El PP, un partido moderno, eterno y crápula ye ye (I),

Miembros de las Nuevas Generaciones despidiendo a sus papás.

Miembros de las Nuevas Generaciones despidiendo a sus papás.

No sé qué empeño tiene la tele desde el pasado verano de buscar conexiones entre la ultraderecha extraparlamentaria y el Partido Popular. Parece que les sorprenda que los cachorros de Nuevas Generaciones saluden brazo en alto, que sus alcaldes decoren el despacho como la habitación de una adolescente loca por el Caudillo, o que sus alcaldesas consideren la svástica y el escudo franquista parte consustancial al paisaje.

¿Y los niños? ¿Es que nadie va a pensar en los niños?, lloriquean esas plañideras, y se preguntan cómo es posible, en pleno 2013, que un partido dizque democrático albergue entre sus filas elementos fascistas.

La respuesta, creo yo, hay que buscarla en vuestra incapacidad para acordaros de lo que hicisteis ayer, y en que el conocimiento histórico del español medio rara vez va más allá de los tres últimos ganadores del Gran Hermano.

Por suerte, a este lado del muro se encuentra un auténtico patriota, dispuesto, por el Bien de España, a haceros un resumen de las circunstancias que se conjuraron para originar esa ponzoña que hoy conocemos como Partido Popular.

No hará falta mencionar que yo estaba por allí, removiendo el caldero.

1. EL MATERIAL DEL QUE ESTÁN HECHOS LOS SUEÑOS.

Socialinfantilismo para todos.

Socialinfantilismo para todos.

Según esa edición de La Transición para Memos que suele manejar vuestro entendimiento, tras morir Franco, los opositores al Régimen y la parte de este que ya venía trabajando en secreto la democracia —léase Suárez, léase el Rey—, se fundieron en un abrazo que ahuyentó a los espíritus malignos de la ultraderecha, y del que brotó, como en un cartel electoral del PSOE, el arcoiris de la Democracia, la Libertad y el Estado de Derecho. Luego aquellos políticos talla olímpica descendieron a vuestro páramo terrenal y os otorgaron tales bienes a los españoles, todo muy modélico y vitoreado por la voluntad popular.

Como sois bobos y además propensos a pensar que el resto es como vosotros, debéis creer que toda la piara de políticos y capitales que medramos gracias al larguísimo saqueo del botín de guerra que os arrebatamos en el 39, andábamos de brazos cruzados mientras se desvanecía el Caudillo. O que, en plena Guerra Fría, los americanos y sus países satélite en el continente Europeo arrancaban las páginas del calendario con un cuando se muera Franco a ver qué pasa, Dios quiera que los españoles no lleven al poder a un Partido Comunista…

A ver si empezamos a entender una cosa: ya desde los sesenta, ellos y nosotros manejábamos el timón del franquismo hacía una democracia acorde a los modelos políticos que el turbocapitalismo venía implantando con éxito en Europa desde finales de la Segunda Guerra Mundial. A saber: un bipartidismo que alternara arlequines socialdemócratas y conservadores haciendo equilibrios sobre un monociclo, para tratar de limar las diferencias sociales sin poner en cuestión jamás las causas que las originan, que viene a ser, por si no os habéis dado cuenta, lo mismo que mear y no echar gota.

Para este fin, lo que hicimos desde el Régimen fue elaborar una ley de asociaciones políticas que acogiera las diferentes sensibilidades ideológicas dentro de un orden. Concretamente, el del Movimiento Nacional y sus familias. Aquel plan se llamó Espíritu del 12 de Febrero, y fue la versión beta de ese fantasmón con el que os vienen tomando el pelo desde poco más tarde: el de la Transición.

De aquel Espíritu del 12 de Febrero brotaría una asociación llamada Unión Del Pueblo Español (UDPN), cuya idea fuerza era la de acabar siendo una asociación, partido, federación o plataforma de partidos que reuniera una alineación estelar de primeras espadas del Régimen, de cara a esos futuros comicios del yo me lo guiso, yo me lo como que la ley de asociaciones tenía previsto realizar. Este es el germen —y nunca mejor dicho— de lo que acabaría siendo Alianza Popular.

Ya hay que tener los cojones de cemento armado para pretender seguir medrando en democracia después de haber ministrado, vitoreado y rubricado sentencias de muerte en el seno de un Régimen que provenía de un golpe de estado de corte fascista.

Pues así los teníamos nosotros. Del mismo material que, al parecer, impide al sentido común entrar en vuestras molleras.

Continuará…

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