Quejarse de vicio.

Ahora toca escandalizarse porque la Comunidad de Madrid lleva siete meses sin palparle las tetas a ninguna española. A mí lo que me escandaliza es que vuestro egoísmo sobrepase con tanta facilidad vuestras obligaciones como patriotas.

Se os está diciendo por activa y por pasiva: que hay por lo menos seis millones de vosotros que sobra. Que no sólo no aporta sino que arrastra en su caída a los demás. Y que a eso hay que sumar más de nueve millones de jubiletas, que se creen que trabajar toda la vida en el engorde neto de un patrón les da ahora derecho a rascarse los huevos con una mano y extender la otra para pedir.

Así no vamos.

El gobierno hace lo que puede por recordaros que sois un cáncer que corroe la patria, y que lo mejor que podéis hacer es extirparos la vida en silencio o largaros a otro país. Pero nada. Ahí seguís: parasitando la maltrecha situación de España con vuestros colmillos de vampiro.

El gobierno y sus satélites, ya que vosotros no os hacéis cargo, se ven en la obligación de garantizar la supervivencia de la patria, y tienen que ir eliminando un poco de aquí y un poco de allá: un día te recortan las ayudas a la dependencia, otro te hacen repagar los tratamientos contra enfermedades crónicas, al siguiente te jibarizan la pensión y te obligan a pagar las medicinas, dos días más tarde te retiran la tarjeta sanitaria y, para el finde, dejan de detectarte el cáncer a tiempo para ver si así vas y te mueres.

Según las últimos informes de El Boletín del Cottolengo, el 99% de las mujeres que acuden a hacerse una mamografía pretende decicarse a espectáculos de barra como estos.

Según nuestros últimos informes, el 99% de las mujeres que acude a hacerse una mamografía pretende decicarse a espectáculos de barra como este.

Las mujeres, claro, puntúan doble: no sólo se elimina un sujeto femenino sobrante sino que además se evita que vayan por ahí fabricando nuevas sobras. Es como matar dos pájaros de un tiro pero con pájaras.

Y vosotros y vosotras… ¿Acaso lo agradecéis? ¡Quía! ¡Protestáis! Os pasáis el día de aquí para allá con vuestras pancartas, vuestros megáfonos, vuestros silbatos y vuestros timbales, y acabáis por provocarle al presidente unos dolores de cabeza terribles, que le obligan a movilizar chófer y escolta para acudir a una consulta privada donde, menos mal, no es necesario pedir cita. Allí, tras someterle a millones de pruebas, un equipo médico traído especialmente desde Harvard diagnostica una ligera cefalea producida —así lo pone en el informe— porque sois unos cabrones, y le receta unos comprimidos de reciente aparición que hay que ir a recoger a Estados Unidos.

Mariano, que es un caballero, siempre hace ademán de sacar la cartera, pero el director de la clínica, faltaría más, no acepta su dinero.

¡Faltaría más!

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