que haya recibido la ayuda de un unicornio. Es decir: que parecía que, efectivamente, habían sido terroristas islámicos, pero que no convenía deducir de primeras que no estuvieran infiltrados e instigados por ETA.

Que si te tengo que dar, te doy...

Que si te tengo que dar, te doy…

Toda esta secuencia de acontecimientos es la que olvida exponer Aznar en su recto camino desde A. hasta B. Que también es lógico: tampoco os va a decir que, mientras vosotros os dedicabais a sacar trozos humanos de las vías retorcidas, él se empleaba a fondo en engañaros como a imbéciles, temeroso de perder un poder que creía suyo.

No nos extraña que digan que es el mejor presidente de la democracia.

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