Antonio Miguel Carmona: califa en lugar del califa.

Antes del 24 de mayo, Antonio Miguel Carmona iba de plató en plató mofándose de las posibilidades de Esperanza Aguirre y asegurando que todas las encuestas le daban ganador. Tras esa noche, donde no quedó primero pero tampoco segundo y palmó 6 concejales y 115548 votos, apenas lo hemos vuelto a ver.

Según los medios de ultracentroderecha, el fracaso de Carmona fue culpa de la dirección soista, que lo ninguneó a favor del candidato a la comunidad impuesto a dedo, Ángel Gabilondo. Carmona era el fiel escudero del indeseable, a ojos de Ferraz, Tomás Gómez. Aunque se apresuró a ofrecerse para sustituirle horas después de su cese, no le sirvió para congraciarse con la ejecutiva de Pedro Sánchez.

Que tu paras un taxi en Madrid, ¿y quién te crees que va dentro?

Que tú paras un taxi en Madrid, ¿y quién te crees que va dentro?

Las mismas fuentes asegura que fue por orden de Sánchez que Carmona acabó apoyando a su casi tocaya Carmena, en lugar de asumir la alcaldía que le puso en bandeja Aguirre como era su deseo.

Entra dentro de lo posible. Pero la verdad es que suena extraño que el PSOE boicotee a su candidato a gobernar la capital de España por desavenencias personales. Si fuera ese el motivo, poco esfuerzo tenía que hacer Sánchez para forzar su dimisión tras sus nefastos resultados.

Tampoco parece tan evidente que fuera preciso bloquear su intención de ser alcalde desde Ferraz. Cierto que Carmona es un hombre del Régimen y no defiende políticas sistémicas diferentes a las del PP. Pero una cosa es el PP y otra Esperanza Aguirre. Y hasta un hombre con tan elevada consideración de sí mismo entiende que aceptar la alcaldía envenenada de Aguirre equivaldría a desaparecer de la agenda del votante progresista madrileño. Y total para qué, si está mejor donde está.

A primera vista parece que Antonio Miguel hace el papelón de otorgar la alcaldía a la misma banda populista a la que se dedicaba a aleccionar desde su elevado taburete de La Sexta Noche. Pero entre bambalinas ejerce un papel más determinante: imposibilitar, torpedear e impedir el gobierno de Ahora Madrid.

Que tu vas a miccionar a un baño público en Madrid, ¿y quién crees que lo vigila?

Que tu vas a miccionar a un baño público en Madrid, ¿y quién crees que lo vigila?

No hace falta ser profesor en una universidad del Opus para intuir que el apoyo del PSOE a candidaturas de las que forma parte su rival electoral más directo, Podemos, es tan leal como el abrazo del más leal de los osos. Los éxitos de esos ayuntamientos son sus fracasos futuros; su labor de sostén va encaminada a que no se anoten ninguno. Rivalidad o no rivalidad con la ejecutiva, el afán de figurar, la doblez, la hipocresía y el rencor de Carmona lo convierten en el ejecutor ideal de esta maniobra de apoyo y zancadilla.

No cayó en el ofrecimiento de Aguirre y logró evitar un tamayazo en la investidura de Manuela Carmena. Pero saltó cual perro de presa para ponerse el primero en la cacería que organizó la ultracentroderecha contra Ahora Madrid la misma tarde de la investidura: la de los ya archifamosos tuits del concejal Guillermo Zapata. El natural histriónico de Carmona vino que ni pintado para elevar la nimiedad al absurdo y solicitar, compungido pero contundente, la dimisión inmediata.

No es difícil imaginar que, si su apoyo transita así frente a las cámaras, cuando nadie mira trota aún más ligero. El PSOE se negará por sistema a las propuestas de Ahora Madrid que puedan impresionar favorablemente a los ciudadanos. Por ejemplo, la bajada de sueldo de los miembros del consistorio a la que se oponen con uñas y dientes a puerta cerrada y por lo bajini.

Lo más gracioso es que Ahora Madrid tampoco puede airear en público las conductas turbias de los socialistas. Gobernar en minoría les exige sostener un pacto de no agresión cordial que el PSOE —que tanto le da— puede saltarse cuando quiera.

La última muestra es la sobreactuación de Carmona contra la página Versión Oríginal desde la que el ayuntamiento piensa ofrecer información de primera mano a los rumores, las interpretaciones malintencionadas o invenciones directas de la prensa. Y digo el ayuntamiento porque la página puede emplearla cualquiera de los grupos políticos que lo componen, no exclusivamente Ahora Madrid. La prensa de ultracentroderecha y la ambidiestra de La Ser, La Sexta o El País —cada vez más indistinguibles—, no dudaron en calificar la nueva iniciativa como atentado contra la libertad de prensa, censura y chavismo. A Antonio Miguel le faltó tiempo para sumarse al runrún mediático y a Aguirre en su petición de retirada inmediata de la página.

Y es que Carmona está en una situación difícil. Tiene que alancear a Ahora Madrid a la mínima ocasión pero también cuidarse de no resbalar por las pendientes que dibuja la ultracentroderecha política y mediática. Es difícil calcular el porcentaje de ciudadanos que se echa a temblar ante el gesto estaliniano de abrir una página web informativa, y cuál se da perfecta cuenta de que es una chuminada exagerada hasta el absurdo por la derecha más cerril y por periodistas cuyo oficio alterna entre mentir y deformar la realidad.

En el equilibrio de contentar al conjunto, Carmona trata de mantenerse conciliador pero inflexible. Colaborador y a un tiempo representante de la sensatez setentayochista frente al descarriado equipo de gobierno de ultraizquierda. Al menos hasta que llega Esperanza, le despoja del pretendido traje de emperador ante las cámaras, y desvela que la tarde anterior han estado conspirando contra Carmena. Sólo que, minutos más tarde, llamó la alcaldesa para ofrecerle modificar la página, y Antonio Miguel prefirió desmarcarse de la primera traición a favor de la segunda.

Como especialista en el show bussines, Carmona pensó que era más rentable alejarse del radicalismo de Aguirre y presentarse como el fiel de la balanza y el político de talla mayor que reconduce el extremismo de Ahora Madrid dentro de los cauces de la democracia. Cosa que se lanzó a hacer, de plató en plató, en cuanto acordó con la alcaldesa que Versión Original no incluiría nombres de periodistas ni de medios.

Menos de un par de horas tardó en contradecirle la portavoz del ayuntamiento, Rita Maestre, asegurando que la página se iba a quedar como estaba. Antonio Miguel, ofendido en su hombría política, volvió a desfilar por las televisiones al día siguiente para declarar que a él nadie le toma el pelo y para amenazar con presentar una moción de retirada de la página como se pusieran farrucos. Todo para un par de días más tarde votar contra una moción similar presentada por Aguirre que sí apoyó Ciudadanos.

Una vez más, Carmona hace el ridículo ante el porcentaje de votantes de derechas que le maldicen por propiciar la alcaldía de Carmena, y ante el votante progresista que se lleva las manos a la cabeza cada vez que le ve picar en las argucias de la ultracentroderecha. Y es que su carácter populachero y superficial puede acabar por resultar contraproducente para su misión de hundir el equipo de gobierno que dice mantener a flote. Quién sabe si no acabará él mismo hecho pedazos en el intento de despedazar al enemigo.

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¿Qué es ser socialista?

A Pedro Sánchez le preguntaron por el referéndum de Grecia y transitó un instante interminable entre Pinto y Valdemoro antes de responder que no estaba en contra de que el pueblo griego votara pero que le parecía insólito que el gobierno griego propusiera votar No, porque eso supondría salir del euro. Es decir: de un lado aprobaba la convocatoria de Syriza. De otro se ponía del lado de Europa y su interpretación de que se trataba de decir Sí o No al euro.

Pedro Sánchez se aplaude a sí mismo tras el logro de conseguir vestir como el líder de Podemos.

Pedro Sánchez se aplaude a sí mismo tras el logro de conseguir vestir como el líder de Podemos.

Le sucede a menudo eso de posicionarse ni en un sitio ni en otro o en ambos a la vez. Casi tanto como adoptar posturas inamovibles de las que se apea al minuto siguiente. Y es que a Pedro se lo sacaron de la manga para impedir que llegara a secretario general Eduardo Madina. Seguro que pesó más su falta de definición que su firmeza de principios.

Qué marrón para el PSOE lo del referéndum de Grecia, lo de la Unión Europea con Grecia y, en fin, lo de Grecia. Sobre todo tras apropiarse con la boca pequeña de la victoria de Syriza en su ambigua noción de triunfo de la izquierda en un intento de borrar cualquier rastro de relación con su partido hermano Pasok. Pedro anduvo más listo que Rajoy y no viajó a Grecia a unir su suerte con la del candidato perdedor. Pero tras el referéndum, ¿qué puede decir Pedro? ¿Es de socialdemócratas negarse a seguir las imposiciones del FMI, la UE dirigida por halcones neocom y el BCE presidido por un pirata? ¿O los socialdemócratas deben ir con Syriza?

Beatriz Talegón, que saltó a la luz pública por reprochar a los prebostes de la Internacional Socialista haberse aburguesado y no posicionarse en cosas como las primaveras árabes —ignorando que los gobernantes a los que tumbaron pertenecían a la misma Internacional—, da una respuesta más contundente: abandona el partido. El Partido Popular, que denuncia la deriva radical del PSOE por cosas como apoyar la alcaldía de Manuela Carmena en Madrid en lugar de inmolarse en conjunto aliándose con Aguirre, presta menos atención a la cantidad de cuadros jóvenes que lo abandonan por lo contrario: no mantener posturas rotundas e inequívocamente socialistas.

Pero, ¿qué es ser socialista?, se preguntaba Pedro Sánchez, mientras apostaba tímidamente por el sí en el referéndum. Tuvo que salir al rescate Felipe González tras vencer el No mediante un artículo en El País. La postura socialista era estar con unos y con otros. Si hay que elegir equipo, se va con Europa, pero sin dejar de comprender que los populistas tienen sus razones. Al fin y al cabo el PSOE no comparte las políticas de austeridad.

Bien, Felipe, bien. Corramos un tupido velo sobre que fue el socialista Zapatero el que cortó la cinta de esas políticas en España. Que el propio Sánchez votó a favor de la reforma del artículo 135 de la Constitución. Que fue el partido hermano Pasok el que, tras falsificar las cuentas y endeudar el país hasta lo indecible puso en marcha el rodillo de la austeridad. Que Merkel gobierna en coalición con los socialdemócratas. Que entre ellos, los liberales y los conservadores se han cocinado el guiso neoliberal intragable del euro.

Las personas del fondo aplauden a Susana Díaz tras conseguir el logro de abrir los brazos más que cualquier presidente anterior de la Junta.

Los afiliados andaluces aplauden a Susana Díaz tras conseguir el logro de abrir nñas los brazos que cualquier presidente anterior de la Junta.

Porque, a ver: ¿qué es ser socialista? Susana Díaz prefiere apoyarse en un partido tatcherista antes que uno próximo a Syriza. Y hace bien dado que, ¿cuál es el modelo económico que defiende el PSOE? En tiempos del Pablo Iglesias original perseguían el fin del capitalismo y la socialización de la propiedad. Luego, en su encarnación moderna, se borró del marxismo y se abrazó al mercado libre y al capitalismo de rostro humano (efectivamente: a poco que lo pienses dos veces te das cuenta de que suena a la tontunada que suena). Como el PSOE tampoco ha sido nunca de mucho teorizar, aquello se tradujo en la defensa del modelo neoliberal de los conservadores pero de buen rollo. Los asuntos del dinero son aburridos: mejor dejarlos en manos de tecnócratas. Lo de los socialdemócratas va más por defender los derechos civiles, el ecologismo de boquilla, la cosa del arte y la cultura, y la libertad en abstracto. Con los trabajadores se está de palabra y de cartel pero luego ya se votan políticas que no hacen más que machacarles. Pero que no lo hacen con mala intención, ¿eh? Es sin darse cuenta.

En España apenas se tardó en desenmascararlos: llegaron al gobierno en 1982 y ya en fecha tan temprana como mayo del 2011 el populacho coreaba el eslogan, PSOE y PP la misma mierda es. Sólo que la mayoría absolutísima del Partido Popular que vino a continuación distorsionó la interpretación de los hechos. Los españoles parecían apelar al ultracentroderecha y a la tecnocracia. Quizá el desagradable eslogan lo compartieran sólo 4 o 4.000 perroflautas. 40000 todo lo más. Muchos de ellos sin derecho a voto. Rajoy llegó a tratarse a sí mismo de líder de la oposición ya investido presidente; tan incapaz era de diferenciar su discurso del entonces secretario general Alfredo Pérez Rubalcaba.

Sólo que el pulso de la calle era otro. Y encontró cómo encauzarse tras la aparición de Podemos, de la que es fruto directo Pedro Sánchez. Rubalcaba hizo un último servicio a la patria y posibilitó sin contratiempos la sucesión real antes de retirarse.

Pero, ¿acaso el PSOE es un partido monárquico?, se preguntaron los escasos simpatizantes y militantes que aún creían que el puño y la rosa y las siglas eran algo más que un truco de marketing. Naturalmente que no, respondió la ejecutiva: el PSOE es un partido juacarfelipista sin perder la esencia republicana. Felipe González, tras consultar el archivo de las citas de conveniencia, aclaró mejor el concepto: El PSOE es un partido accidentalista, como dejó escrito el Pablo Iglesias original.

Pedro Sánchez y señora se levantan el pulgar a sí mismos tras conseguir el logro de parecer políticos serios como Dios manda.

Pedro Sánchez y señora se levantan el pulgar a sí mismos tras conseguir el logro de parecer políticos serios como Dios manda.

Tal enseñanza quedó grabada en Sánchez. Accidentalmente, hizo sus primeras apariciones descorbatado, con la camisa por fuera y mochila juvenil, cual policía secreta enviado a espiar un círculo de Podemos. Sólo que, accidentalmente, mantenía el mismo argumentario que el PP contra los populistas, bolivarianos y radicales. Hasta el punto de asegurar, accidentalmente, que nunca pactaría con ellos. Cosa que accidentalmente hizo pocos meses más tarde. Como accidentalmente tuvo que salir poco después, en su presentación como candidato a la presidencia del gobierno, con chaqueta de señor serio y corbata, acompañado por su santa y con un banderón de España de fondo. ¿Pero el PSOE había asumido la rojigualda impuesta por el franquismo más allá del imperativo legal? Accidentalmente.

¿Qué es ser socialista?, se preguntaba, entre aplausos y ovaciones, Pedro Sánchez en aquel momento. ¿Acaso botar de accidente en accidente? Lo cierto es que si logró ser el único candidato y sin oposición interna fue casi de chiripa. La renovación y el liderazgo de Pedro han llevado al partido a perder 750.000 votos desde el anterior peor resultado histórico. En otras circunstancias, las facciones en liza en su seno se apresurarían a buscar un muñeco sustituto. Pero, a pesar del batacazo, el número de votos de los populistas les permitió recuperar el poder en varías ciudades y autonomías. Y, por encima de otros méritos, el secretario general que reparte poder siempre es el secretario general preferido.

¿Qué es ser socialista? Nos preguntamos ante una ilustración doble de Pedro, uno descamisado y desvocalizado, otro trajeado y con tratamiento de don. Aparte del federalismo vacío. Del republicanismo juancarfelipista. Del neoliberalismo socialdemócrata. De la condena desde la izquierda a los partidos de izquierdas. De la ambigüedad de preferir por aliado a un partido tacherista que uno que defiende políticas socialdemócratas. Del laicismo católico. De la obediencia a los halcones neocom europeos hasta en la firma del TTIP, qué es ser socialista. ¿Qué coño es hoy el PSOE?

Pues eso: un accidente.

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Pablo Casado y la política vacante.

La figura emergente del Partido Popular se llama Pablo Casado. El perillán parece una suerte de hermano menor de Albert Rivera, quien, recordemos, es la versión beta de Pedro Sánchez.  Les colocas una barba postiza, pones al frente a Santiago Abascal, y tienes a los Hermanos Dalton.

Cuestiones de telegenia y de encandilar ancianas aparte, de este Pablo aseguran que es un chico muy preparado. Tiene un currículum ejemplar, que incluye el paso por esas universidades americanas que, a razón de una millonada, te entrenan para líder político o agente de la CIA.

Sobrada preparación que vino a demostrar ante la plana mayor de su partido en su discurso del año 2009. Un speech —palabra que, más que seguro, emplea Casado— que versó sobre un tema de gran arraigo entre los populares: Somos los mejores: el resto son patéticos.

La novedad es que iba dirigido a los jóvenes españoles que aspiraban a ser tan guays como él. La izquierda va de moderna, troncos, pero lo que chuta es apuntarse al bando ganador. Es decir: a la derecha. Para ilustrarlo, y divertir a sus mayores, citó ejemplos como el mayo del 68 o Tiananmen.

Es harto discutible que lo sucedido en Tiananmen tenga algún punto de coincidencia con la historieta que repiten los periódicos que se tragaron la ejecución de un general norcoreano por dormirse en un desfile con un cañón antiaéreo. Lo seguro es que quienes se manifestaban contra el régimen eran tan comunistas como el régimen. Vamos, que Pablo no tiene ni puta idea de lo que habla.

El mayo del 68 —que Casado reduce a jóvenes que destrozaron las calles porque no tenían nada que hacer— fue una protesta estudiantil que evolucionó a una huelga general indefinida y a chocar con la policía. Se rebelaban, fundamentalmente, contra las condiciones de existencia, semejantes a las de un perro doméstico obligado a trabajar, en las que consiste todo el horizonte socialdemócrata. Cubiertas las necesidades básicas, concluían, era hora de convertir la vida cotidiana en juego, pasión y aventura. Demandas que, paradójicamente, acabaron sirviendo para el desarrollo de la sociedad de consumo. El deseo, la liberación sexual, el afán por sobrepasar los límites de la rutina, fueron integrados rápidamente en la sección juvenil de la antiquísima sociedad de mercado.

Casado, que conoce el 68 porque Sarkozy lo utilizó hace unos años como muñeco de pim-pam-pum electoral contra la izquierda, tal vez se hubiera abstenido de sacarlo a relucir de saber que el desencadenante del mayo francés fue la exigencia de colegios mayores mixtos por parte de los universitarios. No deja de ser arriesgado etiquetar de carcas a los del 68 delante de una banda de meapilas que piden pena de cárcel para las estudiantes que se manifiestan dentro de una capilla en sujetador.

A qué engañarse: aunque fuera doctorado en el mayo francés, no corregiría ni una coma. Como vamos viendo, a Pablo le importa una higa el contenido de su discurso o si guarda relación con la realidad. No son más que artimañas de marketing para halagar a sus superiores jerárquicos. De ganarse unas palmaditas en la espalda tras demostrar que las Nuevas Generaciones del PP no se rebelan contra sus mayores. Muy al contrario,  les ensalzan como políticos de vanguardia frente a la decrépita progresía.

Porque yo lo valgo.

Porque yo lo valgo.

De ahí que tampoco pueda considerarse que existiera ánimo de ofender cuando llamó carcas a los que se preocupan de buscar los restos de familiares asesinados por el ejército franquista. Sería igual que equiparar automáticamente las reverencias del lacayo con su disposición a dar la vida por su señor de darse el caso. Casado sólo pretendía hacer un guiño picarón al convencimiento íntimo —por antidemocrático— que comparten la mayoría de sus mayores: la derecha española fue pionera en percibir que los rojos abocaban al mundo al desastre; la que los escarmentó con treinta años de adelanto respecto al mayo del 68, y con nada menos que cincuenta respecto a la caída del Muro de Berlín y otros cantos de cisne de la fracasada y carca utopía izquierdista. Vamos que se reafirmó en lo mismo que viene reafirmándose la derecha española desde el 39: Franco fue un adelantado a su tiempo, que no hizo más que anticipar la sensatez que demostrarían después el señor Reagan, la señora Tatcher, los teóricos neoliberales que asesoraban a Pinochet y la Unión Europea como unidad de destino en lo universal. Lo de las fosas fue una argucia para cerrar el discurso con salva de aplausos, apretones de manos, abrazos y palmaditas en la espalda por parte de la cúpula del partido. No pretendía ofender. Fundamentalmente porque le importaba un carajo el contenido del discurso que acababa de pronunciar. Sólo era una forma de destacar entre el resto de trepas que aspiraban a ser algo en la empresa.

Para tanto currículum, se diría las aptitudes de Casado se asemejan bastante a las del Pequeño Nicolás: el atrevimiento ignorante y lenguaraz, la soberbia de los títulos de adorno, la conducta arrastrada y servil hacia la mano que otorga los cargos y reparte los sobres… Y es que este Pablo, liberal de los de trabajar un par de meses en la empresa privada —suponemos que de becario— y mamar 11 años del presupuesto público —generalmente en cargos electos a dedo—  la experiencia más demostrable que tiene es la de estar a disposición de José María Aznar tanto en sus deberes de expresidente como, valga la redundancia, en sus negocios privados. Curiosa paradoja que sirve para radiografiar la concepción liberal de ambos pájaros, que no se privan de utilizar los recursos del sufrido contribuyente en beneficio propio. Otro conservador con lo suyo y ultraliberal con lo de los demás. Otro aprendiz del oficio de intentar hacer pasar la realidad por su opuesto.

Desde su ascenso, Casado no ha hecho más que reafirmarse en estas condiciones de partida.

Defiende a su compañero imputado Maillo —forma pelotillera y sutil de defender a quien lo nombró— con el argumento de que el escrito del juez no le da como imputado aunque el juez lo ha llamado a declarar como imputado. Homenaje involuntario a Cospedal en su demostración de lo mucho que uno puede arrastrarse en la negación de lo evidente al servicio del partido.

También advierte del peligro que corre el PSOE en su deriva ultraizquierdista ejemplificándolo con la desaparición del PASOK griego por arrimarse a Siriza. Le importa cero que el hundimiento del PASOK se produjera por su coalición con el equivalente griego del Partido Popular. Como le importa cero exigir la dimisión del ultraconcejal Guillermo Zapata por su escarnio de las víctimas de una masacre tras escarnecer sin complejos a las víctimas de otra. Lo único que le importa es producir un argumentario que el incauto o el palurdo pueda repetir en la barra del bar: Que siga, que siga así el PSOE que mira lo que les pasó a sus amigos en Grecia por culpa de la Izquierda Radical. Maillo no tiene que dimitir porque Maillo no está imputado. Incautos y palurdos que, total, tampoco van a leer el auto del juez ni a buscar dónde queda Grecia en el mapa.

Pero tanto el incauto como el palurdo tendrán más difícil colar que el escarnio a las víctimas de la masacre franquista está sacado de contexto .

El contexto eres tú, Pablo. Y de dónde no hay, no se puede sacar.

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Grecia está más cerca de lo que parece.

Imagina que Córdoba quiebra. Que sus entidades bancarias y su equipo municipal pidieron créditos a lo loco falsificando las cuentas del municipio. Imagina que contribuyeron a esto tanto el gobierno español como las matrices de las entidades financieras que, viendo endeudarse a Córdoba como si tuviera el presupuesto de Madrid, hicieron la vista gorda porque, oye, el dinero fluía, todos estaban contentos y qué bonita es Córdoba.

Imagina que, hace cuatro años, los electores sustituyen al alcalde del PP por uno del PSOE que revela el engaño. La deuda es tan gigantesca que el gobierno de España tiene que intervenir para evitar la quiebra de la ciudad. La mejor solución que encuentran es concederles un megacrédito.

Alejandro Chiripas, alcalde de Córdoba y comunista de mucho cuidado.

Alejandro Chiripas, alcalde de Córdoba y comunista de mucho cuidado.

Obsérvese que el problema de partida es que Córdoba es insolvente. No es que en febrero gastara de más pero en marzo vaya a manar oro de sus fuentes. Es que no tiene forma de devolver lo que ya ha pedido.

Pero la lógica nunca fue un factor a tener en cuenta para el gobierno de España. Según lo entienden, el fallo es de orden moral. La solución es no darles un céntimo hasta que no demuestren propósito de enmienda. Tanto da si los vecinos de Córdoba desconocían que su ayuntamiento y sus élites estaban instaladas en el timo y la desvergüenza: verán reducirse sueldos, pensiones y servicios públicos, y pagarán impuestos y tasas sin cuento.

Pero, al poco, Córdoba está otra vez en quiebra. Resulta que, cuando te dan dinero y lo transfieres directamente a los acreedores, te quedas con la misma deuda más los intereses. Y como te han reventado el tejido económico a base de penitencias, tienes menos recursos para hacer frente a los pagos.

Para remediar la situación, se abunda en la misma medicina: otro megacrédito. Sólo que ahora se alivia a la banca de arriesgar su capital en circunstancias tan precarias. Las comunidades autónomas, solidariamente, se hacen cargo de rescatar a los cordobeses. Solidariamente pero a devolver y con interés, que todos somos hispanos pero no primos.

Pero, a pesar de que les sumas nuevas penitencias, al poco vuelven a estar igual. Qué digo igual: si cuando les concedieron el primer megacrédito, su deuda era del 140% de su PIB, tras la medicina y la penitencia supera el 180%. Lo único que se ha conseguido es hacer de Córdoba una ciudad tercermundista. Sólo que abarrotada de nazis.

Entretanto, la corporación municipal del PSOE cae tras aplicar sendos programas de recortes e intentar someter un tercero a referéndum. Presionados por el gobierno central, acuerdan dar el mando a un ex alto cargo del Banco de España. Tras repetir unas elecciones en las que ningún partido alcanza a formar gobierno, se alza con la victoria el candidato del PP, que promete renegociar las medidas de austeridad. Tras llegar a la alcaldía, se traga una tras otra las medicinas de austeridad prescritas, con el apoyo, responsabilidad ciudadana obliga, del PSOE. Hasta que en los siguientes comicios, los cordobeses optan por una coalición de izquierdas que se compromete a poner fin, esta vez sí, a las políticas de austeridad.

La Plaza de La Corredera, inundada de vagos y perroflautas que quieren vivir del cuento con el dinero de tus impuestos.

La Plaza de La Corredera, inundada de vagos y perroflautas que quieren vivir del cuento con el dinero de tus impuestos.

El gobierno central, ya sabes cómo es, hace correr la voz de que esta coalición pretende dejar de pagar sus deudas, abandonar la moneda común, acuñar dirhams, e independizarse de la Península Ibérica. Pero, si uno se fija en sus propuestas, la mayoría tratan sobre sustituir la moral por la lógica.

La coalición de izquierda sostiene, básicamente, que si las medidas de recorte han tumbado el 25% del PIB cordobés y acrecentado la deuda, lo mismo suavizándolas aumenta la producción y se reduce la deuda. Vamos que igual, si en vez de bajar salarios y pensiones casi a la mitad como se viene haciendo, se subieran un poco, puede que se reactive la actividad económica y, de rebote, que la gente vuelva a comer tres veces diarias.

También creen que, si el Banco de España respalda la deuda, los especuladores apostarán menos contra ella que si la respalda sólo la arruinada ciudad. Así se aliviarían los intereses que paga el ayuntamiento de Córdoba y hasta los de otras ciudades en situaciones difíciles.

Y ya, a modo de carta a los reyes magos, pretenden poner en marcha un mecanismo solidario mediante el que las regiones excedentarias del país transfieran parte de sus recursos a las deficitarias. Y no mediante créditos a bajo interés, no, sino por la patilla.

Propuestas que algunos juzgarán propias de radicales y comunistas pero que puede que tengan su lógica. Las regiones excedentarias producen cosas que las deficitarias no. A la larga, si aprietas a las deficitarias, dejarán de adquirir las cosas que producen las excedentarias y todo el sistema de circulación de bienes, capitales y servicios se vendrá abajo.

Claro que la coalición de izquierdas carece de fondos con los que financiar estos planes chupiguays. El consistorio se mantiene en un estado perpetuo de quiebra en diferido que va parcheando con las propinillas que le da el gobierno merced a su buen comportamiento. Más que los píes atados, los tienen dentro de bloques de cemento seco, bajo el agua, y encadenados con grilletes.

De ahí que traten de hacer frente a sus obligaciones inventando otros métodos. En lugar de recortar salarios, servicios públicos y pensiones y subir impuestos indirectos, quieren aumentar la cotización a las empresas con beneficios y a los cordobeses que mantienen rentas medianamente altas. En lugar del 3% de superavit en el presupuesto municipal antes de pagar deuda que exige el gobierno central como demostración de que se disciplinan, proponen mantener el 1% y dedicar el 2% restante a inversión pública para reactivar la economía.

Estas condiciones casi llega a aceptarlas el gobierno en un momento de flaqueza. Pero el Fondo Monetario Internacional interviene en su función de guardián de la ortodoxia. Los acuerdos son como las lentejas: acuerdas lo que te imponen, o mueres de hambre.

El Concejal de Economía y Hacienda, Llanos Barufaquen, escribiendo cosas comunistas de mucho cuidado.

El Concejal de Economía y Hacienda, Llanos Barufaquen, escribiendo cosas comunistas de mucho cuidado.

El edil de hacienda cordobés resuelve que, en tal caso, tiene que someter el acuerdo a la ratificación de los ciudadanos, que no les votaron para eso. Esto cae mal en el gobierno, que considera que el pueblo cordobés no está capacitado para entender los arcanos de la complicadísima doctrina neoliberal. Total que le expulsan educadamente de la negociación de una patada en el trasero, y le invitan a regresar cuando esté dispuesto a pasarse su programa por el forro y decir sí a todo, como hacen los políticos sensatos. Desde el segundo posterior, propagan que el referéndum no va de aceptar o no la medicina impuesta sino de abandonar la moneda común, España y el Universo.

En resumen, así andan las cosas por Córdoba. Puede que el sentido común, la lógica y la humanidad más elemental dicten que es mejor no abundar en tratamientos fracasados, y que basta de hacer pagar a los cordobeses las tropelías de sus gobernantes anteriores perpetuando sus sacrificios en la faena de pagar una deuda impagable. Para el peso que tiene Córdoba en el PIB nacional, podría perdonárseles parte de lo que deben sin mucho quebranto y comprobar si los métodos del nuevo consitorio les sacan del hoyo. Pero, ¿qué lección estarían dando?

Si los ciudadanos comienzan a emplear la lógica y exigen pruebas empíricas del contante, el montante y el porqué, lo mismo comienzan a desalojar a los neoliberales de los ayuntamientos, las autonomías y, horror, del gobierno de España. Y no. La magnitud de este sinsentido sólo puede mantenerse desde una óptica moral: los cordobeses, al ser medio moros, son vagos, festeros y tramposos. Viven a crédito. No es justo hacer pagar sus francachelas a los pobres pensionistas valencianos y a los honrados trabajadores aragoneses. Si están como están es por incumplir sus compromisos anteriores. Lo de comer un plato caliente cada tres días y ser atendidos por Médicos del Mundo sólo es una representación teatral para engatusar a los buenistas. En realidad se jubilan a los 35, duermen diez horas de siesta, y se tiran la noche entera de jarana. Para colmo, después de gobiernos demostradamente sensatos del PP y del PSOE, han votado a unos populistas irresponsables, radicales, chulos y macarras que, en apenas cinco meses, han quebrado la ciudad, y que ahora quieren responsabilizar de sus desmanes a los cordobeses por la vía del referéndum. Son malos y merecen un castigo. No hay más que hablar.

Y así todo. En Córdoba. En Andalucía. En España. En Grecia. En Europa. En el mundo. En el Universo.

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El lío de la nueva política.

Antes teníamos un partido Socialista y Obrero que no era ni una cosa ni la otra, y otro que se llamaba Popular y era el representante más puro de las élites. En otra división jugaba una Izquierda Unida cuya militancia ponía tanto empeño en competir en lo primero que volvía impracticable lo segundo. Por último surgió Unión, Progreso y Democracia. Sustantivos tan profundos y ambiguos que podían encarnar cualquier posición política; si se hubieran llamado Verdad, Participación y Respeto o Romanticismo, Tradición y Vanguardia nadie notaría la diferencia. Vamos que la cosa estaba clara.

Ahora aparecen dos partidos con cuyas siglas no hay quién se oriente: Ciudadanos y Podemos. El primero es el nombre genérico con el que se designa al total de los habitantes del estado-nación desde que proliferaron las repúblicas modernas, aunque vivan en monarquías parlamentarias y pueblos de siete habitantes. El segundo es un verbo que carece de significado desprovisto de complemento. Vale, Podemos. Pero Podemos, ¿qué? ¿Implantar el castroestalinismocoreadelnorteetaparacuelloschavismo? ¿Esa fila de setos?

Como tarde 10 minutos más el cambio, entro a pactar y no le espero.

Como se retrase 10 minutos más el cambio, entro a pactar y no le espero.

Poco intuimos de ellos por su nombre. Debemos fijarnos en su actuación. Antes de las elecciones, ambos se despachaban contra los otros partidos, tachándolos bien de casta, bien de vieja política. Pero tras convertirse en organizaciones necesarias para la formación de gobiernos, no les quedó más opción que arrejuntarse con quienes señalaban como enemigos.

Ciudadanos apoya el gobierno de Susana Díaz en Andalucía y el de Cristina Cifuentes en Madrid. En apariencia, no existen contradicciones entre su política de pactos y su indefinición ideológica, que rechaza la batalla entre rojos y azules. Sin embargo, esta política ha servido para prolongar un gobierno de 33 años ininterrumpidos en un caso y de 20 en otro. Cosa que nos haría dudar de su afán renovador si no estuviéramos ocupados dudando de su otro gran principio: luchar contra la corrupción. Amen de su longevidad, ambos gobiernos se distinguen por desarrollar incontables tramas corruptas y redes clientelares a manta. Pretender que dependen de individuos aislados, y que basta con que dimitan cuando los pillan para atajar la corrupción, es validar el argumento de que la caja B del Partido Popular no tiene nada que ver con el Partido Popular y la metafísica de que no existe la corrupción sino los corruptos que sostiene Esperanza Aguirre.

Además, ha maniobrado lo imposible para apoyar la presidencia del PSOE en la Generalitat de Valencia —y quedarse, ya de paso, con la alcaldía de la ciudad—. Cosa que sólo podían lograr con la colaboración de un PP autonómico y municipal en el que no se distingue donde termina el negocio familiar y comienza la banda mafiosa. Esta querencia por los partidos viejunos y corruptos la justifican en la necesidad de evitar que gobierne un partido nacionalista, independentista y pancatalanista como Compromís.

Es radicalmente falso que Compromís sea independentista y más falso aún que sea pancatalanista, pero cuela porque es otra organización cuyo nombre no significa nada sin complemento. ¿Compromís? ¿Con qué? ¿Con su señora? ¿Con romper España? ¿Con la paz mundial? Cabe cualquier cosa. En Ciudadanos calzan el independentismo y el pancatalanismo y se quedan tan anchos.

Exigiremos sus hijas vírgenes. Y gulags, muchos gulags. ¿Quemar iglesias? Bueno, quemar iglesias no, no sé que a alguien le dé por poner una "a" delante y la vayamos a cagar...

Exigiremos sus hijas vírgenes. Sustituir la asignatura de religión por la de marximo-leninismo. Y gulags, muchos gulags.

Si lo separamos de su ficción justificativa, la actitud no difiere gran cosa de la que mantiene en Andalucía y Madrid: bloquear cualquier fuerza de cambio y sostener el poder del bipartidismo en manos de sus franquicias más corruptas. A cambio, consiguen que les firmen unos papeles sobre cuyo valor podrían preguntarle a Izquierda Unida de Andalucía.

Por su parte, los muchachos de Podemos han sumado a su indefinición verbal el complemento dar gobiernos al PSOE. Aquí y acullá, los principales enemigos de La Casta servirán de flotador para su pata, menos que izquierda, ambidiestra. En apariencia, la misma bajada de pantalones que Ciudadanos. Pero existen matices.

De primeras, Podemos se asegura a cambio el apoyo de los socialistas a las candidaturas de unidad popular en las que participan en diferentes ciudades. De segundas, la alianza de Podemos con el PSOE sirve para derribar gobiernos en lugar de para apuntalarlos.

De donde se deduce que, más allá de consideraciones lingüísticas, el cambio que propone Ciudadanos es más de lo mismo con ellos de firmantes, y el que propone Podemos es la alternancia del otro partido de siempre, imponiéndole unas condiciones que tampoco está claro que vayan a cumplir.

A nosotros, la verdad, no nos parece ni bien ni mal. Preferíamos, eso sí, las normas clásicas. Los felices tiempos en que subir los impuestos era socialista cuando lo hacían los socialistas, pero bajarlos también era socialista si lo hacían los mismos. Se trataba prácticamente de la misma broma pero uno no tenía que estar todo el santo día pendiente para entender qué estaba pasando.

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La irreconciliación nacional.

La reconciliación nacional fue una cosa que inventaron los comunistas cuando la oposición al franquismo comenzó a brotar en las universidades. Es decir: entre los hijos de los vencedores de la guerra. No era plan de pedirles que degollaran a sus propios padres. Franco organizó su versión propia con el negocio conmemorativo de los 25 años de Paz en fecha tan conciliadora como 1964. Los españoles, de un lado y del otro, pasaban a ser grandes amigos, aunque los del otro debían permanecer amistosamente en la ilegalidad, la cárcel o el exilio.

El teniente-coronel Antonio Tejero durante la lectura de su ponencia sobre la reconciliación nacional ante el parlamento el 23 de febrero de 1981.

El teniente-coronel Antonio Tejero durante la lectura de su ponencia sobre la reconciliación nacional del 23 de febrero de 1981.

El espíritu conciliatorio se alargó hasta la Transición donde, excepto sectores minoritarios de ambos bandos, nadie deseaba llegar a las manos. Los unos no seguirían regodeándose en la Victoria —hecho fundacional que ya comentamos aquí— y los otros no se empeñarían en exigir cuentas con 40 años de retraso. Todos reconciliados y felices.

Pero pronto se cayeron las caretas de quienes pretendían destruir tan positivo avance: los nacionalistas/independentistas y la izquierda radical.

Los nacionalistas/independentistas se han mantenido casi inalterables bajo las siglas del PNV y diferentes encarnaciones de la izquierda abertzale en el País Vasco y Navarra, y las de CIU, ERC y algún que otro grupúsculo en Catalunya. Lo de la izquierda radical ha ido desplazándose del PSOE a IU y de IU al PSOE según las ventoleras de los diversos analistas de la derecha. Los socialistas, por ejemplo, fueron razonables cuando nos metieron en la OTAN o asumieron el programa político de Merkel, pero pasaron las líneas rojas del radicalismo cuando dejaron casarse a los gays o desenterrar a los enemigos de España que abonan nuestras cunetas. Los comunistas fueron razonables apoyando la monarquía y la Constitución, y radicales prácticamente todo el resto del tiempo. Lo que nos permite concluir que la filosofía de reconciliación nacional del PCE sucumbió a la franquista de los 25 Años de Paz. Es decir: España sólo puede estar conciliada mientras no vire a la izquierda, y mientras los nacionalistas/independentistas vean cegada cualquier aspiración real.

La aparición de nuevas fuerzas políticas tampoco parece haber hecho cambiar ese espíritu. La izquierda radical se ha encarnado en Podemos con tal potencia que sus antecesores del PCE-IU-PSOE han pasado a tener tanto peligro como un gato doméstico. Campeones de la reconciliación nacional como Esperanza Aguirre, Rafael Hernando o Rita Barberá se han apresurado a pedir un Frente Apopular y Antipopulista para frenar su ascenso al poder y nuestro descenso al desastre; por ejemplo, a que el ejército tenga que dar un golpe de estado y provoque otra guerra civil, acontecimientos que no suelen ser de mucha ayuda para la cosa de reconciliarse.

Las fuerzas y cuerpos de seguridad instruyendo en la reconciliación nacional a los españoles reticentes en los primeros meses de la Transción.

Las fuerzas y cuerpos de seguridad instruyendo en la reconciliación nacional a los españoles reticentes en los primeros meses de la Transción.

Ni que decir tiene que al Frente Apopular y Antipopulista no están invitados los nacionalistas/independentistas. Esta exclusión la comparte la antiquísima derecha que encarnan Vox y el Partido Popular, y la derecha centroemergente de Ciudadanos. Baste repasar sus ofrecimientos al PSOE en Valencia a condición de que impusiera un cordón sanitario alrededor de Compromís. Y eso que Compromís es un partido federalista que no tiene por objetivo la independencia y, mucho menos, encarna el fantasma del pancatalanismo que tanto les gusta agitar a las derechas.

Lo del Partido Popular y Vox viene de familia, pero lo de la nueva derecha moderna y europeista requiere análisis y hasta psicoanálisis. A pesar de llevar a gala su nulo interés en participar del combate entre rojos y azules, Ciudadanos asume como única forma de conciliación entre los diferentes pueblos de España la misma que Franco en el 39: España ni roja ni rota. La misma que celebró el Caudillo en el 64 para gritar ante el mundo que nuestra patria sólo podía aspirar a la paz mientras se mantuviera depurada de rojos y separatistas. La misma que esgrimieron los mandamases del Régimen en la Transición cuando se avinieron a dejar participar en el juego político a los nacionalistas/independentistas y a la izquierda radical, a condición de que se olvidaran de implantar el socialismo, el comunismo, el nacionalismo, el independentismo y cualquier otro ismo que no asumiera la jefatura hereditaria de Franco encarnada en el monarca y la unidad inquebrantable de España tanto en su geografía como en su administración.

No vaya a ser —que diría el ministro Montoro— que tenga que alzarse el ejército por culpa de los nacionalistas/independentistas y la izquierda radical, y se terminen los años de paz y reconciliación nacional cuya naturaleza más evidente son los cadáveres en las cunetas. No vaya a ser. ¿Lo tiene claro?

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El extraño y delirante viaje de Izquierda Unida en Madrid.

Hay partidos ridículos, como el del Obama gallego, sumamente ridículos, como Vox, y otros que sobrepasan los límites de lo grotesco, como Izquierda Unida en Madrid.

IUCM hizo primarias para nombrar sus candidatos al ayuntamiento y la asamblea de Madrid. Salieron elegidos Tania Sánchez Melero y Mauricio Valiente. Su propuesta consistía en concurrir a las elecciones en candidaturas de unidad popular. IUCM se las apañó para hacer dimitir a Sánchez y expulsar a Valiente. IUCM concurrió en solitario a las elecciones. Sacó cero concejales y cero diputados.

Ángel Pérez y Gregorio Gordo en los bellos tiempos en los que la inexistencia de una formación a tu izquierda te garantizaba unos cuantos cargos hicieras lo que hicieras.

Ángel Pérez y Gregorio Gordo en los bellos tiempos en los que la inexistencia de formaciones a tu izquierda te garantizaba unos cuantos cargos hicieras lo que hicieras.

¿Por qué actuó así IUCM? Pues, básicamente, tuvo la culpa una conspiración urdida desde Podemos que pretendía liquidar a la última herramienta de la clase trabajadora para entregarla, con armas y bagajes, a la derecha.

Ante esta situación, criaturas como Ángel Pérez destinaron a la defensa del trabajador la misma pasión con la que venían celebrando los goles desde el palco del Bernabeu. Bueno, Ángel Pérez directamente no: estaba expulsado del PCE y la dirección federal de IU exigía su dimisión. No era del todo presentable llevarlo de candidato. Pero este Lenin redivivo maniobró para promover a bolcheviques de su confianza, empezando por Raquel López de candidata a alcaldesa. Tal vez por la garantía que le otorgaba perder por 821 votos en primarias frente a Valiente.

Para el candidato a la asamblea, movió los hilos un señor que viste como si fuera del PSOE, habla como si fuera del PSOE, lo promociona y mima Prisa como si fuera del PSOE, que responde al nombre de Gaspar Llamazares. Sus estrategias como coordinador federal ya estuvieron a punto de borrar a IU del mapa. Lo cual, según el criterio general de la casa, le convertía el más cualificado para colocar a su amigo Luis García Montero.

Este Luis pertenece a esa clase de artistas que han hecho de su progresismo un negocio redondo. Encarna el estereotipo de izquierdista promovido desde las páginas de El País: bienpensante, lacrimógeno, espiritual. Elevado artista de repartirse premios de poesía en municipios y autonomías soistas con otros artistas del mismo jaez. Un estereotipo que ha terminado por devorar al ser humano, a juzgar por su campaña repleta de Miguel Ríos, Joaquín Sabina y otros beneficiarios de la misma tómbola viejuna que arrancó en la Transición.

A García Montero, suponemos que por poeta, lo impusieron a dedazo. A López debían ratificarla los militantes. Pero como la mitad eran infiltrados de Podemos empeñados en destruir IU, convocaron las urnas de un día para otro y midieron el número de votos a ojo. Tanto fue así que la dirección federal no aceptó la validez del resultado. Pero en la dirección federal está Alberto Garzón, otro infiltrado de Podemos, e IUCM no hizo el menor caso. Los militantes que restaban, ideológicamente puros, estaban orgullosos de su audacia; esos derechistas de Podemos se podían ir preparando.

Raquel López, una comunista que sabe que la ideología no consiste en lucir banderas.

Raquel López, una comunista que sabe que la ideología no consiste en lucir banderas.

Bien es verdad que existía una contradicción aparente entre defender la candidatura de Raquel López por comunista y al mismo tiempo pedir el voto para el anticomunista Luis García Montero, pero ¿qué es el marxismo sino contradicción y tensión de contrarios?

A estas alturas la parodia ya se les había ido de las manos. Pero fue a peor cuando altos cargos, tanto de IU como del PCE, apoyaron públicamente la candidatura de Ahora Madrid en lugar de la suya. Sobre todo porque, mientras tanto, el coordinador federal, Cayo Lara, tras de declarar nula la candidatura de Raquel, no tuvo mejor ocurrencia que apoyarla en campaña. Es decir: en lugar de desfederar una federación visible y tramposamente tomada por piratas —piratas comunistas pero piratas al fin y al cabo—, apoyó a los piratas y dejó en la estacada a los militantes que les combatían.

Claro que Cayo tenía buenas razones: Podemos había lanzado una OPA hostil contra su organización con el clarísimo fin de hacer desaparecer a la única fuerza de la izquierda y después virar a la derecha. Esa y un sinfín de excusas conspiranoicas más que alcanzaron las más altas cotas de ridículo cuando advirtió a Podemos que con ambigüedad no se ganan elecciones. Convencido, se conoce, de que se ganan con maniobras mafiosas, mentiras evidentes, razonamientos infantiles y chatarra folclórica. Lo sabe Lara por las muchas elecciones que ha ganado.

Pues bien: de seis a cero concejales en el ayuntamiento y de trece a cero diputados en la asamblea.

Mendigando el voto en pleno ataque de orgullo proletario.

Mendigando el voto en pleno ataque de orgullo proletario.

Resultados que, no podía ser de otra manera, llevaron a su candidata a realizar la preceptiva autocrítica: la culpa era del miserable de Alberto Garzón. Y, si no tenía la decencia de largarse de IU, ella misma pensaba mostrarle dónde estaba la puerta.

En las redes, los militantes acérrimos se adhirieron a Raquel, demostrando que su desorientación llega al punto de creer que IU tiene puerta. Así no es de extrañar que esgriman un discurso falsamente ideológico para encubrir una realidad económica: que los leninistas profundos Gordo, Pérez y Cia. han endeudado IUCM hasta límites incalculables para la clase obrera. Deudas imposibles de pagar si, en lugar de ir a las elecciones con sus amadas siglas, concurrían en candidaturas de unidad popular: los ingresos por número de votantes van a las candidaturas en sí y no a cada una de las organizaciones que las conforman. Igual que las licencias para montar tenderetes en las fiestas y otras fuentes de dineros no serían concedidas a IUCM sino a la candidatura de unidad popular resultante. Eso sin entrar a valorar el disfrute del carguito y del palco del Bernabeu.

Sobre ese pedestal se alza la conspiranoia de la OPA de Podemos para derechizar el parlamento, la soberbia de su candidata tras unos resultados como para esconderse en casa, los eslóganes vacíos y la chatarra fetichista. La base para una campaña cuyo resultado más patente ha sido desviar los votos con los que la izquierda hubiera sido la fuerza más votada tanto en la alcaldía como en la comunidad de Madrid. El mismo ridículo que Vox pero desde el otro lado del espejo.

Semana y media después, la dirección de IUCM dimitió tras saber que la federal se proponía desfederarles. Paso necesario para resultar creíbles para confluir con Podemos en las generales, estrategia a la que ahora se apunta el mismísimo Cayo Lara. Se diría que se enderezan pero tampoco conviene dejarse llevar por las apariencias: la dirección de IUCM dimite para evitar la expulsión in extremis y reservarse el as en la manga de colocar a personas de su cuerda en la futura dirección. De la misma manera que Lara despierta de la conspiranoia y descubre a Podemos como fuerza afín antes de que no le quede otra afinidad que la nada.

Los comunistas.

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