La culpa es de los Derechos Humanos.

Va y resulta que el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo casi que nos sentencia a abrir las puertas de las cárceles, y a dejar que campen a sus anchas miles de terroristas, asesinos y violadores.

El presidente del Tribunal de Derechos Humanos.

El presidente del Tribunal de Derechos Humanos.

Dicen las víctimas que es por culpa de Zapatero, que sigue haciendo daño desde la tumba, y que infiltró en el susodicho tribunal a un tal López Guerra, al que sólo le faltaba llevar pasamontañas y hablar en euskera para ser de la ETA.

Se conoce que, allá por 2007, Zapatero prometió a la banda terrorista que derogaría la Doctrina Parot… en 2013 y en Estrasburgo. La ETA, claro, le creyó a pies juntillas, sabedora del peso hegemónico del estado español en las instituciones europeas.

El razonamiento, aunque correcto y muy racial, se queda corto: la culpa de que nos veamos en esta situación la tiene Adolfo Suárez, que fue el que firmó la Convención de Derechos Humanos en el 79, sin duda con intención de acabar derogando la Doctrina Parot… en 2013 y en Estrasburgo.

Al Caudillo no se le hubiera ocurrido semejante tontada. Imaginad qué hubiera pasado si van y nos recurren aquella ley que dictamos en la posguerra según la cuál, si tú te habías mantenido fiel al gobierno legítimo el 18 de julio del 36, lo que estabas haciendo era rebelarte contra el gobierno futuro, que éramos nosotros, y que en aquel momento andábamos dando un golpe de estado.

Aquella ley, mediante la que encarcelamos, esclavizamos y apiolamos a tantos paisanos que sólo nos ha superado hasta la fecha el envidioso de Pol Pot, no hubiera resistido el mínimo vistazo del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, y la indemnización hubiese sido de aúpa. Y no sólo porque en el extranjero nos odien, que también. Es que ellos ven las cosas desde una óptica distinta. Una óptica, como su propio nombre indica, extranjera.

Menos que descreer en los Derechos Humanos, lo que le sucedía al Caudillo es que los adaptaba a la idiosincrasia del pueblo español, que viene a rezar que derechos humanos sí, pero sólo para quien se los merece. Y los rojos, claro, no entraban en el supuesto.

Los Derechos Humanos hay que dejarlos en manos de profesionales.

Los Derechos Humanos conviene dejarlos en manos de profesionales.

Por eso, amigos y amigas de las víctimas del terrorismo, no debemos quedarnos en la superficie, ni conformarnos con echar la culpa al bobo solemne de Zapatero. Debemos exigir que se deroguen los tratados que nos vinculan con el cumplimiento de los derechos humanos según esa óptica extranjerizante, y que sólo disfrute de derechos quien se los merece. Que vendría a ser, claro está, aquel que los periodistas de derechas y las multitudes vociferantes católicas y de derechas acrediten como merecedor.

Al resto podemos privarle de tales derechos y condenarlos según las leyes que tenemos u otras de nuestra invención. Como si queremos mantenerlos en la cárcel hasta mil años después de muertos. Total, no tendremos que rendir cuentas a nadie.

Aunque lo que de verdad nos evitaría pasar esos malos tragos sería instaurar una milicia permanente en nuestra frontera norte. Algo así como una Guardia de la Noche que, armada con antorchas y oraciones, mantenga a la razón perpetuamente allende nuestras fronteras.

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