Líbreme Dios de la información libre.

Yo antes no veía mucho la tele. Apenas alguna película de vaqueros y, cuando tenía el día nostálgico, la copia de “Raza” con comentarios del guionista que me regaló Blas Piñar. La actualidad no me interesaba mucho porque, como declaró José Aguirre González cuando montamos la mamarrachada aquella del 23-F: “Pasase lo que pasase, yo iba a seguir siendo presidente de Banesto”. Pues yo lo mismo.

Pero pasa que habitar un búnker viene a ser parecido a viajar a Marte, sólo que sin paisaje infinito y sin moverte del sitio: me aburro como si estuviera escuchando todos los programas de César Vidal en bucle. Descartada la masturbación por cosa de la edad, no tengo más remedio que enchufarme la tele, y hasta casi agradezco que al Generalísimo tuviera el detalle de instalar un panel de televisores de la casa Invicta, donde se pueden sintonizar varios canales al mismo tiempo.

Según los últimos datos de EUROSTAT, la principal causa de desempleo entre los periodistas españoles tiene una cara tal que esta.

Según los últimos datos de EUROSTAT, la principal causa de desempleo entre los periodistas españoles tiene esta cara y habita una guarida dentro de la tele.

El caso es que últimamente me ha dado por ver eso que se conoce como “tertulias políticas” y que, de toda la vida, no han sido otra cosa que la discusión de carajillo, mondadientes, y paquete de Celtas sobre la mesa del bar, que suelen terminar a gritos o mentando a la madre. Con la diferencia de que los que aparecen en ellas parecen no haber pisado un bar en su puñetera vida. Al menos no uno como por los que os arrastráis el resto.

Por ejemplo, ante el descalabro de la falta de empleo, no han sido una ni dos ni trescientas mil veces las que he escuchado proponer la solución de los minijobs del modelo alemán.

Yo es que es oírlo y se me salta el bigote postizo. ¿Minijobs? ¿Acaso cualquier españolito menor de cuarenta años no lleva toda su puta vida laboral encadenando contratos temporales y jornadas a tiempo parcial en las que se cobra —con suerte— un tanto por ciento del salario mínimo? ¿Acaso no fue el PSOE, allá por el 84, el que introdujo la parcialidad y la temporalidad —y toda su retahíla de contratos eventuales, de fin de obra, y engañifas por el estilo—, asegurando que, gracias a esas medidas, la creación de empleo iría como un cohete? ¿Y acaso no fue ese mismo PSOE el que remató la jugada en el 84, dando vía libre a las ETTS, y los contratos de aprendizaje o de un sólo día de duración, asegurando que, ahora sí, la creación de empleo iba a ir como un cohete? ¿Y no han continuado las reformas del PP profundizando en esa política de mierdijobs con el resultado de que el cohete anda a 26,9 kilómetros bajo tierra?

Yo no sé a vosotros, pero a mí me da que estos analistas de la realidad no habitan en vuestra realidad y que sus hijos, al parecer, tampoco.

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Este corría delante de los grises… Probablemente tras alguien que le pagara por vociferar en la tele.

Osease: ¿esto es lo que defendéis como derecho a la información? ¿El que cuatro estómagos agradecidos os laven el cerebro con el mensaje que les interesa a quienes pretenden secaros el alma a minijobs, para así seguir siendo estómagos agradecidos y no tener que verse nunca firmando uno de esos contratos que predican con tanta devoción? ¿A este reírse ininterrumpidamente en vuestra jeta lo llamáis “derecho a una información veraz? Pues sí que estamos bien.

En mis tiempos, todos los medios estaban controlados por el Régimen y todos los informadores eran funcionarios del Estado. Es decir: los oligarcas recompensábamos a los estómagos agradecidos para que defendieran nuestros intereses, pero no había trampa ni cartón: todo el mundo sabía que nos dedicábamos a mentir como hijos de puta y obraba en consecuencia.

No me negaréis que es harto más transparente que esta farsa donde los mismos funcionarios del Régimen se presentan a sí mismos como “periodistas independientes”, y se autoproclaman portavoces de un pueblo con el que no se han cruzado en un trabajo precario.

Por supuesto, estos abanderados de la verdad, al hablar de minijobs, olvidan añadir que en Alemania son contratos de 60 horas mensuales a cambio de 400 euros. Echando calculos, y ateniéndonos a que esos cuatrocientos euros establecen, de facto, el salario mínimo interprofesional alemán, nos vendría a salir un salario de 4266 euros al mes para una jornada laboral de 40 horas a la semana, en lugar de los 645,30 que tomamos por referencia aquí. Para eso se conoce que Alemania no es ningún ejemplo.

Tampoco suelen mentar que el estado Alemán complementa los minijobs con ayudas familiares o de transporte por si al ciudadano alemán no le alcanza con su mierda de salario.

De verdad que no me explico a qué nivel de imbecilidad colectiva hay que llegar para confundir con “analistas de la realidad” a quienes no ejercen más que como sicarios de vuestros verdugos.

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