Comunicado del auténtico gobierno de España ante la jubilación del Estado del Bienestar.

Lo avisó hace unos días el rey de Holanda: va siendo hora de jubilar el Estado del Bienestar.

Hora de jubilarlo para vosotros, claro, que el tal rey de Holanda tenía garantizado el bienestar desde que buceaba en los reales cojones de su real padre.

El menda definió además las líneas maestras del modelo social que se avecina: una suerte de estado colaborativo, donde la gente decida por sí misma y cuide la una de la otra.

Niñas: no les echéis miguitas de pan a los pobres que luego se reproducen y huelen mal.

Niñas: no echéis migas de pan a los pobres que luego se reproducen y huelen mal.

En román paladino: la redistribución de la riqueza, garantizada por las leyes y guiada por el afán de justicia social, se va a tomar por retambufa. Apañaros con lo que podáis que ya si eso vendrá el rey de Holanda y os dará una limosna.

Bien está que así sea porque, como habréis oído en la tele, la justicia social es una cosa viejuna que colaron en las democracias europeas los esbirros de Stalin.

Las sociedades humanas son asín: Siempre habrá pobres y habrá ricos; lo disponen Dios y la Naturaleza, y lo remacha a su paso el martillo pilón de la Historia.

Fantasear con que si el pastel es el mismo para todos, y con que, si los escasos reyes de Holanda que en el mundo son se comen más de tres cuartas partes, lo más normal es que al total del resto le toque pelearse por las sobras, no sólo no puntúa en el currículum, sino que además es el camino más corto para acabar enganchado al terrorismo: se empieza razonando que el estado del bienestar es insostenible solo bajo determinadas condiciones —en concreto, bajo esas donde se atiborran de pastel los reyes de Holanda—, y se acaba vociferando junto a Ada Colau, en una de esas manifas en las que no se entiende a qué está esperando el ejército para intervenir.

Vosotros lo que tenéis que hacer es no perder el tiempo en elucubrar tonterías y prepararos; prepararos para sembrar, regar y recoger, procesar los ingredientes, hornear el pastel, transportarlo, servirlo con ampulosas reverencias, y quedaros despiertos después de recoger la mesa, no vaya a ser que algún rey de Holanda os requiera para calentar su cama.

Aquí un claro ejemplo de cómo, fingiendo protestar por los recortes, algunos aprovechan para desgastar materiales policiales despilfarrando el dinero de nuestros impuestos.

Un claro ejemplo de cómo, los que fingen protestar por los recortes, aprovechan para desgastar materiales policiales despilfarrando el dinero de todos.

Que no quiere decirse que no tengáis derecho a quejaros. Dios, la Naturaleza, la Historia y, no digamos ya, los reyes de Holanda, escuchan vuestras quejas con sumo interés y toman buena nota de ellas en sus respectivas libretas de chistes.

Pero quejaros mientras os preparáis y, a ser posible, bajito. No vayáis por ahí agitando pancartas y vociferando insensateces, interrumpiendo el tráfico rodado o cortocircuitando el sistema de elaboración y reparto de pasteles con huelgas que no llevan a ninguna parte. Comportaros de manera democrática, y asumid que no tenéis derecho a privar del derecho a disfrutar del bienestar a ningún rey de Holanda, y que en eso consiste, pardillos, el Estado de Derecho.

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